martes, 25 de enero de 2022

  Digo vivir.


Porque vivir se ha puesto al rojo vivo.
-Siempre la sangre, oh Dios, fue colorada.-
Digo vivir, vivir como si nada
hubiese de quedar de lo que escribo.

Porque escribir es viento fugitivo,
y publicar, columna arrinconada.
Digo vivir, vivir a pulso, airada-
mente morir, citar desde el estribo.

Vuelvo a la vida con mi muerte al hombro,
abominando cuanto he escrito: escombro
del hombre aquel que fui cuando callaba.

Ahora vuelvo a mi ser, torno a mi obra
más inmortal: aquella fiesta brava
del vivir y el morir. Lo demás sobra.

Blas de Otero.


viernes, 21 de enero de 2022

Hombre.


Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando a Dios.
Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.

Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte despierto.
Y, noche a noche, no sé cuándo oirás mi voz.
Oh Dios. Estoy hablando solo.
Arañando sombras para verte.

Alzo la mano, y tú me la cercenas.
Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.

Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
Ser -y no ser- eternos, fugitivos.
¡Ángel con grandes alas de cadenas!

Blas de Otero.

miércoles, 19 de enero de 2022

La tormenta.


¿Víspera? Colmo torpe
se resquebraja.
Van en busca de otro mar
embates de rebotes
de bronce en bronces.
Lívidos, gritos lanza
a los seres el espacio.
Presiente sus límites perdidos.

¡Tinieblas en acecho,
cárdeno sobresalto,
choques! Choques de pasmos
deslumbran a unos cielos
fugados que se huyen.
¡Y se arrojan instantes
atónitos de mármoles
mártires de las lumbres!

Una luz resucita
desnudos.
Silbos sesgos arrebatan lo cierto.
¿Víspera? ¡Viva, viva!


Jorge Guillén.

martes, 18 de enero de 2022

           OTRA NO AMO



Tú, en cambio, sí que podrías quererme;
tú, a quien no amo.
A veces me quedo mirando tus ojos, ojos grandes, oscuros;
tu frente pálida, tu cabello sombrío,
tu espigada presencia que delicadamente se acerca en la tarde, sonríe,
se aquieta y espera con humildad que mi palabra le aliente.
Desde mi cansancio de otro amor padecido
te miro, oh pura muchacha pálida que yo podría amar y no amo.
Me asomo entonces a tu fina piel, al secreto visible de
tu frente donde yo sé que habito,
y espío muy levemente, muy continuadamente, el brillo rehusado de tus ojos,
adivinando la diminuta imagen palpitante que de mí sé que llevan.
Hablo entonces de ti, de la vida, de tristeza, de tiempo...,
mientras mi pensamiento vaga lejos, penando allá donde vive
la otra descuidada existencia por quien sufro a tu lado.

Al lado de esta muchacha veo la injusticia del amor.
A veces, con estos labios fríos te beso en la frente, en súplica
helada, que tú ignoras, a tu amor: que me encienda.
Labios fríos en la tarde apagada. Labios convulsos, yertos, que tenazmente ahondan
la frente cálida, pidiéndole entero su cabal fuego perdido.
Labios que se hunden en tu cabellera negrísima,
mientras cierro los ojos,
mientras siento a mis besos como un resplandeciente cabello rubio donde quemo mi boca.
Un gemido, y despierto, heladamente cálido, febril, sobre el brusco negror que, de pronto, en tristeza a mis labios sorprende.

Otras veces, cerrados los ojos, desciende mi boca triste
sobre la frente tersa,
oh pálido campo de besos sin destino,
anónima piel donde ofrendo mis labios como un aire sin vida,
mientras gimo, mientras secretamente gimo de otra piel que quemara.

Oh pálida joven sin amor de mi vida,
joven tenaz para amarme sin súplica,
recorren mis labios tu mejilla sin flor,
sin aroma, tu boca sin luz,
tu apagado cuello que dulce se inclina,
mientras yo me separo, oh inmediata que yo no pido,
oh cuerpo que no deseo,
oh cintura quebrada, pero nunca en mi abrazo.
Echate aquí y descansa de tu pálida fiebre.
Desnudo el pecho, un momento te miro.

Pálidamente hermosa, con ojos oscuros,
semidesnuda y quieta, muda y mirándome,
¡Cómo te olvido mientras te beso! El pecho
tuyo mi labio acepta, con amor, con tristeza.
Oh, tú no sabes... Y doliente sonríes.
Oh, cuánto pido que otra luz me alcanzase.

Vicente Aleixandre.

viernes, 14 de enero de 2022

 


Mañana será Dios.


Esta yacija, donde se desploma
noche a noche el despojo de mí mismo
no es cauce para el sueño, sino abismo
Al que mi angustia de caer se soma.

La sábana, que cubre y que no toma
la forma de mi cuerpo, en su mutismo,
sin un pliegue de amor, dice lo mismo
que mi despego y en el mismo idioma.

...Mañana será Dios, y su porfía
sacudirá, violenta, al mal dormido
con su irrupción de polvo o nuevo día.

Aquí no hay alta noche, y, tras la hora
más oscura de un cielo descendido,
se enciende el sol, de pronto, sin aurora.

Juan José Domenchina.

jueves, 13 de enero de 2022

 



Qué día tan largo.


¡Qué día tan largo
y qué camino tan áspero,
qué largo es todo, qué largo,
qué largo es todo y qué áspero!
En el cielo está clavado
el sol iracundo y alto.
La tierra es toda llanura, llanura, toda llanura,
y en la llanura... ni un árbol.
Voy tan cansado
que pienso en una sombra cualquiera.
Quiero descanso,
descanso, sólo descanso.
¡Dormir! Y lo mismo me da ya bajo un ciprés
que bajo un álamo.


León Felipe.

martes, 11 de enero de 2022

Profundidad.


Cavernas que a la rosa
se asoman de los vientos,
si las persigna el rayo,
¿augurio de bostezo,

profundidad? No: dime,
tu centro inviolable,
¿hacia qué aurora extática,
rosa sin viento, late?

Mas callarás. E incógnito
-cavernas, bajo el rayo-
el corazón del mundo
late en la sombra, tácito.


  Noche inicial Cerrada. Campo desnudo.  Sola la noche inerme.  El viento insinúa latidos sordos contra sus lienzos. La sombra a plomo ciñe ...