
Cedí,
me abandoné,
confié a la tiniebla
toda el alma y su peso
para profundizar
hasta el fondo arenoso que el desvarío puebla.
¡Ay!
Emergí.
¡Qué dicha sobre el nivel del mar!
Jorge Guillén.

Noche inicial Cerrada. Campo desnudo. Sola la noche inerme. El viento insinúa latidos sordos contra sus lienzos. La sombra a plomo ciñe ...