martes, 7 de febrero de 2017

Sus rayos.



Sus rayos, tan duros y brillantes,
la luna -uriga de reflejos múltiples-
sacude violenta
para ahuyentar auroras,
pescando por los ojos, milagrosamente,
cada rayo su pez de inquieto brillo.



Manuel Altolaguirre.

lunes, 6 de febrero de 2017

Mina.



Calla, calla. No soy el mar, no soy el cielo,
ni tampoco soy el mundo en que tú vives.
Soy ei calor que sin nombre avanza sobre las piedras frías,
sobre las arenas donde quedó la huella de un pesar,
sobre el rostro que duerme como duermen las flores
cuando comprenden, soñando, que nunca fueron hierro.

Soy el sol que bajo la tierra pugna por quebrantarla
como un brazo solísimo que al fin entreabre su cárcel
y se eleva clamando mientras las aves huyen.

Soy esa amenaza a los cielos con el puño cerrado,
sueño de un monte o mar que nadie ha transportado
y que una noche escapa como un mar tan ligero.

Soy el brillo de los peces que sobre el agua finge una red de deseos,
un espejo donde la luna se contempla temblando,
el brillo de unos ojos que pueden deshacerse
cuando la noche o nube se cierran como mano.

Dejadme entonces, comprendiendo que el hierro es la salud de vivir,
que el hierro es el resplandor que de sí mismo nace
y que no espera sino la única tierra blanda a que herir como muerte,
dejadme que alce un pico y que hienda a la roca,
a la inmutable faz que las aguas no tocan.

Aquí a la orilla, mientras el azul profundo casi es negro,
mientras pasan relámpagos o luto funeral, o ya espejos,
dejadme que se quiebre la luz sobre el acero,
ira que, amor o muerte, se hincará en esta piedra,
en esta boca o dientes que saltarán sin luna.

Dejadme, sí, dejadme cavar, cavar sin tregua,
cavar hasta ese nido caliente o plumón tibio,
hasta esa carne dulce donde duermen los pájaros,
los amores de un día cuando el sol luce fuera.


Vicente Aleixandre.

viernes, 3 de febrero de 2017

Penúltima estación.



He aquí helados, cristalinos,
sobre el virginal regazo,
muertos ya para el abrazo,
aquellos miembros divinos.
Huyeron los asesinos.
Qué soledad sin colores.
Oh, Madre mía, no llores.
Cómo lloraba María.
La llaman desde aquel día
la Virgen de los Dolores.
¿Quién fue el escultor que pudo
dar morbidez al marfil?
¿Quién apuró su buril
en el prodigio desnudo?
Yo, Madre mía, fui el rudo
artífice, fui el profano
que modelé con mi mano
ese triunfo de la muerte
sobre el cual tu piedad vierte
cálidas perlas en vano.


Gerardo Diego.

jueves, 2 de febrero de 2017

Y cuando abrí los ojos.



Y cuando abrí los ojos,
después de aquella idea,
encontré el mar pequeño,
el cielo bajo,
el mundo, un mueble.

Cuando abriste los ojos,
después de haberme amado,
era tu corazón un Universo,
con un mar grande, un cielo alto
y con las nubes de mis pensamientos.



Manuel Altolaguirre.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Anhelo.



No he nacido de mí. Estoy conmigo
y quiero desprenderme de mí mismo,
ser padre mío en un espejo:
en tu memoria o en tu sueño;
quedarme en los jardines de tu frente
reproducido, confiado, tuyo,
niño que juegue mientras yo trabaje;
estar contigo siempre y por la noche
volver por mí, por ti, cariño mío.



Manuel Altolaguirre.

martes, 31 de enero de 2017

Muerte a lo lejos.



Je soutenais l'éclat de la mort toute pure.

Valéry. 

Alguna vez me angustia una certeza,
Y ante mí se estremece mi futuro.
Acechándolo está de pronto un muro
Del arrabal final en que tropieza

La luz del campo. ¿Mas habrá tristeza
Si la desnuda el sol? No, no hay apuro
Todavía. Lo urgente es el maduro
Fruto. La mano ya lo descorteza.

...Y un día entre los días el más triste
Será. Tenderse deberá la mano
Sin afán. Y acatando el inminente

Poder diré sin lágrimas: embiste,
Justa fatalidad. El muro cano
Va a imponerme su ley, no su accidente.



Jorge Guillén.

lunes, 30 de enero de 2017

¿Por qué huyen todas las islas?. II.



No hay hombres que son islas, ni islas que son hombres
que de pronto se van a algún quehacer extraño
y dejan en el mar, el río o el estanque
la huella siempre fresca de lo que antes fueron.

No ser isla, contorno, el lugar donde estaba
aquel islote fértil, el promontorio esbelto
de un pedazo de tierra que fue un pequeño mundo.


Ernestina de Champourcín.

  Noche inicial Cerrada. Campo desnudo.  Sola la noche inerme.  El viento insinúa latidos sordos contra sus lienzos. La sombra a plomo ciñe ...