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jueves, 25 de octubre de 2018

La lluvia.


La cintura no es rosa.
No es ave.
No son plumas.
La cintura es la lluvia,
fragilidad, gemido que a ti se entrega.
Ciñe, mortal, tú con tu brazo
un agua dulce, queja de amor.
Estrecha, estréchala.
Toda la lluvia un junco parece.
¡Cómo ondula, si hay viento,
si hay tu brazo, mortal que, hoy sí, la adoras!

Vicente Aleixandre.

viernes, 8 de mayo de 2015

La lluvia.







Ha enmudecido el campo, presintiendo la lluvia. 
Reaparece en la tierra su primer abandono. 
La alegría del cielo se desconsuela a veces, 
sobre un pastor sediento. 
Cuando la lluvia llama se remueven los muertos. 
La tierra se hace un hoyo removido, oloroso. 
Los árboles exhalan su último olor profundo dispuestos a morirse. 
Bajo la lluvia adquiere la voz de los relojes 
la gravedad, la angustia de la postrera hora. 
Reviven las heridas visibles 
y las otras que sangran hacia dentro. 
Todo se hace entrañable, reconcentrado, íntimo. 
Como bajo el subsuelo, bajo el signo lluvioso. 
Todo, todo parece desear ahora la paz definitiva. 
Llueve como una sangre transparente, hechizada. 
Me siento traspasado por la humedad del suelo 
Que habrá de sujetarme para siempre a la sombra, 
para siempre a la lluvia. 
El cielo se desangra pausadamente herido. 
El verde intensifica la penumbra en las hojas. 
Los troncos y los muertos se oscurecen aún más 
por la pasión del agua. 
Y retoñan las cartas viejas en los rincones 
que olvido bajo el sol. Los besos de anteayer, 
las maderas más viejas y resecas, 
los muertos retoñan cuando llueve. 
Bodegas, pozos, almas, saben a más hundidos. 
Inundas, casi sepultados, mis sentimientos, 
tú, que, brumosa, inmóvil pareces el fantasma de tu fotografía. 
Música de la lluvia, de la muerte, del sueño.
Todos los animales, fatídicos, se inclinan debajo de las gotas. 
Suena en las hojas secas igual que en las esquinas, 
suena en el mar la lluvia como en un imposible. 
Suena dentro del surco como en un vientre seco, seco, sordo, baldío. 
Suena en las hondonadas en los barrancos: 
suena como una pasión íntima suicidada o ahogada. 
Suena como las balas penetrando la carne, como el llanto de todos. 
Redoblan sus tambores, tañe su flauta lenta, 
su lagrimosa lengua que lame tercamente. 
Y siempre suena como sobre los ataúdes, 
los dolores, la nada.

Miguel Hernández.

martes, 4 de septiembre de 2012


La lluvia


Cae la lluvia suavemente
con un susurro tierno y claro,
y el corazón se va durmiendo
por el rumor acompañado.

La lluvia trae muchas cosas
que ya teníamos olvidadas:
viejos jardines a lo lejos
desde balcones de la infancia.

Antiguas voces que se fueron,
músicas lentas y remotas
y unos instantes de amor pleno
bajo otra lluvia melancólica.

Llueve en ventanas y azoteas,
sobre los árboles y el campo;
llueve también sobre mis penas
y los recuerdos más lejanos.

Es bendición sobre la tierra,
amor de Dios en la campiña.
La lluvia es una compañera
que da ternuras infinitas.

Brillan las hojas, y en el aire
hay una pálida dulzura.
Llueve en el mundo. Llueve, llueve.
Cae la caricia de la lluvia.

Se oyen dianas de otros tiempos,
pregones cálidos de antaño,
canciones de mujeres muertas,
lento mugir de toros bravos.

Acordeones en el puerto,
tristes sirenas de navíos
y cascabeles en el alba
por carreteras con rocío.

Cae la lluvia suavemente
y la memoria se despierta
y largamente se respira
el lento efluvio de la tierra.

Y hay naranjales en los ojos
y un ancho mar junto a las manos
y una tranquila soledad
en un paisaje ilimitado.

Risas amigas acompañan
sin ruido al alma que está muda.
Como una bella enamorada
llega a mí, trémula, la lluvia.


José María Souvirón.

  Noche inicial Cerrada. Campo desnudo.  Sola la noche inerme.  El viento insinúa latidos sordos contra sus lienzos. La sombra a plomo ciñe ...