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lunes, 8 de febrero de 2021

Trino.


 

Quiero vivir para siempre

en torre de tres ventanas,

donde tres luces distintas

den una luz a mi alma.


Tres personas y una luz

en esa torre tan alta.


Aquí abajo, entre los hombres,

donde el bien y el mal batallan,

el dos significa pleito,

el dos indica amenaza.


Quiero vivir para siempre

en torre de tres ventanas.


Manuel Altolaguirre.

miércoles, 25 de septiembre de 2019

Rosa de harina.


Pero el hombre es un niño laborioso y estúpido
que ha hecho del juego una sudorosa jornada.
Ha convertido el palo del tambor
en una azada, y en vez de tocar sobre la tierra
una canción de júbilo se ha puesto a cavarla.
¡Si supiésemos caminar
bajo el aplauso de los astros
y hacer un símbolo poético de cada jornada!
Quiero decir que nadie sabe cavar al ritmo del sol
y que nadie ha cortado todavía una espiga
con amor y con gracia.
Ese panadero, por ejemplo,
¿por qué ese panadero no le pone una rosa de pan blanco
a ese mendigo hambriento en la solapa?

León Felipe.

martes, 17 de septiembre de 2019

El descaminado.


¡Si pudiese dormir! Aun me extravío
por ese insomnio que se me rebela.
No sé lo que detrás de la cancela
me ocurre en mi interior aun más sombrío.

Dentro, confuso y torpe, me desvío
de lo que el alma sobre todo anhela:
mantener encendida esa candela
propia sin cuya luz yo no soy mío.

¡-Descaminado enfermo-!
Peregrina tras mi norma hacia un orden,
tras mi polo de virtud va esta voz.
El mal me parte.

Quiero la luz hurnilde que ilumina
cuerpo y alma en un ser, en uno solo.
Mi equilibrio ordinario es mi gran arte.

Jorge Guillén.

martes, 9 de julio de 2019

Vuelo.


Por el aire de estío
La gaviota ascendiendo
Domina la extensión, el mar, el mundo
Bajo azul, bajo nubes
En vellones muy blancos,
Y suprema, reinante,
Se cierne.
Todo el espacio es onda traspasada.
Plumajes blanquinegros
Detienen la ascensión,
De pronto resbalando sobre el aire,
Sobre la luz vastísima.
Sostiene la blancura del vacío.
Y, suspensas, las alas se abandonan
A claridad, a fondo trasparente
Por donde el vuelo, sin acción las alas,
Subsiste,
Se entrega a su placer, a su caer,
Se sume en su pasar,
Puro instante de vida.

Jorge Guillén.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Ante las torres de Compostela.






También la piedra, si hay estrellas, vuela. 
Sobre la noche biselada y fría 
creced, mellizos lirios de osadía; 
creced, pujad, torres de Compostela.

Campo de estrellas vuestra frente anhela, 
silenciosas maestras de porfía. 
En mi pecho - ay, amor - mi fantasía 
torres más altas labra. El alma vela.

Y ella - tú - aquí, conmigo, aunque no alcanzas 
con tus dedos mis torres de esperanzas 
como yo estas de piedra con los míos,

contempla entre mis torres las estrellas, 
no estas de otoño, bórralas; aquellas 
de nuestro agosto ardiendo en sueños fríos.



Gerardo Diego.

martes, 7 de octubre de 2014

Tres historias del viento.




I
El viento venía rojo
por el collado encendido
y se ha puesto verde, 
verde por el río.
Luego se pondrá violeta,
amarillo y...
Será sobre los sembrados
un arco iris tendido.

II
Viento estancado.
Arriba el sol.
Abajo las algas 
temblorosas de los álamos.
Y mi corazón temblando.
Viento estancado
a las cinco de la tarde.
Sin pájaros.

III
La brisa es ondulada
como los cabellos 
de algunas muchachas.
Como los marecitos
de algunas viejas tablas.
La brisa brota como el agua
y se derrama,
como un bálsamo blanco,
por las cañadas,
y se desmaya al chocar 
con lo duro de la montaña.



Federico García Lorca.

jueves, 2 de octubre de 2014

Tú me miras.





Tú me miras, amor, al fin me miras
de frente, tú me miras y te entregas
y de tus ojos líricos trasiegas
tu inocencia a los míos. 

No retiras tu onda y onda dulcísima, 
mentiras que yo soñaba y son verdad, no juegas.
Me miras ya sin ver, mirando a ciegas
tu propio amor que en mi mirar respiras.

No ves mis ojos, no mi amor de fuente,
miras para no ver, miras cantando
cantas mirando, oh música del cielo.

Oh mi ciega del alma, incandescente,
mi melodía en que mi ser revelo.
Tú me miras, amor, me estás mirando.



Gerardo Diego.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Anillo.





Ya es secreto el calor, ya es un retiro
de gozosa penumbra compartida.
Ondea la penumbra. 
No hay suspiro flotante.
Lo mejor soñado es vida.

El vaivén de un silencio luminoso
frunce entre las persianas una fibra
palpitante. querencia del reposo:
una ilusión en el polvillo vibra.

Desde la sombra inmóvil, la almohada
brinda a los dos, felices, el verano
de una blancura tan afortunada
que se convierte en sumo acorde humano.

Los dos felices, en las soledades
del propio clima, salvo del invierno,
buscan en claroscuros sin edades
la refulgencia de un estío eterno.

Hay tanta plenitud en esta hora,
tranquila entre las palmas de algún hado,
que el curso del instante se demora
lentísimo, cortés, enamorado.

¡Gozo de gozos: el alma en la piel,
ante los dos el jardín inmortal,
el paraíso que es ella con él,
óptimo el árbol sin sombra de mal!

Luz nada más. 
He ahí los amantes. 
Una armonía de montes y ríos,
amaneciendo en lejanos levantes,
vuelve inocentes los dos albedríos.

¿Dónde estará la apariencia sabida?
¿Quién es quien surge? 
Salud, inmediato siempre, palpable misterio: 
presida forma tan clara a un candor de arrebato.

¿Es la hermosura quien tanto arrebata,
o en la terrible alegría se anega
todo el impulso estival? 
-¡Oh beata furia del mar, esa ola no es ciega!-

Aun retozando se afanan las bocas,
inexorables a fuerza de ruego.
-Risas de Junio, por entre unas rocas,
turban el límpido azul con su juego.-

¿Yace en los brazos un ansia agresiva ?
Calladamente resiste el acorde.
-¡Cuánto silencio de mar allá arriba!
Nunca hay fragor que el cantil no me asorde.-

Y se encarnizan los dos violentos
en la ternura que los encadena.
-El regocijo de los elementos
torna y retorna a la última arena.-

Ya las rodillas, humildes aposta,
saben de un sol que al espíritu asalta.
-El horizonte en alturas de costa
llega a la sal de una brisa más alta.-

¡Felicidad! El alud de un favor
corre hasta el pie, que retuerce su celo.
-Cruje el azul. Sinuoso calor
va alabeando la curva del cielo.-

Gozo de ser: el amante se pasma.
¡Oh derrochado presente inaudito,
Oh realidad en raudal sin fantasma!
Todo es potencia de atónito grito.

Alrededor se consuma el verano.
Es un anillo la tarde amarilla.
Sin una nube desciende el cercano
cielo a este ardor. 
¡Sobrehumana, la arcilla!



Jorge Guillén.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Mano entregada.




Pero otro día toco tu mano. Mano tibia.
Tu delicada mano silente. A veces cierro
mis ojos y toco leve tu mano, leve toque
que comprueba su forma, que tienta su estructura,
sintiendo bajo la piel alada el duro hueso insobornable,
el triste hueso adonde no llega nunca el amor.
Oh carne dulce que sí se empapa del amor hermoso.

Es por la piel secreta, secretamente abierta,
invisiblemente entreabierta,
por donde el calor tibio propaga su voz, su afán dulce;
por donde mi voz penetra hasta tus venas tibias,
para rodar por ellas en tu escondida sangre,
como otra sangre que sonara oscura,
que dulcemente oscura te besara
por dentro, recorriendo despacio como sonido puro
ese cuerpo que ahora resuena mío, mío
poblado de mis voces profundas,
oh resonado cuerpo de mi amor, oh poseído cuerpo, oh cuerpo sólo
sonido de mi voz poseyéndole.
Por eso, cuando acaricio tu mano sé que sólo el hueso rehúsa
mi amor -el nunca incandescente hueso del hombre-.

Y que una zona triste de tu ser se rehúsa,
mientras tu carne entera llega un instante lúcido
en que total flamea, por virtud de ese leve contacto de tu mano,
de tu porosa mano suavísima que gime,
tu delicada mano silente, por donde entro
despacio, despacísimo, secretamente en tu vida,
hasta tus venas hondas totales donde bogo,
donde te pueblo y canto completo entre tu carne.


Vicente Aleixandre.

jueves, 28 de agosto de 2014

Mudo de noche.



Las ventanas abiertas
Voy a cantar doblando
Canto con todo el cuerpo
moviendo músculos de bronce
y sosteniendo el cielo derrumbado como un sollozo retenido

Con mis puños de cristal lúcido quiero ignorar las luces
quiero ignorar tu nombre oh belleza diminuta
Entretenido en amanecer
en expulsar esta clarividencia que me rebosa
siento por corazón un recuerdo acaso una pluma
acaso ese navío frágil olvidado entre dos ríos
Voy a virar en redondo
¿Cómo era sonreír cómo era?
Era una historia sencilla fácil de narrar olvidada
mientras la luz se hacía cuerpo y se llevaban las sangres

Qué fácil confundir un beso y un coágulo
Oh no torzáis los rostros como si un viento los doblase
acordaos que el alba es una punta no afilada
y que su suavidad de pluma es propicia a los sueños
Un candor una blancura una almohada ignorante de las cabezas
reposa en otros valles donde el calor está quieto
donde ha descendido sin tomar cuerpo
porque ignora todavía el bulto de las letras
esos lingotes de carne que no pueden envolverse con nada

Esta constancia esta vigencia este saber que existe
que no sirve cerrar los ojos y hundir el brazo en el río
que los peces de escamas frágiles no destellan como manos
que resbalan todas las dudas al tiempo que la garganta se obstruye
Pero no existen lágrimas
Vellones lana vivida límites bien tangibles
descienden por las laderas para recordarme los brazos
¡Oh sí! la tierra es abarcable y los dedos lo saben
Ellos ciegos de noche se buscan por las antípodas
sin más guía que la fiebre que reina por otros cielos
sin más norte oh caricia que sus labios cruzados.


lunes, 28 de julio de 2014

Siempre abiertos tus ojos.




Siempre abiertos tus ojos
- muchas veces se dijo - como un faro.
Pero la luz que exhalan
no derrama su chorro en los naufragios.
Enjuto, aunque desnudo,
voy derivando orillas de tu radio.
Soy yo el que giro
como un satélite imantado.
Y dime. Esta luz mía -Tuya- que devuelvo,
¿a qué te sabe muerta en tu regazo?
¿Puede aumentar tu lumbre
este selenio resplandor lejano?



Gerardo Diego.

lunes, 23 de junio de 2014

Orillas del mar.



Después de todo lo mismo da el calor que el frío, 
una dulce hormiguita color naranja, 
una guitarra muda en la noche, 
una mujer tendida como las conchas, 
un mar como dos labios por la arena. 

Un caracol como una sangre, 
débil dedo que se arrastra sobre la piel mojada, 
un cielo que sostienen unos hombros de nieve 
y ese ahogo en el pecho de palabras redondas. 

Las naranjas de fuego rodarían por el azul nocturno. 
Lo mismo da un alma niña que su sombra derretida, 
da lo mismo llorar unas lágrimas finas 
que morder pedacitos de hielo que vive. 

Tu corazón redondo como naipe 
visto de perfil es un espejo, 
de frente acaso es nata 
y a vista de pájaro es un papel delgado. 

Pero no tan delgado que no permita sangre, 
y navíos azules, 
y un adiós de un pañuelo que de pronto se para. 
Todo lo que un pájaro esconde entre su pluma. 

Oh maravilla mía, 
oh dulce secreto de conversar con el mar, 
de suavemente tener entre los dientes 
un guijo blanco que no ha visto la luna. 
Noche verde de océano que en la lengua no vuela 
y se duerme deshecha como música o nido.



Vicente Aleixandre.

viernes, 6 de junio de 2014

Nubes.







A Melchor Fernández Almagro.

Yo

pastor de bulevares

desataba los bancos 
y sentado en la orilla corriente del paseo 
dejaba divagar mis corderos escolares

Todo había cesado 
Mi cuademo 
única fronda del invierno 
y el quiosco bien anclado entre la espuma

Yo pensaba en los lechos sin rumbo siempre frescos 
para fumar mis versos y contar las estrellas

Yo pensaba en mis nubes 
olas tibias del cielo 
que buscan domicilio sin abatir el vuelo

Yo pensaba en los pliegues de las mañanas bellas 
planchadas al revés que mi pañuelo

Pero para volar 
es menester que el sol pendule 
y que gire en la mano nuestra esfera armilar

Todo es distinto ya

Mi corazón bailando equivoca a la estrella 
y es tal la fiebre y la electricidad 
que alumbra incandescente la botella

Ni la torre silvestre 
distribuye los vientos girando lentamente 
ni mis manos ordeñan las horas recipientes

Hay que esperar el desfile 
de las borrascas y las profecías 
Hay que esperar que nazca de la luna 
el pájaro mesías

Todo tiene que llegar

El oleaje del cine es igual que el del mar 
Los días lejanos cruzan por la pantalla 
Banderas nunca vistas perfuman el espacio 
y el teléfono trae ecos de batalla

Las olas dan la vuelta al mundo 
Ya no hay exploradores del polo y del estrecho 
y de una enfermedad desconocida 
se mueren los turistas 
la guía sobre el pecho

Las olas dan la vuelta al mundo

Yo me iría con ellas

Ellas todo lo han visto 
No retornan jamás ni vuelven la cabeza 
almohadas desahuciadas y sandalias de Cristo

Dejadme recostado eternamente

Yo fumaré mis versos y llevaré mis nubes 
por todos los caminos de la tierra y del cielo 
Y cuando vuelva el sol en su caballo blanco 
mi lecho equilibrado alzaré al cielo.



miércoles, 14 de mayo de 2014

La sombra del nogal.







Homenaje a Vicente Aleixandre




La sombra del nogal es peligrosa 
Tupido en el octubre como bóveda 
como cúpula inmóvil 
nos cobija e invita 
a su caricia fresca 
y van cayendo frutos uno a uno 
torturados cerebros nueces nueces

Por las noches 
sombra de luna muerta de el nogal 
y van suicidándose una a una 
sus hojas quejumbrosas 
y pies desconocidos invisibles 
las huellan las quebrantan las sepultan 
librándolas así 
del torbellino eólico 
que azota a lo mortal abandonado 
sobre la haz funesta de la tierra 
impenetrable

Pero ¿quién pasa quién posa? 
¿De quién los pies piadosos redentores?



Gerardo Diego.

martes, 6 de mayo de 2014

Forma.





Se iba quedando callada
hasta que la sombra espesa
se hizo cuerpo tuyo.
¡Ya te tengo! ¡Ya te tengo!
Aquí la sombra del cuarto,
piel fina, piel en mis dedos.
siente, tiembla. Fina seda
que palpita humanamente
entre mis dedos de nieve.
Mis dedos de hielo rizan
tu delicada quietud,
totalidad de este cuarto,
corporal y muda, extensa
sobre la estancia dormida.
Para mis ojos azules
tu negra forma se entrega,
cuajada y pura, inocente,
oh soledad de mi cuarto.
Pero no quiero mirarte.
A oscuras, paredes justas,
cámara, entraña, me aprietas;
te siento exacta y te amo,
cerrazón de vida y muerte,
negra posesión del aire,
sombra que habito y que siento
contra mi piel semejante.
Blancas paredes fronteras,
densa presencia estrechada,
cuerpo que ciego adivino
en mis sentidos dorados.



Vicente Aleixandre.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Cerrando los ojos.





Huyo del mal que me enoja
buscando el bien que me falta.
Más que las penas que tengo
me duelen las esperanzas.

Tempestades de deseos
contra los muros del alba
rompen sus olas. Me ciegan
los tumultos que levantan.

Nido en el mar. Cuna a flote.
La flor que lucha en el agua
me sostiene mar adentro

y mar afuera me lanza.
Cierro los ojos y miro
el tiempo interior que canta.



Manuel Altolaguirre.

viernes, 7 de febrero de 2014

Los Nombres.



Albor. El horizonte 
entreabre sus pestañas, 
y empieza a ver. ¿Qué? 
Nombres. 
Están sobre la pátina

de las cosas. La rosa 
se llama todavía 
hoy rosa, y la memoria 
de su tránsito, prisa.

Prisa de vivir más. 
A lo largo amor nos alce 
esa pujanza agraz 
del Instante, tan ágil

que en llegando a su meta 
corre a imponer Después. 
Alerta, alerta, alerta, 
yo seré, yo seré.

¿Y las rosas? Pestañas 
cerradas: horizonte 
final. ¿Acaso nada? 
Pero quedan los nombres.

Jorge Guillén.

jueves, 23 de enero de 2014

Anoche se me ha perdido.





Anoche se me ha perdido
En la arena de la playa
Un recuerdo
Dorado, viejo y menudo
Como un granito de arena.
¡Paciencia! La noche es corta.
Iré a buscarlo mañana
Pero tengo miedo de esos
Remolinos nocherniegos
Que se llevan en su grupa
¡Dios sabe adónde!, la arena
Menudita de la playa.

Pedro Salinas.

martes, 14 de enero de 2014

Vida.





Entre mis manos cogí
un puñadito de tierra.
Soplaba el viento terrero.
La tierra volvió a la tierra.
Entre tus manos me tienes,
tierra soy.
El viento orea
tus dedos, largos de siglos.
Y el puñadito de arena
- grano a grano, grano a grano -
el gran viento se lo lleva.



Dámaso Alonso.

martes, 22 de octubre de 2013

De mirarte tanto y tanto.


De mirarte tanto y tanto,
De horizonte a la arena,
Despacio,
Del caracol al celaje,
Brillo a brillo, pasmo a pasmo,
Te he dado nombre; los ojos
Te lo encontraron, mirándote.
Por las noches,
Soñando que te miraba,
Al abrigo de los párpados
Maduró, sin yo saberlo,
Este nombre tan redondo
Que hoy me descendió a los labios.
Y lo dicen asombrados
De lo tarde que lo dicen.
¡Si era fatal el llamártelo!
¡Si antes de la voz, ya estaba
En el silencio tan claro!
¡Si tú has sido para mí,
Desde el día
Que mis ojos te estrenaron,
El contemplado, el constante
Contemplado!

Pedro Salinas.

  Noche inicial Cerrada. Campo desnudo.  Sola la noche inerme.  El viento insinúa latidos sordos contra sus lienzos. La sombra a plomo ciñe ...