
1
Alto es el trigal;
dorada la espiga
cerca de la mar.
Alta es la montaña.
Cerca de las nieves
más abajo es el trigo,
la espiga más verde.
Floreciendo está
arriba y abajo
la carne del pan.
¡Pronto, pronto, segador:
levántate y siega,
que más lucen los trigos
sobre las eras!
2
Ya se acerca el sol.
La espiga madura
se inclina a su ardor.
¡Corten las cuchillas
sus dorados tallos
antes que las aguas
descubran sus granos!
¡Ya viene el sudor!
¡Ya brilla en la frente
del buen labrador!
¡Pronto, pronto, segador,
levántate y siega,
que más lucen los trigos
sobre las eras!
3
¡Que las segadoras
corten más deprisa
el trigo en su aurora!
¡Ya anuncian las parvas
la buena cosecha!
El trigo en montones
cantan por las eras.
Pronto, a recogerlo,
que el campo es peligroso
para el trigo seco.
¡Pronto, pronto segador,
levántate y siega
más lucirán los trigos
sobre las eras!
4
Cante el labrador.
Cante al mediodía
cuando quema el sol.
Cante a la alborada
el trigo en rocío.
Cante a media noche
el trigal dormido.
Cante el labrador
y encienda el trabajo
la flor del sudor.
¡Pronto, pronto segador,
levántate y siega
que más lucen los trigos
sobre las eras!
5
Entre las alambradas
florece el trigo.
-Preso el trigo está:
¿quién lo salvará?
-Como un mar, madre,
como el mar se mece
entre las alambradas
que mal lo prenden.
-Quién sembró la tierra
lejos de ella está.
-¡Corran las espigas
por irlo a buscar!
-Ay, madre, las espigas
¡cómo me duelen!
que entre espinas y llantos
sus granos crecen.
-Quién sembró la tierra
lejos de mi cuerpo-
-Ay, madre, entre alambradas
los trigos presos.
-Quién sembró mi cuerpo
lejos y en la guerra.
¡Cómo cerdean los trigos
sobre las eras!
-Madura el trigo solo,
yo abandonada.
(Sobre el trigo y mi cuerpo
las nubes altas).
Entre las alambradas
florece el trigo.
-Preso el trigo está:
¿quién lo salvará?
-A segar voy, madre,
las azucenas.
A segar las espigas
de mi tristeza.
-A segar voy, madre,
la blanca espiga.
(Lo que el amante siempre
coge la niña.)
-A la guerra se marchan
mis pensamientos,
pero quedan mis brazos
junto a mi pecho.
-Madre, mis azucenas
tengo cuajadas.
(Lo que el amante deja
la niña halla.)
-A segar voy, amante,
lo que tú siembras.
(Sobre los montes altos
el cañón suena.)
Entre las alambradas
florece el trigo...
Preso el trigo está:
¿quién lo salvará?
Emilio Prados.



