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miércoles, 4 de abril de 2018

Nisus.



Este noble deleite de sudar y esforzarme
para luego morir, sin querer recompensa...
Ebrio de dinamismo, no me disperso nunca.
Mi vida es simple y lineal.

He donado mis tierras; he quemado mis ropas.
Con mi mandil de cuero, en mi gruta, en mi fragua
martillando en el yunque, junto a una fresca fuente
puedo a mi gusto jadear.

Soy más casto que el gneis. Agonizó la Amada.
Un enjambre de avispas acribilló sus senos
como manzanas núbiles. Me libré del castigo
del Sexo estúpido y cruel.

Desprecio las contiendas de Ahrimán y de Ormuz
y los considerandos del Gran Juicio Final,
las leyes del Areópago y de la soldadesca
y los Dioses borrosos...

Le he arrancado ya todos los denominadores
a la ecuación del mundo. Idéntico y sencillo
en mi labor penosa de terco Demiurgo
encuentro mi finalidad.

Contra el tremendo espanto de presumir los noúmenos
golpeo los fenómenos, machaco la apariencia;
cada diástole mía es una gran plegaria
de rebeldía y voluntad.


Mauricio Bacarisse.

viernes, 28 de agosto de 2015

Las máximas de Epicteto.






Besa la niebla de las madrugadas
de mis balcones el cristal;
solfea el reló cinco campanadas
como un arpegio digital.

¡Silencio matinal! Nada me turbe
salvo el ronco rodar de un coche
o un alegre cantar de gallos de urbe
dando extremaunción a la noche.

Leo en sartas de letras pequeñitas,
con ambiente callado y quieto,
por mi buen bisabuelo manuscritas
máximas del viejo Epicteto.

¡Marcha el sirio filósofo estoico
sobre sabia huella socrática!
Quiere su crátera en mi incendio heroico
verter la prudencia pragmática.

Ama mi carne el premio de los goces.
Ansía besos y riquezas.
¡Epicteto no ha de mellar las hoces
que emplear quiero en mis proezas!

Me detendré por la concha y la flor
y dejaré partir la nave.
No ha llegado a asustarme el dolor
ni a tentarme la vida suave,

y harto de dar saltos y piruetas
de saltimbanqui silogístico
iré a buscar las verdades secretas
en un mar violento y artístico,

y así me adueñaré del Universo,
sin podres teorías físicas;
así abrirán los dedos de mi verso
las rosas metafísicas.

Quiero raptar a la Helena troica
chorreando sangre melpoménica,
y enseñar a la escuela estoica
mi dolor de tragedia helénica.

El huir del Sufrir es ser cobarde.
¡Apréndelo, Prudencia mágica!
El Manual de Epicteto llega tarde.
¡Amo la vida recia y trágica!

En daguerreotipos y en miniaturas
se ríen mis antepasados
de que lea sus viejas escrituras:
¡Aventureros y desventurados!

A mi abuelo le brilla la capona
sobre casaca sanjuanista,
y su negra perilla desentona
sobre el corbatín de batista.

Vosotros, por la noche en vuestra alcoba
este amarillo libro que abro
escribisteis en mesas de caoba
a la luz de algún candelabro.

Pero nunca os domasteis a la horma
de la renunciación dogmática.
La aurora que nacía os dio la norma
de la gran existencia dramática.

Suenan los conventuales esquilones
y me dicen palideciendo
-Hasta mañana- las constelaciones.
El día nace sonriendo...

Borra el alba la noche alarmante,
como quien corrige una errata,
y en el cielo cabecea el menguante
como una góndola de plata.



Mauricio Bacarisse.

martes, 28 de julio de 2015

Bebedor de ajenjo.






Si siempre estoy ensayando
mi sonrisa amarga y triste,
es porque estoy esperando
a una mujer que no existe.

Víctima del desencanto
sufro martirios letales;
por eso adoro yo tanto
mis dichas artificiales.

Paraísos artificiales
que huyen del ruido y del sol...
¡Mis rimas son inmortales,
pues son hijas del alcohol!

Soy mísero y decadente;
en mi alma el Hastío muerde.
Por eso adora mi mente
los sueños del licor verde.

Licor venenoso y triste
que como un suave beleño,
un grato perfume diste
al cadáver de mi ensueño.

Licor que tiene el matiz
de unos ojos que yo amé,
y del tinte del tapiz
en que danzó Salomé.

-Ojos glaucos y perversos
que asesinasteis mi vida,
y le disteis a mis versos
fragancia de flor podrida.-

Turbio ajenjo sibilino
que tienes el sabor fuerte;
que harás de mi desatino
vestíbulo de la Muerte.

Cómplice de la locura,
mis hojas muertas no arranques,
licor que todo lo cura,
licor de color de estanques...

Si siempre estoy ensayando
mi sonrisa amarga y triste,
es porque estoy esperando
a una mujer que no existe.



Mauricio Bacarisse.

miércoles, 4 de marzo de 2015

El Príncipe Sainete.







Es soberano de la alegría,
de amores viejos, de galanía;
tiene de diablos un zaguanete
y cuando pasa cual leve brisa
todos le obsequian con franca risa
porque es el Príncipe Don Sainete.

Es una sombra que nos recuerda
galante vida que no fue cuerda
y que evocamos las almas solas
en abanicos de pastorelas,
en los retratos de las abuelas
y en las figuras de las consolas.

En borbotones de risa fresca
viste su grácil Musa diablesca
con la mantilla, con los caireles
y con la falda de medio paso,
y ambos le ponen a su Pegaso
una collera de cascabeles.

Es el que rinde marquesas locas;
muerde las fresas de bellas bocas
de las devotas de las Salesas;
todas le quieren, todas le admiran
y sonrientes todas le miran
desde los tronos de sus calesas.

Es Don Sainete prócer burlesco
y aunque muy noble, muy picaresco.
Desprecia el tedio, reta a la Muerte;
en su manteo siempre embozado,
Goya sublime le ha retratado
entre las sombras de un aguafuerte.

Cosas vulgares, cosas grotescas,
muecas estultas y pierrotescas,
que son las flores de tu tablado...
Con tus escenas hemos reído;
lo que tú dices lo hemos vivido;
lo que tú lloras lo hemos llorado.

Tu egregio padre fue Don Ramón
de la Cruz, genio que en su canción
puso desgaires y desparpajos,
y en sus escenas, sin par galanas,
cantó los ojos de las villanas
y las hazañas de nuestros majos.

Tu carcajada bella y jocunda
todo lo invade, todo lo inunda;
la vida seria te importa un bledo.
Tú siempre hieres, siempre desgarras;
has heredado las antiparras
que hace tres siglos usó Quevedo.

Tu agudo ingenio la vida traza
de nuestra sangre, de nuestra raza,
de nuestra pobre gloria perdida;
es el talento que se interesa
en el desnudo de una duquesa
como en los frescos de la Florida.

Eres la España frívola y loca
que con piropos siempre en la boca
-pero sin ansias de Prometeo-
iba a la zaga de las manolas
mientras volaban las Carmañolas
del otro lado del Pirineo.

Y con los jácaros, con los chisperos
tomaste todos los derroteros
en que dejamos nuestros tesoros;
mas conservando grata alegría,
siempre gozaba y en Dios creía
el feliz pueblo de pan y toros.

Y era aquel pueblo rudo y valiente;
eran leones de ardor latente
aunque fingían galán desmayo;
resucitaron glorias guerreras
y se batieron como unas fieras
en la jornada del Dos de Mayo...

Cosas vulgares, cosas grotescas,
muecas estultas y pierrotescas
que son la flores de tu tablado...
Con tus escenas hemos reído;
lo que tú dices lo hemos vivido;
lo que tú lloras lo hemos llorado.

Las existencias ya desfloradas
mueven a llanto o a risotadas;
a nuestra pobre gloria perdida
la mordaz burla siempre acomete.
Más que tragedia siempre es sainete
ese sainete de nuestra vida.



Mauricio Bacarisse.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Princesa.




Tiene su pelo raros destellos
cuando de noche sueña en los bancos;
es la que tiene los ojos bellos;
es la que tiene los dientes blancos.

Es juglaresa de las aldeas;
sus danzas cínicas son turbadoras;
tiene el encanto de las napeas
cuando el sol bruñe sus crenchas moras.

Es la que canta las barcarolas
y de las rondas saca dinero;
es la que baila las farandolas
al son latino de su pandero.

Es la morena que jocoseria
mira la vida como una injuria;
es la princesa de la Miseria;
es la princesa de la Lujuria.

Tiene un perfume sublime y raro
su piel de raso tostada y blonda;
tiene los ojos de un verde claro,
de un verde claro color de fronda.

La más hambrienta de las hermosas
huele a un aroma de cien jardines;
en vez de hebillas, lleva dos rosas,
dos frescas rosas en los chapines.

Es mi gitana fiel y divina;
es mi pantera, mi defensora;
la que mis males siempre adivina,
es mi sultana y es mi señora.

Es la más bella de las mujeres;
es la que cura mis sinsabores;
es la princesa de mis placeres;
es la princesa de mis dolores.

Pero es la esclava de mis antojos...
Tiene por lechos quicios y bancos.
Es la que tiene bellos los ojos;
es la que tiene los dientes blancos.



Mauricio Bacarisse.

viernes, 10 de enero de 2014

La doncella raptada.



Va a la grupa la doncella
sobre un corcel de oro y plata,
entre el alhelí y el plomo
del cielo y el campo en calma.
Va a la grupa la doncella
aunque ella sola cabalga.
Su rubia llama de pelo
ha de encender la borrasca
cuando se desasosiegue
la tarde en paz, gris y cárdena.
Aleteos del abril
asustan a la hoja plácida
y afilan sus acicates
en la hora desenfrenada
para hundirlos en la prisa
de las nubosas ijadas.
Por los llanos va el corcel,
con luces de oro y de plata,
y, en la grupa, la doncella
que en las tormentas se escapa.
El campo la ve correr
con su miopía entornada.
Un amor de río gentil
se criba entre las pestañas
de los chopos espigados,
y el verde mirar del agua
no sabe descifrar quién
es el raptor que la rapta.
Nadie se ve en la montura.
La niña va arrebatada.
Alhelíes de centellas
de olientes tormentas cárdenas
no aclararán la visión
de la llanura obcecada.
La tarde es perla siniestra;
el corcel es de oro y plata.
Como un eco del galope
se oye un trote de tronada.
No hará visible al galán
la encendida catarata.
Va a la grupa la doncella
aunque ella sola cabalga.

Mauricio Bacarisse.

  Noche inicial Cerrada. Campo desnudo.  Sola la noche inerme.  El viento insinúa latidos sordos contra sus lienzos. La sombra a plomo ciñe ...