martes, 4 de octubre de 2022

 Entega.



Iré a tus manos, limpia, indemne, sin memoria,
renacida de ti y ajena a lo tuyo,
iré a tus manos casta,
desnuda de tus besos.

Sentirás al ceñirme que una rosa de nieve
insinúa en tus palmas su gélida caricia.
Seré para tu cuerpo el lino apaciguante
que sana y que perdona.

¡Deja que vaya en ti más allá de lo mío,
que abandone mi ser por la gloria del tuyo!
¡Aunque me huyas siempre,
iré a tus manos, muerta!

Ernestina de Champourcín.

martes, 27 de septiembre de 2022

 La separación II



Esta felicidad fugitiva,
esto que se me va de las manos,
esto que me devora los días
esto que se llama boca, ojos, pecho, piernas amadas,
corazón alígero, mente como la brisa del amanecer,
pretendo loca y tercamente
fijar de modo
que a tientas en la noche, si despierto,
lo encuentre vivo, intacto, invariable.
No dormir ni perderse en la neblina
podrán estas inmensas realidades,
lanzas del corazón, fuegos de humanidad
que levantaron la existencia de nuestras almas
a donde sólo hay música, sin tiempo ni medida.
Recordarás lanoche suprema
en la ciudad de la roca en pie:
faroles agónicos,
crucificados en las paredes,
bajo campanarios de muda escenografía,
nos esperaban siglos y siglos.
Nos aguardaban las piedras duras del suelo,
los recatados bancos de las plazuelas vacías,
los árboles que cobijaron a los moris y a las cristianas.
Por encima del suelo corrían oraciones y coplas
como en un imposible río de eternidad.
Derramábanse lentas existencias amantes
por los muros fuertes hacia el foso de los amores.
Estaba el cielo tan a la mano y tan desesperadamente lejos,
que nos parecía unas veces boca y, otras, alma.
Supimos entoncens, para nuestra desesperación,
que el cuerpo es algo más que una fruta;
que no basta morder;
que siempre queda lejos algo intacto.
Libres y enlazados por el destino,
subíamos y bajábamos,
sin peso, como pájaros,
rozando, sin herirnos, todo lo triste y agorero de la existencia.

Después, en un olvido presente,
sin otra luz que la embriaguez de la aridad,
vimos venir el nuevo día,
con nuevos montes, árboles, ríos,
caritas humanas, borriquillos de infinita ternura,
torres, caminos, jardines cerrados
en donde hubiéramos querido vivir eternamente.

José Moreno Villa.

viernes, 23 de septiembre de 2022

 Destierro

Noche del alma.


Es la noche sin fin, la desvelada
noche, que con sus filos de cuchilla
implacable recorta en amarilla
muerte, nuestra silueta enajenada.

Vivir, cuando vivir no vale nada,
equivale a sembrar, con la semilla
infecunda, el dolor, que tanto humilla;
de una existencia rota y postergada.

Y el insomnio repite inexorable
el paso de la vida irrevocable,
que, sin dejarse de sentir, se aleja.

¿Dónde nos llevará, tan sin camino,
tan juguete irrisorio del destino,
nuestra razón destartalada y vieja?



Juan José Domenchina.

miércoles, 21 de septiembre de 2022

   BIRDS IN THE NIGHT

El gobierno francés, ¿o fue el gobierno inglés?, puso una lápida
En esa casa de 8 Great College Street, Camden Town, Londres,
Adonde en una habitación Rimbaud y Verlaine, rara pareja,
Vivieron, bebieron, trabajaron, fornicaron,
Durante algunas breves semanas tormentosas.
Al acto inaugural asistieron sin duda embajador y alcalde,
Todos aquellos que fueran enemigos de Verlaine y Rimbaud cuando vivían.

Con la tristeza sórdida que va con lo que es pobre,
No la tristeza funeral de lo que es rico sin espíritu.
Cuando la tarde cae, como en el tiempo de ellos,
Sobre su acera, húmedo y gris el aire, un organillo
Suena, y los vecinos, de vuelta del trabajo,
Bailan unos, los jóvenes, los otros van a la taberna.

Corta fue la amistad singular de Verlaine el borracho
Y de Rimbaud el golfo, querellándose largamente.
Mas podemos pensar que acaso un buen instante
Hubo para los dos, al menos si recordaba cada uno
Que dejaron atrás la madre inaguantable y la aburrida esposa.
Pero la libertad no es de este mundo, y los libertos,
En ruptura con todo, tuvieron que pagarla a precio alto.

Sí, estuvieron ahí, la lápida lo dice, tras el muro,
Presos de su destino: la amistad imposible, la amargura
De la separación, el escándalo luego; y para éste
El proceso, la cárcel por dos años, gracias a sus costumbres
Que sociedad y ley condenan, hoy al menos; para aquél a solas
Errar desde un rincón a otro de la tierra,
Huyendo a nuestro mundo y su progreso renombrado.

El silencio del uno y la locuacidad banal del otro
Se compensaron. Rimbaud rechazó la mano que oprimía
Su vida; Verlaine la besa, aceptando su castigo.
Uno arrastra en el cinto el oro que ha ganado; el otro
Lo malgasta en ajenjo y mujerzuelas. Pero ambos
En entredicho siempre de las autoridades, de la gente
Que con trabajo ajeno se enriquece y triunfa.

Entonces hasta la negra prostituta tenía derecho de insultarlos;
Hoy, como el tiempo ha pasado, como pasa en el mundo,
Vida al margen de todo, sodomía, borrachera, versos escarnecidos,
Ya no importan en ellos, y Francia usa de ambos nombres y ambas obras
Para mayor gloria de Francia y su arte lógico.
Sus actos y sus pasos se investigan, dando al público
Detalles íntimos de sus vidas. Nadie se asusta ahora, ni protesta.

“¿Verlaine? Vaya, amigo mío, un sátiro, un verdadero sátiro.
Cuando de la mujer se trata; bien normal era el hombre,
Igual que usted y que yo. ¿Rimbaud? Católico sincero, como está demostrado”.
Y se recitan trozos del “Barco Ebrio” y del soneto a las “Vocales”.
Mas de Verlaine no se recita nada, porque no está de moda
Como el otro, del que se lanzan textos falsos en edición de lujo;
Poetas mozos de todos los países hablan mucho de él en sus provincias.

¿Oyen los muertos lo que los vivos dicen luego de ellos?
Ojalá nada oigan: ha de ser un alivio ese silencio interminable
Para aquellos que vivieron por la palabra y murieron por ella,
Como Rimbaud y Verlaine. Pero el silencio allá no evita
Acá la farsa elogiosa repugnante. Alguna vez deseó uno
Que la humanidad tuviese una sola cabeza, para así cortársela.
Tal vez exageraba: si fuera sólo una cucaracha, y aplastarla.

Luis Cernuda.

martes, 20 de septiembre de 2022

 Poemas de asedio

    Alma.

Se levantó sin despertarme.
Andaba lenta, aplastándose tanto
hasta pasar bajo imposibles
sitios huecos,
o estirándose fina como un ala
atravesando puertas entreabiertas.

No tenía vista,
pero salvaba los obstáculos
con previsora maestría.

Ni tacto,
pero evitaba las esquinas
sin recibir un golpe.

Ni oído,
pero cuando el portazo aquél,
sobresaltada,
corriendo vino a mí,
en mí escondiéndose
y despertando en mí,
su cuerpo.

Manuel Altolaguirre.

viernes, 16 de septiembre de 2022


Vida.


Ven disfrazada como quieras, muerte:
o rayo, o herida, o nudo que destraba
creyendo aniquilar lo que no acaba,
frustrada pamema que la nada vierte

confundiendo las ruinas con lo inerte
o restrojos con mies que el sol alaba,
según que muerte y vida en uno traba
dando a la tierra abono y al pan suerte.

Jamás muriéndose murió Cervantes,
ni cien mineros yertos, negra entraña,
harían si vivos más vivir España.

Todo lo de hoy viene, venero, de antes.
NI muerto viviré, siempre viviendo.
polvo, trabajo o bulto, sido y siendo.

Max Aub.

martes, 13 de septiembre de 2022

En verdad (Dádaso Alonso)



Los ojos, grandes, ojos
que parecen tentar. Ancha se ve la frente,
hoy que esparcida está en la luz tranquila,
posada, sobre el hervor profundo.
Pálida su mejilla. ¿Callada? 

Aún su forma de niño
ha avanzado hasta aquí. La boca, abajo,
parece que aún pronuncia los nombres: -Madre; la luz; el sueño;
quiero dormir-. Dormir... Pero sus ojos hondos velan, palpan.
Solicitan. Ah, cumplida verdad que un soplo inunda.

Porque este que aquí miráis con fondo madrileño,
nació, risueño un niño, junto al Madrid del Austria
en Madrid popular, y asomó pronto
por la Cava o subió hasta Palacio,
donde juegan los niños en el jardín de Oriente,
frente a la gravedad velazqueña del fondo,
en grises claros que sus ojos copian,
mientras la boca en burla juzga o ríe.

Después la adolescencia, no la turbia -loba-,
pero la clara fuerza en vida hirviente,

frente a los serenados ojos pensadores
-a veces una tristeza mate en su hondo celo.
Con un brillo levísimo,
delicado, que en la palabra da. Y un iris vuela.

Aún le recuerdo, en altas noches
de la ciudad, con frío y ciencia,
mirar largo, cual si la recogiese o sepultase
en su pecho. Y allá perderse
en otro amanecer.
                  O era a la inversa:
Desde el amanecer
salir a luz, entre pinar, cantueso,
por entre las encinas, rozando jaras,
pisar el monte vivo, con pie firme y marchar,
marchar, subir esa ladera,
correr esa cañada, desembocar en llano,
ascender al picacho,
divisar la subida del sol, el ave grande,
las alas grandes que a veces un instante
ponen sombra en la frente,
y allí la libertad, el pecho abierto,
los ojos puros en el aire fuerte,
y el canto. La palabra, otro iris
de cumbre a río, o un puente
para el pie de la vida.

La letra enseña o mata.
Pero este vive
en su doble valor. La vida es breve;
justo para decir
Eulalia. Un soplo cierto

que lentísimo pasa, y en él la letra vive,
significa, reduce, ensancha. El campo, eí mundo.
El universo rueda. Un joven ama.

Nada vale mentir. La verdad ávida
fue la enseña de este vivir. No vale gloria
-vivir- si con mentira muere.
Y si de esa frente el campo
desguarnecido está, y si de esos ojos
la luz cansada tras cristales puja,
por su verdad hoy jura la boca misma que besó y aún ama.
La que adujo verdad con ciencia extrema,
como ese brazo tiende su ademán y señala
al hombre y dibuja el contorno,
y definido está, con tristes luces.

¡Basta! Amor contradicción sería
si no fuera una síntesis humana, y el que condena
levanta, y el que calla no juzga
y el que habla perdona y dulce infiere.
Y: -vosotros-, o -yo-. Lo mismo. Y viven.
Enormemente. Dámaso cual Dámaso.
Macromundo. Total. Que un pecho encierra.

Este que aquí miráis
sus ojos abre. ¿Veis? Es la luz,
la misma luz que redentora sube
desde el niño; que pasa
por los umbrales ciegos donde durmió extendido
-sí, pasaje, verdad-, y sigue y roza
la mejilla callada, la mano lenta que esas hojas dobla,
y la ventana misma por donde ahora ese poniente dulce
se filtra en soplos
hasta tocar los ojos y cerrarlos. Duerme...

Vivir, vivir. Sentidos, pensamientos,
acciones. El mundo; su verdad. La flecha cierta.
Pasada el alma, en pie, cruza aún quien vive.
Y cuando el cuerpo se desplome, el aire
cual Dámaso, empujará la luz de su hondo sueño.

Vicente Aleixandre.

  Noche inicial Cerrada. Campo desnudo.  Sola la noche inerme.  El viento insinúa latidos sordos contra sus lienzos. La sombra a plomo ciñe ...