viernes, 28 de junio de 2019

La voz a ti debida. (Versos 2124 a 2149)


¡Si tú supieras que ese
gran sollozo que estrechas
en tus brazos, que esa
lágrima que tú secas
besándola, vienen de ti, son tú,
dolor de ti hecho lágrimas
mías, sollozos míos!

Entonces ya no preguntarías
al pasado, a los cielos,
a la frente, a las cartas,
qué tengo, por qué sufro.
Y toda silenciosa,
con ese gran silencio
de la luz y el saber,
me besarías más,
y desoladamente.

Con la desolación
del que no tiene al lado
otro ser, un dolor
ajeno; del que está
solo ya con su pena.
Queriendo consolar
en un otro quimérico
el gran dolor que es suyo.


Pedro Salinas.

jueves, 27 de junio de 2019

Pradera.

El pecho de mi caballo
ancho se agranda viniendo
solo y desnudo, trotando.
Un silencio transparente
cubre con su luz el llano.
Con larga cola ondulada
la grupa de mi caballo
se aleja sola y desnuda,
nube redonda trotando.

Manuel Altolaguirre.

miércoles, 26 de junio de 2019

Alba.


Los montes, limpios del azul dormido, amanecen.
El viento rayan, frescos,
con su cristal aguado y quedan altos,
su corte renovado, filo al cielo.

Livideces inquietas en el aire
se arredran de la luz.
Pierden su cuerpo en la huída.
Jirones naturales señas de fugas dan y desaliento.

Entra la luz a pausas.
Se dilata el cauce en ondas poderosas, tenso,
ancho, pleno, invasor.
Derrota diáfana de las sombras: tumulto equino ciego.

¡Qué llanuras!
Galopes de lo oscuro, desbridados.
Seguro paso lento, con mando, de la aurora, joven, terca,
pastora de la luz-pero sin cuerpo-.

¡Vellones primerizos! Blancos, rosas,
pastan las sombras frescas, y dan, bellos,
copia de bultos claros por las lomas.
Silencio es el cristal tranquilo, quieto.

Esquilas de la luz titilan límpidas,
iniciales, hiriendo el brillo terso.
Azules ecos dan las sumas breves, instantáneas.
Espejan los reflejos.

Los verdes de la tierra calma y planta
son a bullicios de los copos nuevos,
en tropel, baladores, por oriente,
lana de luz, vellòn de sol y cielo.

Aurora vigilante entre matices
sucesivos, no pierdes el secreto
orden que rige tu virtud creciente,
implacable y sutil guardián de céfiros.

Normas despliegas en el fausto trance
-¡cuidado!-y lo apacientas con perfecto
amor, si bella, si armoniosa, firme,
plantada sobre el haz, luciente el gesto.

Crepúsculos acaban.
Vive el día.
Los llanos cenizosos, dulces, tiernos
a blancos dientes luminosos tallos
ofrécenles, crujientes los destellos.

¡Consumidas las sombras!
Ya las luces reposan en lo sumo del otero.
El fresco corre contenidamente
y reflejos y azul buscan el sueño.

Vicente Aleixandre.

viernes, 21 de junio de 2019

Mundo sonoro.


Vestida de sonido,
con su piel de palabras,
sale a la luz del día
mi vida recordada.

No penséis que en la niebla
veréis su sombra vaga.
Bajo la luz del sol
yo quisiera mostrarla,
sin que le falte un río,
sin ocultar montaña,
con su cielo completo,
con sus mares y playas.

Frente al mundo sonoro
el silencio del alma.


Manuel Altolaguirre.

miércoles, 19 de junio de 2019

El más pequeño.

Es el más pequeño de todos, el último.
Pero no le digáis nada; dejadle que juegue.
Es más chico que los demás, y es un niño callado.
Al balón apenas si puede darle con su bota pequeña.
Juega un rato y luego pronto le olvidan.
Todos pasan gritando, sofocados,
enormes, y casi nunca le ven.

El golpea una vez, y después de mucho rato otra vez,
y los otros se afanan, brincan, lucen, vocean.
La masa inmensa de los muchachos, agolpada, rojiza.
Y pálidamente el niño chico los mira
y mete diminuto su pie pequeño,
y al balón no lo toca. Y se retira. Y los ve.
Son jadeantes, son desprendidos quizá de arriba,
de una montaña, son quizá un montón de roquedos
que llegó ruidosísimo de allá, de la cumbre.

Y desde el quieto valle, desde el margen del río
el niño chico no los contempla.
Ve la montaña lejana. Los picachos, el cántico de los vientos.
Y cierra los ojos, y oye el enorme resonar de sus propios pasos
gigantes por las rocas bravias.

Vicente Aleixandre.

martes, 18 de junio de 2019

Círculos de soledad.


Círculos de soledad
dibujados por mi espera.
Girando sobre mis pies,
impaciente, arrastro y doblo
las puntas de mis miradas
sobre lo inútil perpetuo.

Sendero abrirá, llegando
a mi centro permanente;
radio de circunferencia,
minutero de reloj
señalando con sus huellas.

Y quedará en mí, o se irá
marcando nuevo caminos
perpendicular al otro,
en ángulo al de llegada:
gráfico cuarto de hora.

Impaciente espera larga.

Entero horizonte ciñe
la estatua de mi ansiedad:
faro en islote perdido,
monumento a la inquietud
en una plaza redonda.

Manuel Altolaguirre.

lunes, 17 de junio de 2019

Viaje. Durante toda la mañana.


Durante toda la mañana estuve
delante de su espejo.
Yo esperaba que apareciera su figura
tan acostumbrada a verse repetida
en la realidad de ella, inexistente ya.

-El pez chino en la fuente,
entre las verdes piedras de corazón mojado
se ocultaba y no salía-.

Y yo sí estaba allí,
dentro del agua clara del espejo.
Ese yo ahogado, cuando yo al irme lo deje en libertad,
buscará loco en el mundo sin tacto del espejo,
la imagen deseada, alborotando todo lo reflejado.


Manuel Altolaguirre.

  Noche inicial Cerrada. Campo desnudo.  Sola la noche inerme.  El viento insinúa latidos sordos contra sus lienzos. La sombra a plomo ciñe ...