viernes, 8 de junio de 2012


El muerto

Aquel que ha sentido una vez en sus manos temblar la alegría
no podrá morir nunca.

Yo lo veo muy claro en mi noche completa.
Me costó muchos siglos de muerte poder comprenderlo,
muchos siglos de olvido y de sombra constante,
muchos siglos de darle mi cuerpo extinguido
a la hierba que encima de mí balancea su fresca verdura.
Ahora el aire, allá arriba, más alto que el suelo que pisan los vivos,
será azul. Temblará estremecido, rompiéndose,
desgarrado su vidrio oloroso por claras campanas,
por el curvo volar de los gorriones,
por las flores doradas y blancas de esencias frutales.
(Yo una vez hice un ramo con ellas.
Puede ser que después arrojara las flores al agua,
puede ser que le diera las flores a un niño pequeño,
que llenara de flores alguna cabeza que ya no recuerdo,
que a mi madre llevara las flores:
yo quería poner primavera en sus manos.)

¡Será ya primavera allá arriba!
Pero yo que he sentido una vez en mis manos temblar la alegría
no podré morir nunca.
Pero yo que he tocado una vez las agudas agujas del pino
no podré morir nunca.
Morirán los que nunca jamás sorprendieron
aquel vago pasar de la loca alegría.
Pero yo que he tenido su tibia hermosura en mis manos
no podré morir nunca.

Aunque muera mi cuerpo, y no quede memoria de mí.


De "Alegría" 1947

jueves, 7 de junio de 2012


Ir y quedarse, y con quedar partirse...


Ir y quedarse, y con quedar partirse,
partir sin alma y ir con alma ajena,
oír la dulce voz de una sirena
y no poder del árbol desasirse;

arder como la vela y consumirse
haciendo torres sobre tierna arena;
caer de un cielo, y ser demonio en pena,
y de serlo jamás arrepentirse;

hablar entre las mudas soledades,
pedir pues resta sobre fe paciencia,
y lo que es temporal llamar eterno;

creer sospechas y negar verdades,
es lo que llaman en el mundo ausencia,
fuego en el alma, y en la vida infierno.



Félix Lope de Vega.

martes, 5 de junio de 2012


Gacela del Recuerdo del Amor 


No te lleves tu recuerdo.

Déjalo solo en mi pecho,

temblor de blanco cerezo

en el martirio de enero.

Me separa de los muertos

un muro de malos sueños.

Doy pena de lirio fresco

para un corazón de yeso.

Toda la noche en el huerto

mis ojos, como dos perros.

Toda la noche, corriendo

los membrillos de veneno.

Algunas veces el viento

es un tulipán de miedo,

es un tulipán enfermo,

la madrugada de invierno.

Un muro de malos sueños

me separa de los muertos.

La niebla cubre en silencio

el valle gris de tu cuerpo.

Por el arco del encuentro

la cicuta está creciendo.

Pero deja tu recuerdo

déjalo solo en mi pecho.


  Noche inicial Cerrada. Campo desnudo.  Sola la noche inerme.  El viento insinúa latidos sordos contra sus lienzos. La sombra a plomo ciñe ...