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Entradas

Viento de amor.

Por la cima del árbol iré
y le buscaré.

Por la cima del árbol he de ir,
por la cima del árbol has de venir,
por la cima de! árbol verde
donde nada y todo se pierde.

Por la cima del árbol iré
y te encontraré.

En la cima del árbol se va
a la ventura que aun no está,
en la cima del árbol se viene
de la dicha que ya se tiene.

Por la cima del árbol iré
y te cogeré.

El viento la cambia de color
como el afán cambia el amor,
y a la luz de viento y afán
hojas y amor vienen y van.

Por la cima del árbol iré
y te perderé.


Juan Ramón Jiménez.
y te perderé.
Entradas recientes

El tapiz persa.

Pasan tus ojos inquietos
por el tapiz oriental...
Signos de cábala, enigmas,
policromías... quizás
por el bosque de sus líneas
caminando, pensarás
que esas rayas que se cruzan,
y que vuelven, y se van,
y se rizan locamente,
las trazó tu pie al andar.

Tu pie, pobre pie de ciego
que no sabe a dónde va,
ni por qué es dura la tierra,
ni por qué tiene que andar...
Pie de ciego, que ha pintado
de carmín la blanca paz
del sendero, y consentido
su esperanza derramar
como un hilo verde, encima
del tapiz de la verdad.



José Moreno Villa.

Malva-Luna-de-Yelo.

Las floridas espaldas ya en la nieve,
y los cabellos de marfil al viento.
Agua muerta en la sien, el pensamiento
color halo de luna cuando llueve.

¡Oh qué clamor bajo del seno breve;
qué palma al aire el solitario aliento,
qué témpano cogido al firmamento,
el pie descalzo, que a morir se atreve!

¡Brazos de mar, en cruz, sobre la helada
bandeja de la noche; senos fríos,
de donde surte, yerta, la alborada;

oh piernas como dos celestes ríos,
Malva-luna-de-yelo, amortajada
bajo las mares de los ojos míos!


Rafael Alberti.

Ciudad del paraíso.

A mi ciudad de Málaga



Siempre te ven mis ojos, ciudad de mis días marinos.
Colgada del imponente monte, apenas detenida
en tu vertical caída a las ondas azules,
pareces reinar bajo el cielo, sobre las aguas,
intermedia en los aires, como si una mano dichosa
te hubiera retenido, un momento de gloria, antes de hundirte para siempre en las olas amantes.

Pero tú duras, nunca desciendes, y el mar suspira
o brama por ti, ciudad de mis días alegres,
ciudad madre y blanquísima donde viví y recuerdo,
angélica ciudad que, más alta que el mar, presides sus espumas.

Calles apenas, leves, musicales. Jardines
donde flores tropicales elevan sus juveniles palmas gruesas.
Palmas de luz que sobre las cabezas, aladas,
mecen el brillo de la brisa y suspenden
por un instante labios celestiales que cruzan
con destino a las islas remotísimas, mágicas,
que allá en el azul índigo, libertadas, navegan.

Allí también viví, allí, ciudad graciosa, ciudad honda.
Allí, donde los jóvenes resbalan sobre la piedra ama…

Miradas.

Ojos de puente los míos
por donde pasan las aguas
que van a dar al olvido.

Sobre mi frente de acero
mirando por las barandas
caminan mis pensamientos.

Mi nuca negra es el mar,
donde se pierden los ríos,
y mis sueños son las nubes
por y para las que vivo.

Ojos de puente los míos
por donde pasan las aguas
que van a dar al olvido.


Manuel Altolaguirre.

Centro del alma.

De ojos que ya nada ven
brotan lágrimas tan negras
que se olvidan de su oficio
de ser en la noche estrellas.

Dolor sin luz. Hoy el alma
se hunde más en sus tinieblas
porque la vida y la noche
-un mismo mar- hacen que ella
por su propio peso caiga
en oscuridad completa.

Ya su desnudo en la noche
nadie lo ve, que atraviesa
profundidades que sólo
a Dios, su centro, la acercan.

Hace tiempo que no miro sino
hacia adentro. Me llevan
por las calles lazarillos
que me toman y me dejan.

¡Ojalá tenga mi vida
luces, aunque no las vea!


Manuel Altolaguirre.

Fuera de mí.

Mi cuerpo hoy me parece
un recuerdo de mí.
No es mi memoria
la que vive en mi frente,
sino mi cuerpo entero
el que está arrinconado
en ella, entre las nubes,
esperando la muerte del olvido.
Yo ya soy más que yo.
Formé mi ambiente,
me envolví con mi alma,
abandoné la vida de los hombres.
Quiero olvidar mi cuerpo,
dormirlo en mí quisiera.
Sus sueños exteriores
inundarán mi espíritu.
Poblaciones extrañas,
dioses nuevos,
elementos distintos,
lo rodeen.
Voy dictando palabras
al que yo fui en el mundo,
al que cree contenerme
debajo de sus ojos,
al que estoy dominando,
ensombreciendo,
al que escribe esta historia.


Manuel Altolaguirre.