martes, 22 de febrero de 2022

 Todo.


Gracias doy a la vida por haberme nacido.
Gracias doy a la vida porque vi los árboles,
y los ríos y el mar.
Gracias en la bonanza y en la procela.
Gracias por el camino y por la verdad.
Gracias por la contradicción y por la lucha.
Gracias por aire y por cárcel.
Gracias por el asombro y por la obra.
Gracias por morir; gracias por perdurar.

Blas de Otero.

miércoles, 9 de febrero de 2022

 

    MARCA REGISTRADA


Las células amenazan el pensamiento
Amenazan el jardín endiosado
La mano donde empieza el mundo
Donde se escriben los acontecimientos
A través de la sangre de los sexos y los bosques

Los días se levantan retratando a los hijos
Y mueren en su esencia
Sin vacilar de frase
En la fecha exacta
Van y mueren por su suprema esencia

En sus nervios orgullosos
A flor de pensamiento
A flor de flor
A flor de sentimiento
A flor de tristeza

Todo es tiempo final
Como la selva que cree en los embrujos
Y se atormenta de rayos
Y grandes gotas hirvientes que caen como el cielo

Todo es tiempo sin fin
Como los arroyos en el sueño
Y el calor demasiado rápido
De las lágrimas huyendo
A través de las edades

Las células amenazan el pensamiento
Donde correspondía un paisaje afiebrado
Donde ya no hay frontera
Ni mano que escriba la última palabra.

Vicente Huidobro.

viernes, 4 de febrero de 2022

 

Ser solo, suelto, amo de todo y de nada.


Ser solo, suelto, amo de todo y de nada
-porque todo se toma y se deja si es libre-,
ser solo es ser lo más y lo menos del mundo.

El papel en que escribo,
o el lienzo donde armonizo colores,
son como cigarrillos de opio
que consumo para consumirme.
Sin otro fin.
No busco afirmar mi existencia.
Más bien persigo lo contrario.

Aquella mujer última que quise,
arrebató mi cuerpo.
Después de aquel combate,
vivo en las cosas sin notarme figura.

¿Qué destino dará estas manos, que sostuvieron
la bengala de la felicidad?

José Moreno Villa.

martes, 1 de febrero de 2022

 La vieja señora.



Si revolvéis la esquina
allí veréis la calle del Sacramento y otras.
Allá Puerta Cerrada y allá la suspendida plaza
-del Cordón, dicen-,
más bien la plaza quieta del silencio viejísimo,
y luego sombra y muros: pared, ojos que fueron.
Cuando la sombra espesa su dominio acentúa,
oiréis crujir las ruedas,
acaso las soberbias pezuñas de dos bayos.
Si os detenéis veréis pasar la sombra, la caja laqueada, el coche antiguo.
Es la vieja señora que desfila a más sombras.
Esos caballos tienen atalajes, y tiran,
y suenan yantas viejas de hierro, y ruedas altas.
El cochero y su fusta. Su alto sombrero, y noche.
Tres botones dorados difícilmente alumbran.
Mas, dentro de esa caja que en sus vidrios callose,
en la urna laqueada de cristales severos,
no hay sombra: un espesor cuajado. ¿Alguien respira?
Acaso es aire espesole lustros, de decenios,
quizá centurias. Pasa el coche y tras el vidrio, más oscuro, alguien vive.
Si pasa cerca y vese su fondo, algo es ligero;
el ojo que lo mira ve encajes, o un tejido
de negror silencioso que desde un cuello viértese.

Primero un humo estéril, inmóvil, no un cabello,
después el hueco triste de un rostro nunca sido,
y en seguida la sombra cayendo lentamente
como un luto sin día que ciegamente es noche.
Tras el vidrio lejano, lejana, lejanísima,
se ve una mano erguida muy próxima que alzara
unos cristales fríos para unos ojos mudos,
impertinentes áureos y gélidos que miden
distancias estelares entre unos rayos lívidos.

La sombra descolgada que erguida cae continua,
lo que imitara un cuerpo si el alentar sirviese,
desfila en estas calles, en su cajón ilustre,
en esas yantas crudas que horrísonas apartan.

En ese ojo viejísimo, ¿alguna vez pupila
mirose? En ese hueco tan mudo, ¿hubo una rosa
viviente? ¿Y si cayesen las sombras, desnudadas,
veríase a una niña saltar, estar, ser vida?

La vieja dama en noche metida ahora suscribe
más defunción, y en ella más sombras, más penumbras
terminan. O se acaban. El coche pasa y sigue.
Un ataúd enorme defila: entre sus tablas
-fantasma de un sonido que nunca justo fuese-
un gran montón de sombras finidas va a su fosa.

Vicente Aleixandre.

martes, 25 de enero de 2022

  Digo vivir.


Porque vivir se ha puesto al rojo vivo.
-Siempre la sangre, oh Dios, fue colorada.-
Digo vivir, vivir como si nada
hubiese de quedar de lo que escribo.

Porque escribir es viento fugitivo,
y publicar, columna arrinconada.
Digo vivir, vivir a pulso, airada-
mente morir, citar desde el estribo.

Vuelvo a la vida con mi muerte al hombro,
abominando cuanto he escrito: escombro
del hombre aquel que fui cuando callaba.

Ahora vuelvo a mi ser, torno a mi obra
más inmortal: aquella fiesta brava
del vivir y el morir. Lo demás sobra.

Blas de Otero.


viernes, 21 de enero de 2022

Hombre.


Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando a Dios.
Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.

Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte despierto.
Y, noche a noche, no sé cuándo oirás mi voz.
Oh Dios. Estoy hablando solo.
Arañando sombras para verte.

Alzo la mano, y tú me la cercenas.
Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.

Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
Ser -y no ser- eternos, fugitivos.
¡Ángel con grandes alas de cadenas!

Blas de Otero.

miércoles, 19 de enero de 2022

La tormenta.


¿Víspera? Colmo torpe
se resquebraja.
Van en busca de otro mar
embates de rebotes
de bronce en bronces.
Lívidos, gritos lanza
a los seres el espacio.
Presiente sus límites perdidos.

¡Tinieblas en acecho,
cárdeno sobresalto,
choques! Choques de pasmos
deslumbran a unos cielos
fugados que se huyen.
¡Y se arrojan instantes
atónitos de mármoles
mártires de las lumbres!

Una luz resucita
desnudos.
Silbos sesgos arrebatan lo cierto.
¿Víspera? ¡Viva, viva!


Jorge Guillén.

  Noche inicial Cerrada. Campo desnudo.  Sola la noche inerme.  El viento insinúa latidos sordos contra sus lienzos. La sombra a plomo ciñe ...