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viernes, 29 de julio de 2016

Rima LXXV.



¿Será verdad que cuando toca el sueño
con sus dedos de rosa nuestros ojos
de la cárcel que habita huye el espíritu
en vuelo presuroso?

¿Será verdad que, huésped de las nieblas
de la brisa nocturna al tenue soplo,
alado sube a la región vacía
a encontrarse con otros?

¿Y allí, desnudo de la humana forma;
allí, los lazos terrenales rotos,
breves horas habita de la idea
el mundo silencioso?

¿Y ríe y llora, y aborrece y ama,
y guarda un rastro del dolor y el gozo,
semejante al que deja cuando cruza
el cielo un meteoro?

¡Yo no sé si ese mundo de visiones
vive fuera o va dentro de nosotros;
pero sé que conozco a muchas gentes
a quienes no conozco!


Gustavo Adolfo Bécquer.

viernes, 21 de marzo de 2014

Rima XXVII Duerme.




  Despierta, tiemblo al mirarte; 
dormida, me atrevo a verte; 
por eso, alma de mi alma, 
yo velo mientras tú duermes.

  Despierta, ríes, y al reír tus labios 
    inquietos me parecen 
relámpagos de grana que serpean 
    sobre un cielo de nieve.

  Dormida, los extremos de tu boca 
    pliega sonrisa leve, 
suave como el rastro luminoso 
    que deja un sol que muere. 
  ¡Duerme!

  Despierta, miras y al mirar tus ojos 
    húmedos resplandecen 
como la onda azul en cuya cresta 
    chispeando el sol hiere.

  Al través de tus párpados, dormida, 
    tranquilo fulgor vierten, 
cual derrama de luz, templado rayo, 
    lámpara transparente. 
   ¡Duerme!

  Despierta, hablas y al hablar vibrantes 
    tus palabras parecen 
lluvia de perlas que en dorada copa 
    se derrama a torrentes.

  Dormida, en el murmullo de tu aliento 
    acompasado y tenue, 
escucho yo un poema que mi alma 
    enamorada entiende. 
¡Duerme!

  Sobre el corazón la mano 
me he puesto porque no suene 
su latido y de la noche 
turbe la calma solemne.

  De tu balcón las persianas 
cerré ya porque no entre 
el resplandor enojoso 
de la aurora y te despierte. 
¡Duerme!

Gustavo Adolfo Bécquer.

jueves, 26 de septiembre de 2013

LXXXI. Apoyando mi frente calurosa.


Apoyando mi frente calurosa
En el frío cristal de la ventana,
En el silencio de la oscura noche
De su balcón mis ojos no apartaba.
En medio de la sombra misteriosa
Su vidriera lucía iluminada,
Dejando que mi vista penetrase
En el puro santuario de su estancia.
Pálido como el mármol el semblante;
La blonda cabellera destrenzada,
Acariciando sus sedosas ondas,
Sus hombros de alabastro y su garganta,
Mis ojos la veían, y mis ojos
Al verla tan hermosa, se turbaban.
Mirábase al espejo; dulcemente
Sonreía a su bella imagen lánguida,
Y sus mudas lisonjas al espejo
Con un beso dulcísimo pagaba...
Mas la luz se apagó; la visión pura
Desvanecióse como sombra vana,
Y dormido quedé, dándome celos
El cristal que su boca acariciara.

Gustavo Adolfo Bécquer.

lunes, 5 de agosto de 2013

Si copia tu frente.


Si copia tu frente
Del río cercano la pura corriente
Y miras tu rostro del amor encendido,
Soy yo, que me escondo
Del agua en el fondo
Y, loco de amores, a amar te convido;
Soy yo, que, en tu pecho buscada morada,
Envío a tus ojos mi ardiente mirada,
Mi blanca divina...
Y el fuego que siento la faz te ilumina.

Si en medio del valle
En tardo se trueca tu amor animado,
Vacila tu planta, se pliega tu talle...
Soy yo, dueño amado,
Que, en no vistos lazos
De amor anhelante, te estrecho en mis brazos;
Soy yo quien te teje la alfombra florida
Que vuelve a tu cuerpo la fuerza de la vida;
Soy yo, que te sigo
En alas del viento soñando contigo.

Si estando en tu lecho
Escuchas acaso celeste armonía
Que llena de goces tu cándido pecho,
Soy yo, vida mía...
Soy yo, que levanto
Al cielo tranquilo mi férvido canto;
Soy yo, que, los aires cruzando ligero
Por un ignorado, movible sendero,
Ansioso de calma,
Sediento de amores, penetro en tu alma.


Gustavo Adolfo Bécquer.

martes, 16 de julio de 2013

Rima 79 (XII). Porque son, niña, tus ojos


Porque son, niña, tus ojos
Verdes como el mar, te quejas;
Verdes los tienen las náyades,
Verdes los tuvo Minerva,
Y verdes son las pupilas
De las hourís del Profeta.

El verde es gala y ornato
Del bosque en la primavera;
Entre sus siete colores
Brillante el Iris lo ostenta,
Las esmeraldas son verdes;
Verde el color del que espera,
Y las ondas del océano
Y el laurel de los poetas.

Es tu mejilla temprana
Rosa de escarcha cubierta,
En que el carmín de los pétalos
Se ve al través de las perlas.

Y sin embargo,
Sé que te quejas
Porque tus ojos
Crees que la afean,
Pues no lo creas.

Que parecen sus pupilas
Húmedas, verdes e inquietas,
Tempranas hojas de almendro
Que al soplo del aire tiemblan.

Es tu boca de rubíes
Purpúrea granada abierta
Que en el estío convida
A apagar la sed con ella,

Y sin embargo,
Sé que te quejas
Porque tus ojos
Crees que la afean,
Pues no lo creas.

Que parecen, si enojada
Tus pupilas centellean,
Las olas del mar que rompen
En las cantábricas peñas.

Es tu frente que corona,
Crespo el oro en ancha trenza,
Nevada cumbre en que el día
Su postrera luz refleja.

Y sin embargo,
Sé que te quejas
Porque tus ojos
Crees que la afean:
Pues no lo creas.

Que entre las rubias pestañas,
Junto a las sienes semejan
Broches de esmeralda y oro
Que un blanco armiño sujetan.

Porque son, niña, tus ojos
Verdes como el mar te quejas;
Quizás, si negros o azules
Se tornasen, lo sintieras.








miércoles, 22 de mayo de 2013


RIMA IX 


Besa el aura que gime blandamente 
las leves ondas que jugando riza; 
el sol besa a la nube en occidente 
y de púrpura y oro la matiza; 
la llama en derredor del tronco ardiente 
por besar a otra llama se desliza; 
y hasta el sauce, inclinándose a su peso, 
al río que le besa, vuelve un beso.


Gustavo Adolfo Bécquer.

martes, 2 de abril de 2013


XVII


Yo sé cuál el objeto
de tus suspiros es.
Yo conozco la causa de tu dulce
secreta languidez.

¿Te ríes...? Algún día
sabrás, niña, por qué:
Tú acaso lo sospechas,
y yo lo sé.

Yo sé cuándo tú sueñas,
y lo que en sueños ves;
como en un libro puedo lo que callas
en tu frente leer.

¿Te ríes...? Algún día
sabrás, niña, por qué:
Tú acaso lo sospechas
y yo lo sé.

Yo sé por qué sonríes
y lloras a la vez.
Yo penetro en los senos misteriosos
de tu alma de mujer.

¿Te ríes...? Algún día
sabrás, niña, por qué:
mientras tú sientes mucho y nada sabes,
yo que no siento ya, todo lo sé.


Gustavo Adolfo Bécquer.

lunes, 1 de abril de 2013

XI


Yo sé un himno gigante y extraño
que anuncia en la noche del alma una aurora,
y estas páginas son de ese himno
cadencias que el aire dilata en las sombras.

Yo quisiera escribirle, del hombre
domando el rebelde mezquino idioma,
con palabras que fuesen a un tiempo
suspiros y risas, colores y notas.

Pero en vano es luchar; que no hay cifra
capaz de encerrarle, y apenas ¡oh! ¡hermosa!
si teniendo en mis manos las tuyas
pudiera al oído cantártelo a solas.

lunes, 25 de marzo de 2013


LV


Entre el discorde estruendo de la orgía
acarició mi oído
como nota de música lejana,
el eco de un suspiro.
El eco de un suspiro que conozco,
formado de un aliento que he bebido,
perfume de una flor que oculta crece
en un claustro sombrío.
Mi adorada de un día, cariñosa,
-¿En qué piensas? me dijo:
-En nada... -En nada ¿y lloras? - Es que tengo
alegre la tristeza y triste el vino.


Gustavo Adolfo Bécquer.

lunes, 14 de enero de 2013

LXV


Cruza callada y son sus movimientos
silenciosa armonía:
suenan sus pasos y al sonar recuerdan
del himno alado la cadencia rítmica.

Los ojos entreabre, aquellos ojos
tan claros como el día,
y la tierra y el cielo, cuanto abarcan,
arden con nueva luz en sus pupilas.

Ríe, y su carcajada tiene notas
del agua fugitiva:
llora, y es cada lágrima un poema
de ternura infinita.

Ella tiene la luz, tiene el perfume
el color y la línea,
la forma engendradora de deseos,
la expresión, fuente eterna de poesía.

¿Que es estúpida? ¡Bah! Mientras callando
guarde oscuro el enigma,
siempre valdrá lo que yo creo que calla
más que lo que cualquiera otra me diga.



Gustavo Adolfo Bécquer.

viernes, 11 de enero de 2013


X


Como en un libro abierto
leo de tus pupilas en el fondo.
¿A qué fingir el labio
risas que se desmienten con los ojos?
¡Llora! No te avergüences
de confesar que me quisiste un poco.
¡Llora! Nadie nos mira.
Ya ves; yo soy un hombre... y también lloro.


Gustavo Adolfo Becquer.

jueves, 10 de enero de 2013


XXVI


Tú eras el huracán y yo la alta
torre que desafía su poder:
¡tenías que estrellarte o que abatirme!
¡No podía ser!

Tú eras el océano y yo la enhiesta
roca que firme aguarda su vaivén:
¡tenías que romperte o que arrancarme!
¡No podía ser!

Hermosa tú, yo altivo: acostumbrados
uno a arrollar, el otro a no ceder:
la senda estrecha, inevitable el choque...
¡No podía ser!


Gustavo Adolfo Becquer.

martes, 18 de septiembre de 2012

Libro de los gorrionesXI


Yo sé un himno gigante y extraño
que anuncia en la noche del alma una aurora,
y estas páginas son de ese himno
cadencias que el aire dilata en las sombras.

Yo quisiera escribirle, del hombre
domando el rebelde mezquino idioma,
con palabras que fuesen a un tiempo
suspiros y risas, colores y notas.

Pero en vano es luchar; que no hay cifra
capaz de encerrarle, y apenas ¡oh! ¡hermosa!
si teniendo en mis manos las tuyas
pudiera al oído cantártelo a solas.


Gustavo Adolfo Becquer.



viernes, 16 de marzo de 2012


XXXIX

No digáis que agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira;
podrá no haber poetas;
pero siempre habrá poesía.

Mientras las ondas de la luz al beso
palpiten encendidas,
mientras el sol las desgarradas nubes
de fuego y oro vista,

mientras el aire en su regazo lleve
perfumes y armonías,
mientras haya en el mundo primavera,
¡habrá poesía!

Mientras la ciencia a descubrir no alcance
las fuentes de la vida,
y en el mar o en el cielo haya un abismo
que al cálculo resista,

mientras la humanidad siempre avanzando
no sepa a dó camina,
mientras haya un misterio para el hombre,
¡habrá poesía!

Mientras se sienta que se ríe el alma,
sin que los labios rían;
mientras se llore, sin que el llanto acuda
a nublar la pupila;

mientras el corazón y la cabeza
batallando prosigan;
mientras haya esperanzas y recuerdos,
¡habrá poesía!

Mientras haya unos ojos que reflejen
los ojos que los miran,
mientras responda el labio suspirando
al labio que suspira,

mientras sentirse puedan en un beso
dos almas confundidas,
mientras exista una mujer hermosa
¡habrá poesía!
¿A qué me lo decís? Lo sé: es mudable,
es altanera y vana y caprichosa;
antes que el sentimiento de su alma,
brotará el agua de la estéril roca.

jueves, 15 de marzo de 2012

XXXI

Cuando en la noche te envuelven
las alas de tul del sueño
y tus tendidas pestañas
semejan arcos de ébano,
por escuchar los latidos
de tu corazón inquieto
y reclinar tu dormida
cabeza sobre mi pecho,
¡diera, alma mía,
cuanto poseo,
la luz, el aire
y el pensamiento!

Cuando se clavan tus ojos
en un invisible objeto
y tus labios ilumina
de una sonrisa el reflejo,
por leer sobre tu frente
el callado pensamiento
que pasa como la nube
del mar sobre el ancho espejo,
¡diera, alma mía,
cuanto deseo,
la fama, el oro,
la gloria, el genio!

Cuando enmudece tu lengua
y se apresura tu aliento,
y tus mejillas se encienden
y entornas tus ojos negros,
por ver entre sus pestañas
brillar con húmedo fuego
la ardiente chispa que brota
del volcán de los deseos,
diera, alma mía,
por cuanto espero,
la fe, el espíritu,
la tierra, el cielo. 


Gustavo Adolfo Becquer.

viernes, 17 de febrero de 2012

Libro de los gorriones

XXXI

Cuando en la noche te envuelven
las alas de tul del sueño
y tus tendidas pestañas
semejan arcos de ébano,
por escuchar los latidos
de tu corazón inquieto
y reclinar tu dormida
cabeza sobre mi pecho,
¡diera, alma mía,
cuanto poseo,
la luz, el aire
y el pensamiento!

Cuando se clavan tus ojos
en un invisible objeto
y tus labios ilumina
de una sonrisa el reflejo,
por leer sobre tu frente
el callado pensamiento
que pasa como la nube
del mar sobre el ancho espejo,
¡diera, alma mía,
cuanto deseo,
la fama, el oro,
la gloria, el genio!

Cuando enmudece tu lengua
y se apresura tu aliento,
y tus mejillas se encienden
y entornas tus ojos negros,
por ver entre sus pestañas
brillar con húmedo fuego
la ardiente chispa que brota
del volcán de los deseos,
diera, alma mía,
por cuanto espero,
la fe, el espíritu,
la tierra, el cielo.


Gustavo Adolfo Becquer

  Noche inicial Cerrada. Campo desnudo.  Sola la noche inerme.  El viento insinúa latidos sordos contra sus lienzos. La sombra a plomo ciñe ...