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martes, 27 de septiembre de 2022

 La separación II



Esta felicidad fugitiva,
esto que se me va de las manos,
esto que me devora los días
esto que se llama boca, ojos, pecho, piernas amadas,
corazón alígero, mente como la brisa del amanecer,
pretendo loca y tercamente
fijar de modo
que a tientas en la noche, si despierto,
lo encuentre vivo, intacto, invariable.
No dormir ni perderse en la neblina
podrán estas inmensas realidades,
lanzas del corazón, fuegos de humanidad
que levantaron la existencia de nuestras almas
a donde sólo hay música, sin tiempo ni medida.
Recordarás lanoche suprema
en la ciudad de la roca en pie:
faroles agónicos,
crucificados en las paredes,
bajo campanarios de muda escenografía,
nos esperaban siglos y siglos.
Nos aguardaban las piedras duras del suelo,
los recatados bancos de las plazuelas vacías,
los árboles que cobijaron a los moris y a las cristianas.
Por encima del suelo corrían oraciones y coplas
como en un imposible río de eternidad.
Derramábanse lentas existencias amantes
por los muros fuertes hacia el foso de los amores.
Estaba el cielo tan a la mano y tan desesperadamente lejos,
que nos parecía unas veces boca y, otras, alma.
Supimos entoncens, para nuestra desesperación,
que el cuerpo es algo más que una fruta;
que no basta morder;
que siempre queda lejos algo intacto.
Libres y enlazados por el destino,
subíamos y bajábamos,
sin peso, como pájaros,
rozando, sin herirnos, todo lo triste y agorero de la existencia.

Después, en un olvido presente,
sin otra luz que la embriaguez de la aridad,
vimos venir el nuevo día,
con nuevos montes, árboles, ríos,
caritas humanas, borriquillos de infinita ternura,
torres, caminos, jardines cerrados
en donde hubiéramos querido vivir eternamente.

José Moreno Villa.

viernes, 4 de febrero de 2022

 

Ser solo, suelto, amo de todo y de nada.


Ser solo, suelto, amo de todo y de nada
-porque todo se toma y se deja si es libre-,
ser solo es ser lo más y lo menos del mundo.

El papel en que escribo,
o el lienzo donde armonizo colores,
son como cigarrillos de opio
que consumo para consumirme.
Sin otro fin.
No busco afirmar mi existencia.
Más bien persigo lo contrario.

Aquella mujer última que quise,
arrebató mi cuerpo.
Después de aquel combate,
vivo en las cosas sin notarme figura.

¿Qué destino dará estas manos, que sostuvieron
la bengala de la felicidad?

José Moreno Villa.

viernes, 12 de abril de 2019

En hora fea.


Llegas en los días de acero,
cuando las casas se desploman,
y los perros comen cadáveres.
Un espíritu ciego
revolviendo valores,
dividiendo familias,
idiotizando almas,
recorre todos los países.
Me encuentras roto, desmigajado,
dispuesto solamente
a no creer que existe
fuente del bien, ni posible alegría.
Vienes en hora amarga,
cuando falta la fe,
cuando el viento es de plomo,
la noche de carbón
y las flores un puñado de espinas.
Ten cuidado, que besas
la sombra de un fantasma.

José Moreno Villa.

lunes, 5 de noviembre de 2018

No hay consejo posible.


Fuera lógico, amigo, que al final de la vida
pudiéramos legar una norma o un consejo,
práctico, de moral o de táctica alegre;
algo para vivir con dignidad y gusto.

Porque mi angustia es ver con entera evidencia
que la vida es más grande, más llena de posibles,
más honda, más extensa, más íntima y sensual
que la tocada en suerte a cada ser humano.

Pero, amigo, no hay lógica. La experiencia no sirve.
Cada momento es nuevo hasta el rato final.
Todo cambia al contacto de nuevas convergencias.

Por eso los abuelos decían -Ya veremos...
Ya veremos qué día se presenta mañana».
Y es que cada minuto viene en combinaciones.


José Moreno Villa.

jueves, 18 de enero de 2018

Frente.


Éste es el frente; aquí no hay
el menor asomo de juego.
Ya no valen literaturas;
éste es el frente duro y seco.
Es la bala y el cuerpo humano.
Es la tierra y el cuervo siniestro.
Es la cabeza y es la mano.
Y es el corazón contra el hierro.
Es subir y bajar cañones
por lomas atónitas de miedo.
Es aguantar cuchillos y cascos
sin moverse del parapeto.
Es acompañar a los tanques
monstruosos en sus sondeos.
Es no beber y no comer
y no dormir un día entero.
Es salir con la frente alta
o en la lona del camillero.


José Moreno Villa.

miércoles, 4 de octubre de 2017

Mentira.



Miente el demonio en la soledad
mientras se escarba el oído con palo santo
y mientes tú y mienten las rocas que le sustentan,
y ese barco que espera llegar a puerto un día.
Mienten como sastres el soberano y el Papa,
el hotelero y el mozo del sliping.

Pero hay días de suprema mentira,
en que los puentes guiñan y el soborno sonríe,
tiemblan las calles de risa satánica
y se ve que todos los ojos humanos
quisieran diez párpados.
Hay días de búho salmantino,
en que la mentira lleva cola de emperatriz,
en que las nodrizas se ordeñan cerveza
y los filósofos descubren el rubor.

Días de cieno amasado con gloria, mantequilla y cemento.
Días, en fin, en que dormir es tan difícil como calcular,
y que los cálculos resultan fox-trotes de negros.
Días inversos, en que congela el viento sur.
Días de un amarillo como ni el Asia conoce,
días en que las insignias de los jerarcas
se salen al bar en busca de whisky
con ánimo de no regresar al estuche.
Días, en fin, de suprema verdad.
Porque la mentira es el sustento de la existencia.


José Moreno Villa.

miércoles, 10 de mayo de 2017

El hombre del momento.



Botas fuertes, manta recia,
Fusil, pistola: es el hombre.
Barba hirsuta, barba intensa,
salivas e imprecaciones,
pisar duro, mirar fijo,
dormir vestido: es el hombre.

Es el hombre del momento.
No se ve más que este hombre,
la calle, trenes, portales,
bajo lluvias, bajo soles,
entre sillas derrumbadas
y fenecidos faroles,
entre papeles sangrientos
que el cierzo invernizo corre.

Toda la ciudad es suya,
y nada le importa
dónde reclinará la cabeza,
con fatiga de diez noches.

Parece que no ha tenido
ni piaras, ni labores,
ni familia que le cuide,
ni mujeres en que goce,
Bebe, canta, riñe y cae
-porque caer es de hombres-.

No sabe de casi nada
-pero casi es de hombres-.

Quiere verse dueño y uno
con todos los demás hombres.

Quiere libro, pan, respeto,
cama, labor, diversiones
y todas las cosas que hace
el hombre para el hombre
o da la naturaleza
para que el hombre las tome.

Bajo la lluvia inverniza
y entre los grandes cañones,
le veo por la ciudad
devastada, serio y noble,
como un vástago que busca
su raíz. Éste es el hombre.

José Moreno Villa.

jueves, 27 de abril de 2017

El tapiz persa.



Pasan tus ojos inquietos
por el tapiz oriental...
Signos de cábala, enigmas,
policromías... quizás
por el bosque de sus líneas
caminando, pensarás
que esas rayas que se cruzan,
y que vuelven, y se van,
y se rizan locamente,
las trazó tu pie al andar.

Tu pie, pobre pie de ciego
que no sabe a dónde va,
ni por qué es dura la tierra,
ni por qué tiene que andar...
Pie de ciego, que ha pintado
de carmín la blanca paz
del sendero, y consentido
su esperanza derramar
como un hilo verde, encima
del tapiz de la verdad.



José Moreno Villa.

martes, 21 de febrero de 2017

Madrigal de la estepa.



El viento hacía locuras de borracho
con tu pelo.
Temblaba, no se atrevía y luego feroz lo alzaba.
Se metía ciegamente,
se revolcaba en el oro,
se posaba,
se rendía en la cuenca de las ondas
y no cantaba, sino rezaba
la oración beoda
de los que se pierden incorregiblemente por algo en el mundo.



José Moreno Villa.

lunes, 13 de febrero de 2017

Tu tierra.



Yace tu tierra más allá del agua.
Nunca tus ojos volverán a verla.

Ésa tu tierra -te dirán- es de polvo,
como todas las patrias del mundo.
Pero, no. Tu tierra es la fórmula
archicompleta de tu ser. Eres tú.
Eres tú quien quedó más allá de las aguas.
Nunca más te verás.
y no viéndote, no sabrás decir.
Y quien no dice es como llama muerta.

¿Por qué no vuelves a tu tierra, a ti?
Remozarías tu edad, tu luna.
O morirías dentro de ti mismo,
en tu tierra, en tu yo, no sobre alguien
ajeno a tu paisaje y tu conciencia.
Lo grave de morir en tierra extraña
es que mueres en otro, no en ti mismo.
Te morirás prestado.
y nadie entenderá tu voz postrera
por más que cielo, muerte, amor y vida
se digan cielo, muerte, amor y vida
en la tierra en que mueres.
Tu madrina de guerra no es tu madre
y, si morir es retornar al seno,
vuelves al que no es tuyo.

¿Por qué no vuelves a tu tierra, a ti?
Te dirán que tu tierra ya no es tuya;
que te aventó por malo; que reniega de ti.
Pero si tú eres ella y ella tú,
reniego y aventón son cosas nulas,
palabras muertas en el aire loco.

Palabras muertas en el aire loco...
Por palabras así mueren los hombres;
y el cielo cruzan hoy sólo aires locos. :
Por palabras así, truenan las bombas,
y en esos aires van los aviones.
Por palabras así, la humanidad
vive dispersa, errante y maldecida.
Y, donde posa, está a merced del aire;
que es aire loco lleno de palabras.

Yo sé que es la palabra y es el aire
los que te alejan de tu yo, tu tierra.
Y, como la palabra es centenaria,
tú morirás primero.
Tan largo es adentrar una palabra
en el cerebro humano
como sacarla de él.
Tan costoso es crear un aire nuevo
como anular el viejo.
No. Ya no te rescatas.
Tu tierra yace más allá del agua.



José Moreno Villa.

viernes, 9 de mayo de 2014

En la serranía.




Era la noche cálida, de profunda emoción.
La campiña sonora, envuelta en luz de plata,
medía un descendiente de aquella horda pirata
que en tiempos legendarios viniera de Sidón.

En su jaca moruna va el cañí trapalón,
que la gente del campo miedosamente acata,
contemplando la tierra que a sus pies se dilata;
y como un rey se nutre de su satisfacción.

Pero en esto, los brazos de la yegua bravía
se empotran en el suelo; recula, se desvía
y como un rayo ataja la sementera bruna,
que sus grandes pupilas vieron cómo la luna
brillaba, con destellos de macilento sol,
en los perseguidores tricornios de charol.




José Moreno Villa.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Caramba 46.



Como quiera que el destino es el destino
voy a sembrar una voz, 
la mía, en el huerto.

Ya he dibujado en el aire
y he colgado mi sombrero en distintas estrellas.

Hay que sembrar la voz,
y ver si nace con hojas verdes o moradas,
y con olor de menta o de lavanda.




José Moreno Villa.

martes, 10 de septiembre de 2013

Cuadro de otra vida.


Anduvimos sin tregua la noche en plenilunio.
Nos ladraban los perros en los claros cortijos,
y en las charcas brillantes, el sapo taciturno
daba la soledad a intervalos precisos.

De vez en cuando, un arriero que cantaba;
una estrella silbando su luz por las esferas,
unos guardias civiles de frente charolada
o un tropel de caballos con una diligencia.

Las pencas del camino alargaron sus frutas.
La vid tendió su brazo lánguido en nuestra busca.
Y el fresal repartía su invitación de aroma.

Recuerdo aquella noche blanca de Andalucía,
como perteneciendo a una secreta vida,
sin soles y sin lucha, completamente sorda.





jueves, 6 de junio de 2013

OIGO.



A veces oigo los pétalos
de la rosa dando en tierra;
tan tirante es el silencio;
tan en aviso está el alma.

A veces oigo la fuga
de la luna en su viraje;
tan grande es la soledad;
tan tenso vive el espíritu.

A veces oigo la arena
del Tiempo caer en mí;
me levanto, me paseo,
toco la estampa o el libro,
miro la luz de la lámpara,
me froto las tibias manos

...........y me siento lentamente
a ver cómo la de arriba
está casi toda abajo.

José Moreno Villa.


martes, 3 de julio de 2012

Vivo y sueño
               
Hunde la rama del sauce
en la alberca su fatiga;
levanta el ciprés su lanza
infatigable a los cielos.

Con el sauce, vivo.
Con el ciprés, sueño.

Lánguida rama de sauce
me cuelga entenebrecida.
Lanza de ciprés emerge
de mi piel hasta el misterio

Con el  sauce, vivo.
Con el ciprés, sueño.

Un cansancio secular
baja, baja, baja a tierra.
Sube, sube, sube altivo
el secular pensamiento.

Con el sauce, vivo.
Con el ciprés, sueño.

Todo me cansa y me rinde
si no es mío, si es del mundo.
Todo me embelesa y lanza
si lo miro y lo penetro.

Nada vivo
si no lo sueño.

martes, 27 de marzo de 2012

Después de todo eras tú lo que yo buscaba.

En las letras de un cantoral,
entre la retama y el jacinto serrano,
en el ancho mar, en la taberna inquieta,
en el fondo de la copa verde,
después de todo eras tú lo que yo buscaba.
Pregunté muchas veces a las guías turísticas
dónde suspira el lugarejo ignorado por la epopeya;
pregunté a los filósofos por la llave del secreto;
fuí devorando pregunta a pregunta mi vida,
y después de todo resultas tú lo que yo buscaba.
Pude leerlo en mil detalles:
verte y enmudecer,
verte y olvidarme del mundo,
verte y hablar luego por las calles solitarias,
verte y sentir el cuerpo,
verte y huir hacia los confines de mí mismo.
Desmadejado y alma en pena,
imaginé que lo mejor era llorar en los ocasos,
leer los libros místicos
y contribuir a la redención de los débiles.
Y, en todo, en todo, en absolutamente todo,
no había más qu ela busca de tu persona.
Sí, después de todo eras tú la búsqueda.
Y aquí declino ya todo examen y toda crítica.
Tú, con tus faltas y tus sobras;
tú, con tu maravilloso complemento rubio a mi color de bronce.



José Moreno Villa.

  Noche inicial Cerrada. Campo desnudo.  Sola la noche inerme.  El viento insinúa latidos sordos contra sus lienzos. La sombra a plomo ciñe ...