viernes, 6 de febrero de 2015

Retrato.





Estabas sola y alta. 
Yo miraba cómo todos los pájaros 
debajo de tu frente se escondían. 
¡Qué ir y venir y qué volver! 
Cómo todas las cosas 
quedándose se iban 
a entrarse por tus ojos. 
Cómo yo mismo no sabía 
si estaba junto al árbol 
bajo aquel cielo tan azul, 
o si los verdes límites del parque 
estaban encerrados en tu frente. 
Si de tanto entrar ya 
dentro de ti las cosas, 
eras el mundo donde estábamos. 
Si para que brillaran las estrellas 
bastaba que cerrases tus dos ojos. 
Estabas sola y alta, 
pero también dentro de ti.


Manuel Altolaguirre.

jueves, 5 de febrero de 2015

Quisiera huir.





 Estoy cansado.
               Un cuerpo padece mi agonía...
Un cuerpo o multitudes que mi piel no depone.
Un ser que vive y sueña la altitud de mis límites...
¡Quisiera huir: perderme lejos de su olvido!

      Estoy cansado de ocultarme en las ramas;
de perseguir mi sombra por la arena;
de desnudarme entre las rocas,
de aguardar a las puertas de las fábricas
y tenderme en el suelo con los ojos cerrados:
estoy cansado de esta herida.

Un amigo me dice:
              "Hay cuerpos que aún se ofrecen
como jugosas frutas sin sentido"...

Otro amigo me canta:
               "¡Vuelan las aves, vuelan!"...

Yo quiero huir, perderme lejos,
allá en esas regiones en que unas anchas hojas
tiemblan sobre el estanque de los sueños que inundan.



Emilio Prados.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Retornos del amor tal como era.





Eras en aquel tiempo rubia y grande,
sólida espuma ardiente y levanta.
Parecías un cuerpo desprendido
de los centros del sol, abandonado
por un golpe de mar en las arenas.

Todo era fuego en aquel tiempo. Ardía
la playa en tu contorno. A rutilantes
vidrios de voz quedaban reducidos
las algas, los moluscos y las piedras
que el oleaje contra ti mandaba.

Todo era fuego, exhalación, latido
de onda caliente en ti. Si era una mano
la atrevida o los labios, ciegas ascuas,
voladoras, silbaban por el aire.
Tiempo abrasado, sueño consumido.

Yo me volqué en tu espuma en aquel tiempo.



Rafael Alberti.

martes, 3 de febrero de 2015

Soneto gongorino en que el poeta manda a su amor una paloma.





Este pichón del Turia que te mando,
de dulces ojos y de blanca pluma,
sobre laurel de Grecia vierte y suma
llama lenta de amor do estoy parando.

Su cándida virtud, su cuello blando,
en limo doble de caliente espuma,
con un temblor de escarcha, perla y bruma
la ausencia de tu boca esta marcando.

Pasa la mano sobre su blancura
y verás qué nevada melodía
esparce en copos sobre tu hermosura.

Así mi corazón de noche y día,
preso en la cárcel del amor oscura,
llora sin verte su melancolía.



Federico García Lorca.

lunes, 2 de febrero de 2015

Mujer. Palabra rubia.







Mujer. 
Palabra rubia, de miel. 
Vaso de oro.
Persistencia monótona, de lluvia.
Silencio puro. 
Balbucir sonoro.
Mármol o bronce. 
Simulacro.
Corporeidad rotunda. 
Lanza de emoción. 
Fuego sacro.
Cumbre de todos los instintos. 
Danza.
Médula de lo ignoto. 
Áurea vedija incoercible. 
Vientre de los nombres.
Arca de la eternidad. 
Hija del Hombre. 
Madre de los hombres.


Juan José Domenchina.

viernes, 30 de enero de 2015

Elegía a un moscardón azul.




Si, yo te asesiné estúpidamente. 
Me molestaba tu zumbido mientras escribía un hermoso, 
un dulce soneto de amor. 
Y era un consonante en -úcar, para rimar con azúcar, 
lo que me faltaba. 
Mais, qui dira les torts de la rime?


Luego sentí congoja
y me acerqué hasta ti: eras muy bello. 
Grandes ojos oblicuos te coronan la frente, 
como un turbante de oriental monarca. 
Ojos inmensos, bellos ojos pardos, 
por donde entró la lanza del deseo, 
el bullir, los meneos de la hembra, 
su gran proximidad abrasadora, bajo la luz del mundo. 
Tan grandes son tus ojos, que tu alma 
era quizá como un enorme incendio, 
cual una lumbrarada de colores, 
como un fanal de faro. 
Así, en la siesta, el alto miradero de cristales, 
diáfano y desnudo, sobre el mar, 
en mí casa de niño. Cuando yo te maté, 
mirabas hacia fuera, a mi jardín. 
Este diciembre claro me empuja los colores y la luz,
como bloques de mármol, brutalmente, 
cual si el cristal del aire se me hundiera, 
astillándome el alma sus aristas.

Eso que viste desde mi ventana, 
eso es el mundo. 
Siempre se agolpa igual: luces y formas, 
árbol, arbusto, flor, colina, cielo con nubes o sin nubes, 
y, ya rojos, ya grises, los tejados del hombre. 
Nada más: siempre es lo mismo. 
Es un tierno pujar de jugos hondos, 
es una granazón, una abundancia, 
que levanta el amor y Dios ordena 
en nódulos y en haces, un dulce hervir no más.
Oh sí, me alegro de que fuera lo último 
que vieras tú, la imagen de color 
que sordamente bullirá en tu nada. 
Este paisaje, esas
rosas, esas moreras ya desnudas, 
ese tímido almendro que aún ofrece 
sus tiernas hojas vivas al invierno, 
ese verde cerrillo
que en lenta curva corta mi ventana, 
y esa ciudad al fondo, 
serán también una presencia oscura 
en mi nada, en mi noche. 
¡Oh pobre ser, igual, igual tú y yo!

En tu noble cabeza
que ahora un hilo blancuzco
apenas une al tronco, 
tu enorme trompa se ha quedado extendida. 
¿Qué zumos o qué azúcares voluptuosamente 
aspirabas, qué aroma tentador 
te estaba dando esos tirones sordos
que hacen que el caminante siga y siga 
(aun a pesar del frío del crepúsculo, aun a pesar del sueño), 
esos dulces clamores, esa necesidad de ser futuros 
que llamamos la vida, en aquel mismo instante 
en que súbitamente el mundo se te hundió 
como un gran trasatlántico que lleno de delicias
y colores choca contra los hielos y se esfuma en la sombra, en la nada? 
¿Viste quizá por último mis tres rosas postreras?
Un zarpazo brutal, una terrible llama roja, 
brasa que en un relámpago violeta se condensaba. 
Y frío. ¡Frío!: un hielo como al fin del otoño 
cuando la nube del granizo
con brusco alón de sombra nos emplomiza el aire. 
No viste ya. 
Y cesaron los delicados vientos
de enhebrar los estigmas de tu elegante abdomen 
(como una góndola, como una guzla del azul más puro) 
y el corazón elemental cesó de latir. 
De costado caíste. 
Dos, tres veces un obstinado artejo tembló en el aire, 
cual si condensara en cifras los latidos del mundo, 
su mensaje final.
Y fuiste cosa: un muerto. 
Sólo ya cosa, sólo ya materia orgánica, 
que en un torrente oscuro volverá al mundo mineral. 
¡Oh Dios, oh misterioso Dios, 
para empezar de nuevo por enésima vez 
tu enorme rueda!

Estabas en mi casa, 
mirabas mi jardín, eras muy bello. 
Yo te maté.
¡Oh si pudiera ahora 
darte otra vez la vida, 
yo que te di la muerte!



Dámaso Alonso.

jueves, 29 de enero de 2015

Formas sobre el mar.






Como una canción que se desprende
de una luna reciente
blandamente eclipsada por el brillo de una boca
Como un papel ignorado
que resbala hacia túneles
precisamente en un sueño de nieves
Como lo más blanco o más querido
Así camina el vago clamor de sombra o amor
Como la dicha
Vagamente cabezas o humo
ese abandonarse a la capacidad del sueño
con flojedad aspira al cenit sin esfuerzo
pretendiendo desconocer el valor de las contracciones
Si me lamento
si lloro como un traje blanco
si me abandono al va y ven de un viento de dos metros
es que indudablemente desconozco mi altura
el vuelo de las aves
y esa piel desprendida que no puede ya besarse más que en pluma
Oh vida
La luciérnaga muda
ese medir la tierra paso a paso
está lleno de conciencia
de espiras de anillos o de sueño
(es lo mismo)
está lleno de inmóvil para lo que está prohibido un corazón
Clavos o arpones
canciones de los polos
hielos de Islandia o focas esperadas
debajo por la piel que no duele y enfría
no impide el sentir
el ver dibujo
el ver corales lentos transcurrir como sangre
como respuestas
como presentimiento de formas sobre el mar

¿Son almas o son cuerpos?
Son lo que no se sabe
Esas fronteras deshechas de tocarse las dos filas de dientes
ese contacto de dos cercanías
que tan pronto es el mar
como es su sombra erguida
como es sencillamente la mudez de dos labios

Así el mundo es entero
el mundo es lo no partido
lo que no puede separar ni el calor
(que ya es decir)
lo que es únicamente no atender a lo urgente
conservar bajo cáscara cataratas de estancia
de quietud o sentido
mientras pasa ya el tiempo como nuez
como lo que ha desalojado el mar súbito a besos
como los dos labios a plomo
triste a luces o nácar bajo esteras.


Vicente Aleixandre.

  Noche inicial Cerrada. Campo desnudo.  Sola la noche inerme.  El viento insinúa latidos sordos contra sus lienzos. La sombra a plomo ciñe ...