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viernes, 23 de septiembre de 2022

 Destierro

Noche del alma.


Es la noche sin fin, la desvelada
noche, que con sus filos de cuchilla
implacable recorta en amarilla
muerte, nuestra silueta enajenada.

Vivir, cuando vivir no vale nada,
equivale a sembrar, con la semilla
infecunda, el dolor, que tanto humilla;
de una existencia rota y postergada.

Y el insomnio repite inexorable
el paso de la vida irrevocable,
que, sin dejarse de sentir, se aleja.

¿Dónde nos llevará, tan sin camino,
tan juguete irrisorio del destino,
nuestra razón destartalada y vieja?



Juan José Domenchina.

viernes, 14 de enero de 2022

 


Mañana será Dios.


Esta yacija, donde se desploma
noche a noche el despojo de mí mismo
no es cauce para el sueño, sino abismo
Al que mi angustia de caer se soma.

La sábana, que cubre y que no toma
la forma de mi cuerpo, en su mutismo,
sin un pliegue de amor, dice lo mismo
que mi despego y en el mismo idioma.

...Mañana será Dios, y su porfía
sacudirá, violenta, al mal dormido
con su irrupción de polvo o nuevo día.

Aquí no hay alta noche, y, tras la hora
más oscura de un cielo descendido,
se enciende el sol, de pronto, sin aurora.

Juan José Domenchina.

lunes, 6 de mayo de 2019

Perfecto para la muerte.


Sí, perfecto; recreado
en perpetuas soledades.
¡Llanura!: cinco verdades,
las del estigmatizado,
llagas vivas, en tu fuero
de altiplanicie señero,
viven de mirar lo inerte,
de oír y oler lo indistinto,
gustando y palpando instinto.
Perfecto, para la muerte.

Juan José Domenchina.

miércoles, 6 de junio de 2018

Tarde.


Mejor que tú, pensamiento,
este olvido de enramada
donde todo vive en nada:
hoja al sol, pájaro al viento.
De azul de luz sin cimiento,
¡qué cúpula!
Maravilla de ingravidez amarilla.
Mejor, pensamiento, el río;
donde apenas moja el frío
de su límite la orilla.


Juan José Domenchina.

lunes, 26 de marzo de 2018

Y se alegra el viento frío.


Y se alegra el viento frío.
Noche de Navacerrada,
abierta sobre el camino.
Que no diga el corazón
jamás su corazonada…
Súbita y equivocada
voz de sangre, extravasada
en un vuelco de pasión.
Que no diga el corazón
jamás su corazonada…
Con la obsesión del deseo,
se me ciñe lo macizo
y apremiante de su cuerpo.
Pero tú, serrano esquivo,
no vas a abarraganarte
en las faldas de un hocino.
No tengo nada que darte,
nada que valga la pena.
Me quitaron la alegría
y he perdido mi tristeza.


Juan José Domenchina.

martes, 20 de marzo de 2018

Vándalo augusto.



Al fin, yo soy lo que mi ser abstracto,
de espectro múltiple y veraz, proyecta.
Concéntrico el fervor, la vida recta,
nada me mueve sino el dulce pacto.

Divina forma y aprehensión del acto
que encarna el verbo: furia de mi secta.
La vida inmune, virgen, está infecta.
El alma viva de mi carne es tacto.

Ascético rencor, turbios regímenes,
mística farsa de la pura frente:
sean de amor y de verdad mis crímenes.

No estanque, sino cima de torrente.
Vándalo augusto de floridos hímenes.
Doma de eternidad es el presente.


Juan José Domenchina.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Siesta de junio.



El agua de la alberca
acorda su rumor.

De la chicharra terca
se escucha el estridor.

Un abejorro acerca
su pertinaz hervor.

Con otro gallo alterca
un gallo reñidor.

Rezuman sombra, cerca,
dos árboles en flor.


Juan José Domenchina.

jueves, 6 de julio de 2017

El fervor.



Como en la piel de Rusia -¡es extraño!-,
el latido del abedul -acorde de olor- y en el gemido
la lágrima y el lúpulo en el oro fluido de la cerveza,
en todo me encuentro estremecido.

Mi corporeidad -mínima y acicular- es apta.
Su tensión esotérica a la adiaforia capta,
a la emoción impulsa y al entusiasmo rapta.

Soy penumbra, ebriedad de sol, senda, abditorio,
montículo de sombra, cumbre, reclinatorio,
rémora y acicate. ¿Verdad?
Contradictorio.

Y omnipresente. En todo palpito.
Mis huidas moléculas perforan la vida, estremecidas...
Mi ubicuidad, empero, no alcanza a las mentidas
verdades, ni hasta el útero de las hembras vendidas.



Juan José Domenchina.

viernes, 4 de noviembre de 2016

viernes, 4 de diciembre de 2015

El desenlace.






Por una tarde de mi ayer, dorada,
de luz caliente y de tostada arena,
me voy. Y vuelvo a ser hombre sin pena,
y no vida a remolque y abrumada.

Esta tarde es el fin de mi jornada
-harto lo sé-, y el aire se me llena de luz.
Llevo mi muerte con serena unción
sobre la carne sosegada.

Libre del todo estoy, porque ya nada
al mundo de los hombres me encadena.
Y lo único que tengo, la mirada lúcida,
de mis ojos se enajena.

Por una tarde fiel, resucitada para mí muerte,
en fin, me voy sin pena...



Juan José Domenchina.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Allí.






ALLÍ los campos yermos y el sol:
la paramera radiante que imponía su enjuta servidumbre.
Acá, los amarillos hirsutos de la era;
el pan hecho de angustia, sudor, polvo y costumbre.
Y, al fondo, calcinado lugar, la chamicera,
tizón de los voraces rigores de la lumbre.
¿Qué ráfaga de inquinas alzó la tolvanera
que aún desdibuja el limpio diseño de la cumbre?
Allí fue, sin nostálgica pasión, la vida entera:
viril orgullo, recto sentido, reciedumbre,
¡temple! Toda la vida de un ser que, aún ayer,
era cabal, impostergable, y hoy, roto en muchedumbre,
se acarra, cual rebaño, bajo la solanera.



Juan José Domenchina.

martes, 29 de septiembre de 2015

La luna.





LA luna está -¡tan límpida y tan honda!-
en un cielo pasmoso.
Resplandece atenta a su misión y no parece
más que hermosura hermética y redonda.
Descuella en el azul, radiante y blonda.
Su alto pudor sin nubes se guarece
en la sonrisa a medio hacer que ofrece
su rictus agridulce de Gioconda.
¡Limpio recato en plenitud!
La fronda trepa a su castidad intacta,
crece, noche arriba, temiendo que se esconda
tras una nube…
Pero permanece a toda luz y desvelada, monda,
con la desnudez pura que merece.



Juan José Domenchina.

miércoles, 22 de julio de 2015

Tarde.






Mejor que tú, pensamiento,
este olvido de enramada
donde todo vive en nada:
hoja al sol, pájaro al viento.
De azul de luz sin cimiento,
¡qué cúpula! Maravilla
de ingravidez amarilla.
Mejor, pensamiento, el río;
donde apenas moja el frío
de su límite la orilla.



Juan José Domenchina.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Mi otoño reverdece. Mi pradera.





VERDE y estremecida primavera.
La savia busca luz y es un vagido
de vida. Viento verde, verde nido,
verde sonoridad, verde pradera,
verde silencio verde, verde espera. 
Todo tiene un vivir recién nacido
y está como de un sueño suspendido.
Esperemos - callad - a que Dios quiera
que nos llegue la vida verdadera
de su sazón y todo su sentido. 
Ved: ya se escurre el sol por la ladera.
Ya pronto será abril lo prometido.
(Mi otoño reverdece y salen fuera
los renuevos del árbol prohibido).


Juan José Domenchina.

lunes, 2 de febrero de 2015

Mujer. Palabra rubia.







Mujer. 
Palabra rubia, de miel. 
Vaso de oro.
Persistencia monótona, de lluvia.
Silencio puro. 
Balbucir sonoro.
Mármol o bronce. 
Simulacro.
Corporeidad rotunda. 
Lanza de emoción. 
Fuego sacro.
Cumbre de todos los instintos. 
Danza.
Médula de lo ignoto. 
Áurea vedija incoercible. 
Vientre de los nombres.
Arca de la eternidad. 
Hija del Hombre. 
Madre de los hombres.


Juan José Domenchina.

lunes, 26 de enero de 2015

Eres tan estupendamente hermosa.




Eres tan estupendamente hermosa
que el pasmo que suscitas
quiebra en añicos las palabras
y suspende el aliento.
Al mirarte -que es más que desearte-, 
se siente más que furia,
más que amor inmediato.
Todo hirsuto y tirante, 
en galope de fiebre y de delirio, 
el hombre va hacia ti para anegarse
en tu sangre que abrasa
y en tu alma, que quema.
No, no eres, no, unas ingles y unos senos
que piden amorosas caricias 
lentas a lo largo de la noche…
Exiges -porque estás al rojo vivo
bajo tu pérfida blancura estallante- 
la vida toda del hombre que te llega
sangrientamente a las entrañas.


Juan José Domenchina.

miércoles, 14 de enero de 2015

Donde yo llego acaso tu voluntad.




Donde yo llego acaso tu voluntad no alcanza. 
Espero: no me cruzo de brazos en mi cruz.
Porque conozco el nombre - quizá - de tu esperanza,
aguardo en las tinieblas el orto de la luz.
Me estoy, sin consentirme, sobre mi sentimiento,
que no es comunicable, corriente ni efusivo. 
No sé, ni quiero, henchirme de hirsutos anatemas…
Para llorar me sobra con mi conocimiento.
Para sufrir me basta sentirme firme y vivo.
Para gritar… silencios y angustias, mis poemas…



Juan José Domenchina.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Es la noche sin fin...







Es la noche sin fin, la desvelada noche, 
que con sus filos de cuchilla
implacable recorta en amarilla
muerte nuestra silueta enajenada.

Vivir, cuando vivir no vale nada,
equivale a sembrar, con la semilla
infecunda, el dolor, que tanto humilla,
de una existencia rota y postergada.

Y el insomnio repite inexorable
el paso de la vida irrevocable,
que, sin dejarse de sentir, se aleja.

¿Dónde nos llevará, tan sin camino,
tan juguete irrisorio del destino,
nuestra razón destartalada y vieja?



Juan José Domenchina.

miércoles, 2 de julio de 2014

Aquel sosiego.



¡Aquel sosiego! ¡
Todo sin premura
y libre en sus quietudes del cuidado
y del afán; el cuerpo bien hallado
y el alma, ya radiante de ventura,

suspensa en sí y meciéndose en la altura
de un momento de gloria bien logrado!
Así viví ese instante, ya pasado,
que me prendió en la luz de su hermosura.

¡Aquel sosiego!
Un punto que fulgura en mi existir 
brumoso y abrumado.

Lo demás es delirio, calentura,
dolor, fatiga, amor, horror, forzado
contender, y este huelgo, sin holgura,
con que respiro el aire que he aspirado.



Juan José Domenchina.

martes, 11 de marzo de 2014

En los almendros precoces.




En los almendros precoces
un candoroso aleluya.
 Los tomillos tienen flor
Y olor de niña desnuda.
 Sólo los chopos más verdes
huelen a verdes de luna.
 Los vericuetos del monte
suben y quieren que suba.
 Como las vides, mi agraz
Siente promesas de azúcar.
 Los tomillos tienen flor
Y olor a niña desnuda.
 Sólo los chopos más verdes
Huelen a verdes de luna.


Juan José Domenchina.


11-M
No os olvidamos.



  Noche inicial Cerrada. Campo desnudo.  Sola la noche inerme.  El viento insinúa latidos sordos contra sus lienzos. La sombra a plomo ciñe ...