viernes, 17 de noviembre de 2017

27 Esta cadena de hierro.



Esta cadena de hierro
que tanto pesa, me es leve
de llevar y no la siento.
Hay otra cadena hecha
de olas, de tierras y vientos,
de sonrisas y suspiros,
que me ata y no sé adónde,
que me esclaviza a ese dueño
desconocido, a ese dueño…


Pedro Salinas.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Coraza y pecho abierto.



Coraza y pecho abierto.
Coraza hecha con el acero de lo eterno
para el dardo que lanza el arco, desde abajo,
cada día certero,
para el dardo sutil del cuidado pequeño.
Y los días pasados sin bajeza ni altura,
montón de muertas flechas rebotadas
al pie nuestro.
Y a lo otro pecho abierto: para la herida
grande del gran dolor eterno,
para el puñal del bien y el mal
que nosotros nos hemos de clavar en el pecho
por voluntad y por mandato interno,
mientras resbala en la coraza cada día
el dardo leve de los destinos ciegos.


Pedro Salinas.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Siesta de junio.



El agua de la alberca
acorda su rumor.

De la chicharra terca
se escucha el estridor.

Un abejorro acerca
su pertinaz hervor.

Con otro gallo alterca
un gallo reñidor.

Rezuman sombra, cerca,
dos árboles en flor.


Juan José Domenchina.

martes, 14 de noviembre de 2017

Variación VI. Todo se aclara.



En el confín te nace de tus aires
                    un pensamiento vago.

Nube parece, por lo vaporoso;
                    más nube, por lo cándido.

No se entiende; le guardan las distancias
                    en misterio velado.

La mañana, que asciende hacia su colmo
                    -esplendor- paso a paso,

en contornos se goza y en perfiles,
                    rechaza lo enigmático.

Ordena que lo expliquen, sucesivos
                    intérpretes, espacios.

Se alzan arrebatadas, velocísimas
                    olas a descifrarlo.

El mucho afán les ciega; quejumbroso
                    retumba su fracaso.

¿Qué claridades se hallan por la prisa?
                    La breve del relámpago.

Tarda noches la noche en ser auroras,
                    la luz se hace despacio.

Ya frentes más serenas -ondas-, onda
                    a onda, le van pensando.

Suave curva lo entrega a suave curva,
                    camino de lo diáfano.

Dulcemente lo llevan a la playa
                    donde esperan los anchos

pliegos dorados su mejor destino:
                    que llegue el texto mágico.

¡Triunfo, revelación! La última ola
                    prorrumpe en signos blancos.

A este fulgor de playa en mediodía
                    no resisten arcanos.

Y en impolutas láminas, la espuma
                    sin prisa, rasgo a rasgo,

el pensamiento aquel nacido oscuro,
                    lo pone todo en claro.

La luz traduce incógnitas lejanas
                    a gozos inmediatos.


Pedro Salinas.

lunes, 13 de noviembre de 2017

A Fray Luis de León.



¿Qué linfa esbelta, de los altos hielos
hija y sepulcro, sobre el haz silente
rompe sus fríos, vierte su corriente,
luces llevando, derramando cielos?

¿Qué agua orquestas bajo los mansos celos
del aire, muda, funde su crujiente
espuma en anchas copias y consiente,
terso el diálogo, signo y luz gemelos?

La alta noche su copa sustantiva
-árbol ilustre- yergue a la bonanza,
total su crecimiento y ramas bellas.

Brisa joven de cielo, persuasiva,
su pompa abierta, desplegada, alcanza
largamente, y resuenan las estrellas.


Vicente Aleixandre.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Variación III - Dulce nombre.



Desde que te llamo así,
por mi nombre,
ya nunca me eres extraño.
Infinitamente ajeno,
remoto tú, hasta en la playa,
-que te acercas, alejándote
apenas llegas-, tú eres
absoluto entimismado.
Pero tengo aquí en el alma
tu nombre, mío. Es el cabo
de una invisible cadena
que se termina en tu indómita
belleza de desmandado.
Te liga a mí, aunque no quieras.
Si te nombro, soy tu amo
de un segundo. ¡Qué milagro!
Tus desazones de espuma,
abandonan sus caballos
de verdes grupas ligeras,
se amansan, cuando te llamo
lo que me eres: Contemplado.
Obra, sutil, el encanto
divino del cristianar.
Y aquí en este nombre rompe
mansamente tu arrebato,
aquí, en sus letras -arenas-,
como en playa que te hago.
Tú no sabes, solitario,
-sacramento del nombrar-
cuando te nombro,
todo lo cerca que estamos.


Pedro Salinas.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Campo.



-Cinco pétalos tiene
la flor que él ama:
la camisa de lino,
el refajo de lana
el vestido de seda,
el delantal, la capa-.

Aquel árbol de la cumbre
tiene las bridas del viento;
la capa de su jinete
pinta de celeste al cielo
y el agua del río se aleja
acariciando reflejos.
El pastor trenza su honda
con fibras de esparto nuevo,
mientras el rebaño va
dejando desnudo el suelo.
Ella en el barranco rojo
sus ramas rubias dio al viento.
Las miradas del pastor
oblicuamente crecieron.
Ella en el barranco rojo
y él en el perfil del cerro.


Manuel Altolaguirre.

  Noche inicial Cerrada. Campo desnudo.  Sola la noche inerme.  El viento insinúa latidos sordos contra sus lienzos. La sombra a plomo ciñe ...