
Veo los años,
Los mismos que ahora escucho volver a mí
esta tarde colgados de sotanas,
Espantajos oscuros,
Henchidos como cerdos de pez muerta que fueran navegando,
Dejando tras de sí una cola de tinta goteada
de esperma sucia y vómito.
Oigo cómo me invaden crucifijos,
Despiadadas penumbras de toses con rosarios y vía crucis
Y un olor a café, a desayuno seco,
Descompuesto en las bocas tibias de los confesionarios.
No es posible que vuelva este mismo paisaje,
Que reconquiste ni por un momento su sueño
embrutecido de moscas,
Formol y humo.
No es posible otra vez este retrete sórdido de hábitos
con eructos y sopa de tapioca.
No es posible, no quiero,
No es posible querer para vosotros la misma infancia y muerte.
Rafael Alberti.



