jueves, 2 de febrero de 2017

Y cuando abrí los ojos.



Y cuando abrí los ojos,
después de aquella idea,
encontré el mar pequeño,
el cielo bajo,
el mundo, un mueble.

Cuando abriste los ojos,
después de haberme amado,
era tu corazón un Universo,
con un mar grande, un cielo alto
y con las nubes de mis pensamientos.



Manuel Altolaguirre.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Anhelo.



No he nacido de mí. Estoy conmigo
y quiero desprenderme de mí mismo,
ser padre mío en un espejo:
en tu memoria o en tu sueño;
quedarme en los jardines de tu frente
reproducido, confiado, tuyo,
niño que juegue mientras yo trabaje;
estar contigo siempre y por la noche
volver por mí, por ti, cariño mío.



Manuel Altolaguirre.

martes, 31 de enero de 2017

Muerte a lo lejos.



Je soutenais l'éclat de la mort toute pure.

Valéry. 

Alguna vez me angustia una certeza,
Y ante mí se estremece mi futuro.
Acechándolo está de pronto un muro
Del arrabal final en que tropieza

La luz del campo. ¿Mas habrá tristeza
Si la desnuda el sol? No, no hay apuro
Todavía. Lo urgente es el maduro
Fruto. La mano ya lo descorteza.

...Y un día entre los días el más triste
Será. Tenderse deberá la mano
Sin afán. Y acatando el inminente

Poder diré sin lágrimas: embiste,
Justa fatalidad. El muro cano
Va a imponerme su ley, no su accidente.



Jorge Guillén.

lunes, 30 de enero de 2017

¿Por qué huyen todas las islas?. II.



No hay hombres que son islas, ni islas que son hombres
que de pronto se van a algún quehacer extraño
y dejan en el mar, el río o el estanque
la huella siempre fresca de lo que antes fueron.

No ser isla, contorno, el lugar donde estaba
aquel islote fértil, el promontorio esbelto
de un pedazo de tierra que fue un pequeño mundo.


Ernestina de Champourcín.

viernes, 27 de enero de 2017

El hambre.



Tened presente el hambre: recordad su pasado
turbio de capataces que pagaban en plomo.
Aquel jornal al precio de la sangre cobrado,
con yugos en el alma, con golpes en el lomo.

El hambre paseaba sus vacas exprimidas,
sus mujeres resecas, sus devoradas ubres,
sus ávidas quijadas, sus miserables vidas
frente a los comedores y los cuerpos salubres.

Los años de abundancia, la saciedad, la hartura
eran sólo de aquellos que se llamaban amos.
Para que venga el pan justo a la dentadura
del hambre de los pobres aquí estoy, aquí estamos.

Nosotros no podemos ser ellos, los de enfrente,
los que entienden la vida por un botín sangriento:
como los tiburones, voracidad y diente,
panteras deseosas de un mundo siempre hambriento.

Años del hambre han sido para el pobre sus años.
Sumaban para el otro su cantidad los panes.
Y el hambre alobadaba sus rapaces rebaños
de cuervos, de tenazas, de lobos, de alacranes.

Hambrientamente lucho yo, con todas mis brechas,
cicatrices y heridas, señales y recuerdos
del hambre, contra tantas barrigas satisfechas:
cerdos con un origen peor que el de los cerdos.

Por haber engordado tan baja y brutalmente,
más abajo de donde los cerdos se solazan,
seréis atravesados por esta gran corriente
de espigas que llamean, de puños que amenazan.

No habéis querido oír con orejas abiertas
el llanto de millones de niños jornaleros.
Ladrábais cuando el hambre llegaba a vuestras puertas
a pedir con la boca de los mismos luceros.

En cada casa, un odio como una higuera fosca,
como un tremante toro con los cuernos tremantes,
rompe por los tejados, os cerca y os embosca,
y os destruye a cornadas, perros agonizantes.



Miguel Hernández.

jueves, 26 de enero de 2017

Noche humana.



Distancias y cercanías
apretadas te rodean.

Eres el centro del mundo,
y brotan de tu ceguera
ejes de luto y espanto
hasta el borde del planeta.

Angustiosos tactos surcan
oscuridades y estrellas.
Te ciñen los horizontes
y durísimos te aprietan.

Una geografía insensible
-montes, ríos y praderas-
se duerme sin la luz única
que dentro de ti se encuentra.

No te duelen las montañas
ni los mares te atormentan.
Tu corazón da su sangre
a escaso trozo de tierra.



Manuel Altolaguirre.

miércoles, 25 de enero de 2017

Pregunta más allá.



¿Por qué pregunto dónde estás
si no estoy ciego,
si tú no estás ausente?

Si te veo
ir y venir,
a ti, a tu cuerpo alto
que se termina en voz,
como en humo la llama,
en el aire, impalpable.

Y te pregunto, sí,
y te pregunto de qué eres,
de quién;
y abres los brazos
y me enseñas
la alta imagen de ti
y me dices que mía.

Y te pregunto, siempre.

Pedro Salinas.

  Noche inicial Cerrada. Campo desnudo.  Sola la noche inerme.  El viento insinúa latidos sordos contra sus lienzos. La sombra a plomo ciñe ...