jueves, 6 de julio de 2017

El fervor.



Como en la piel de Rusia -¡es extraño!-,
el latido del abedul -acorde de olor- y en el gemido
la lágrima y el lúpulo en el oro fluido de la cerveza,
en todo me encuentro estremecido.

Mi corporeidad -mínima y acicular- es apta.
Su tensión esotérica a la adiaforia capta,
a la emoción impulsa y al entusiasmo rapta.

Soy penumbra, ebriedad de sol, senda, abditorio,
montículo de sombra, cumbre, reclinatorio,
rémora y acicate. ¿Verdad?
Contradictorio.

Y omnipresente. En todo palpito.
Mis huidas moléculas perforan la vida, estremecidas...
Mi ubicuidad, empero, no alcanza a las mentidas
verdades, ni hasta el útero de las hembras vendidas.



Juan José Domenchina.

  Noche inicial Cerrada. Campo desnudo.  Sola la noche inerme.  El viento insinúa latidos sordos contra sus lienzos. La sombra a plomo ciñe ...