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miércoles, 18 de abril de 2018

Por el aroma roto de un recuerdo.




Por el aroma roto de un recuerdo,
como por un incienso mutilado,
brotas de la memoria en que me pierdo,
cristal sin luz, metal acongojado.

Contigo traes el llanto de la encina
y la cinta sin mácula del hielo.
Contigo el ronco viento de la esquina
y el tierno y largo jadear del suelo.

Contigo traes, a tu costado atado,
el mar de ancho pulmón y duro acento,
y a la húmeda sombra del costado
el río soñador y soñoliento.

La brisa que fue ala sollozante,
el cielo que fue verde praderío,
el trabajado lirio de diamante
y la oliva viajera por el río;
el toro inmóvil, la veloz espiga
contigo traes, de mi memoria brotan
y en un dulce atropello sin fatiga
por la corriente de mis hombros flotan.

Dejadme a mí, dejadme a la ventura
andar, llorar sin voz, mirar en vano
hasta caer sobre la tierra oscura

con la frente en el cuenco de mi mano.



jueves, 9 de julio de 2015

Cuando me tiro de noche.





Cuando me tiro de noche
en el ataúd del lecho
que es menos duro que el otro
porque ya sabe mis huesos,
me pongo a mirar arriba
los astros de mis recuerdos.

Aquél que se abrió de pronto
cuando todo era misterio.
El otro que se apagó
antes de sentirse abierto.

A veces grito iracundo:
aquí me falta un lucero,
aquí me sobra una estrella.
¿Quién hizo este firmamento?

Una voz piadosa dice
que no es cielo sino techo.
-Por mi vida, grito yo,
dejadme saber mi sueño.
Donde yo pongo los ojos
todo es cielo-



Pedro Garfias.

miércoles, 1 de abril de 2015

Lleva la cruz al hombro.





Lleva la cruz al hombro,
tres veces no, mil veces caído y levantado;
ya su vida es escombro;
va por la calle ya crucificado.
No pavor, sino asombro,
verlo lo mismo y ya transfigurado.
Nadie lo nombrará, ni yo lo nombro,
ni nadie lo ha nombrado.
No resucitará, nadie le rezará,
nadie balbuceará por la noche su nombre.
Dejó toda su sangre repartida.
Más que su muerte le duró su vida:
¡no era Dios, era hombre!


Pedro Garfias.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Pasear contigo en soledad perfecta.





Pasear contigo en soledad perfecta
fondo azul de colinas y a los lados
árboles comprensivos y vigilantes
el doble paso caprichoso y lento.

Pasear contigo en soledad callada
al través de un silencio transparente
la frente levantada al sol que sube
orgulloso del brío de su vuelo.

Pasear contigo por la superficie
de redondez suave de la tierra
con lentitud perseverante y noble...
contigo y tu recuerdo y tu esperanza.


Pedro Garfias.

lunes, 27 de octubre de 2014

Él iba solo.






Él iba solo 
tambaleándose…

Borracho de amor, 
borracho de hambre, 
borracho de alcohol, 
quién sabe.

Él iba solo 
tambaleándose.


Pedro Garfias.

jueves, 23 de octubre de 2014

Yo te puedo poblar, soledad mía.





Yo te puedo poblar, soledad mía,
igual que puedo hacer rocas y árboles
de estas oscuras gentes que me cercan.

¿Cómo, si no, llevar sobre los hombros la ausencia? 
El ágil viento me conoce y ayuda en mi trabajo: 
cada día cuelgo del monte nuestro cielo limpio,
planto en el lago nuestra rubia era
y el ancho río de corriente pródiga
vacío lentamente...

Allí donde los pinos y los álamos,
donde la encina sólida y el roble
el claro olivo de verdor de plata.

Y sobre el culto césped
el triunfo de la espiga.
El sol muy en lo alto, fatigando
el aire con sus alas,
en el cenit su vuelo detenido.

Cómo su gracia y limpidez los ojos
me abrasan con su luz... No lo soñara
la torpe mano que me arrebatara
mi blanca Andalucía.


Pedro Garfias.

jueves, 20 de marzo de 2014

Primavera en Eaton Hastings,




Porque te siento lejos y tu ausencia
Habita mis desiertas soledades
Qué profunda esta tarde derramada
Sobre los verdes caminos inmortales.

Ya el invierno dejó su piel antigua
En las ramas recientes de los árboles
Y avanza a saltos cortos por el prado
La primavera de delgado talle.

Por el silencio de pendiente lenta
Rueda la brisa en tácito oleaje
Y apunta la violenta su murmullo
Al pie del roble y de la encina grave.

En las aguas inmóviles del lago
Ansían nubes y luces vesperales 
y tiende el bosque sus flexibles redes
Al suelo prodigioso de tu imagen.

El sol azul con cuidadosas manos rayos
 y brumas teje en noble arte,
Hasta dejar de tu color, amada,
La piel inmaculada de la tarde.

Te miro recostada sobre el césped
Agua verde y verdor claro tu carne
Tu rumoroso pelo embravecido
Y el bosque de tu risa palpitante.

Alrededor de tus tobillos breves
Ciñe la luz minúsculos collares
Y abrazan a tus brazos poderosos
Los tallos y las ramas verdeantes.

Pulsan las frías cuerdas del silencia
Tus voces y los pájaros locuaces;
El cielo en plenitud abre sus venas
De calurosa y colorada sangre
Y alza mi corazón su pesadumbre

Como un nido de sombras, un gigante.





viernes, 28 de septiembre de 2012


Llanto Sobre Una Isla 


Ahora
Ahora sí que voy a llorar sobre esta gran roca sentado
la cabeza en la bruma y los pies en el agua
y el cigarrillo apagado entre los dedos…

Ahora
Ahora sí que voy a vaciaros ojos míos, corazón mío,
abrir vuestras espitas y vaciaros
sin peligro de inundaciones.
Ahora voy a llorar por vosotros los secos
los que exprimís vuestra congoja como una virgen sus pechos
y por vosotros los extintos
que ya exhaláis vapor de hieles.

Ahora voy a llorar por los que han muerto sin saber por qué
cuyos porqués resuenan todavía
en la tirante bóveda impasible…
Y también por vosotras, lívidas, turbias, desinfladas madres,
vientres de larga voz que araña los caminos.
Un llanto espeso por los pueblecitos
que ayer triscaban a un sol cándido y jovial
y hoy mugen a las sombras tras las empalizadas.

Y por las multitudes
que pasan sus vigilias escarbando la tierra…
Un llanto viudo por los transeúntes
tan serios en el ataúd de su levita.

Ahora
Ahora voy a llorar mis llantos olvidados
mis llantos retenidos en su frente
como pájaros presos en la liga.
Los llantos subterráneos
los que minan el mundo y lo socavan
los que buscan la flor de la corteza
y el cauce de la luz, los llantos mínimos
y los llantos caudales acudan a mis ojos
y fluyan en corriente sosegadas
a incorporarse al llanto universal.

Sobre esta roca verdinegra
agua y agua a mi alrededor
ahora si voy a llorar a gusto.


miércoles, 25 de abril de 2012


Asturias

Asturias, si yo pudiera,
si yo supiera cantarte...
Asturias verde de montes
y negra de minerales.
Yo soy un hombre del Sur
polvo, sol, fatiga y hambre,
hambre de pan y horizontes...
¡Hambre!
Bajo la piel resecada
ríos sólidos de sangre
y el corazón asfixiado
sin venas para aliviarte.
Los ojos ciegos, los ojos
ciegos de tanto mirarte
sin verte, Asturias lejana,
hija de mi misma madre.

Dos veces, dos, has tenido
ocasion para jugarte
la vida en una partida,
y las dos te la jugaste.
¿Quién derribará ese árbol
de Asturias, ya sin ramaje,
desnudo, seco, clavado
con su raíz entrañable
que corre por toda España
crispándonos de coraje?
Mirad, obreros del mundo
su silueta recortarse
contra este cielo impasible
vertical, inquebrantable,
firme sobre roca firme,
herida viva de su carne.

Millones de puños gritan
su cólera por los aires,
millones de corazones
golpean contra sus cárceles.

Prepara tu salto último
lívida muerte cobarde
prepara tu último salto
que Asturias está aguardándote
sola en mitad de la Tierra,
hija de mi misma madre.

jueves, 12 de abril de 2012


 Porque Te Siento Lejos... 



Porque te siento lejos y tu ausencia

habita mis desiertas soledades,

qué profunda esta tarde derramada
sobre los verdes campos inmortales.

Ya el Invierno dejó su piel antigua

en las ramas recientes de los árboles

y avanza a saltos cortos por el prado
la Primavera de delgado talle.

Por el silencio de pendiente lenta

rueda la brisa en tácito oleaje

y apunta la violeta su murmullo
al pie del roble y de la encina grave.

En las aguas inmóviles del lago

anclan nubes y luces vesperales

y tiende el bosque sus flexibles redes
al vuelo prodigioso de tu imagen.

El sol azul con cuidadosas manos

rayos y brumas teje en noble arte

  hasta dejar de tu color, amada,
la piel inmaculada de la tarde.

Te miro recostada sobre el césped,

agua verde y verdor claro tu carne,

tu rumoroso pelo embravecido
y el bosque de tu risa palpitante.

Alrededor de tus tobillos breves

ciñe la luz minúsculos collares

y abrazan a tus brazos poderosos
los tallos y las ramas verde antes.

Pulsan las finas cuerdas del silencio

tus voces y los pájaros locuaces;

el cielo en plenitud abre sus venas
de calurosa y colorada sangre

¡y alza mi corazón su pesadumbre

como un nido de sombras un gigante!


  Noche inicial Cerrada. Campo desnudo.  Sola la noche inerme.  El viento insinúa latidos sordos contra sus lienzos. La sombra a plomo ciñe ...