viernes, 31 de enero de 2020

Imagen manual, incompleta (Gerardo Diego).


(Imagen, Manual de Espumas)

Unas cejas espesas,
si unos ojos esquivos.
Quizá miraron antes
unas luces latiendo.
Quedan esas pestañas
ligeras que abanican,
con misterio soplando
aire leve hasta el mundo.
Ojos que allí ocultados
tras un bosque oloroso
miran entre unas ramas.
Cuerpos mudos descubren.
O son estrellas claras,
tal vez espumas, sombras
esbeltas que allí huyen.
Desnudeces y nombres
a porfía persíguense
entre palabras o aves
que de un cielo se ciernen.
Lenguaje alalo, súbitamente
brusco y blanquísimo,
que extiende su ala pura
por un cielo arrasado.
Gerardo, imagen, suma
manual que aquí salpica
para todos, callándose.
Mientras hablan sus nubes.

Vicente Aleixandre.

jueves, 30 de enero de 2020

Los amigos.


Amigos.
Nadie mas. El resto es selva.
¡Humanos, libres, lentamente ociosos!
Un amor que no jura ni promete
Reunirá a unos hombres en el aire,
Con el aire salvándose. Palabras
Quieren, solo palabras y una orilla:
Esos recodos verdes frente al verde
Sereno, claro, general del río.
¡Cómo resbalaran sobre las horas
La vacación, el alma, los tesoros!


Jorge Guillén.

martes, 28 de enero de 2020

Dama de noche.


Dama de noche, estrellada
oscuridad de los ciegos.

Piso tu sombra de luna
y el borde de tu perfume
derramado en el paseo.

Dama de noche, estrellada;
oscuridad de los ciegos.


Manuel Altolaguirre.

viernes, 24 de enero de 2020

Al margen de las mil y una noches: La inminencia.


Entonces dije: "Sésamo-. La puerta
Con suavidad solemne y clandestina se abrió.
Yo me sentí sobrecogido,
Pero sin embarazo penetré.

Alguien me sostenía desde dentro del corazón.
De un golpe vi una sala.
Arañas por cristal resplandecían
Sobre una fiesta aún sin personajes.

Entre espejos, tapices y pinturas
Yo estaba solo. Resplandor vacío
Se reservaba al muy predestinado.

Y me lancé a la luz y a su silencio,
Latentes de una gloria ya madura
Bajo mi firme decisión.
Entonces...

Jorge Guillén.

miércoles, 22 de enero de 2020

Al cumplir mis cincuenta años. Preguntas.


¿Recordar mis esperanzas?
¿Revivir mis ilusiones?
¿Ir hacia atrás? ¿Encontrarme
a media vida, sin vida,
en la sima de un abismo
hundida cumbre del aire?
¿Volver al centro del alma?
¿Romper espejos? ¿Pedir,
pedir a gritos la noche?
No mires atrás, no mires.
Mira al sol y a las estrellas.


Manuel Altolaguirre.

martes, 14 de enero de 2020

Bulto sin amor.

Basta, tristeza, basta, basta, basta.

No pienses más en esos ojos que te duelen,
en esa frente pura encerrada en sus muros,
en ese pelo rubio, que una noche ondulara.

¡Una noche!
Una vida, todo un pesar,
todo un amor, toda una dulce sangre.
Toda una luz que bebí de unas venas,
en medio de la noche y en los días radiantes.

Te amé... No sé.
No sé qué es el amor.
Te padecí gloriosamente como a la sangre misma,
como el doloroso martillo que hace vivir y mata.

Sentí diariamente que la vida es la muerte.
Supe lo que es amar porque morí a diario.

Pero no morí nunca. No se muere. Se muere...
Se muere sobre un aire, sobre un hombro no amante.
Sobre una tierra indiferente para los mismos besos.

Eras tan tierna; eras allí, remotamente, hace mucho,
eras tan dulce como el viento en las hojas,
como un montón de rosas para los labios fijos.

Después, un rayo vengativo, no sé qué destino enigmático,
qué luz maldita de un cielo de tormenta,
descargó su morado relámpago sobre tu frente pura,
sobre tus ojos dulces,
sobre aquellos labios tempranos.

Y tus ojos de fósforo lucieron sin espera,
lucieron sobre un monte pelado sin amores,
y se encendieron rojos para siempre en la aurora,
cielo que me cubriera tan bajo como el odio.

¿Quién eres tú? ¿Qué rostro es ese, qué dureza diamantina?
¿Qué mármol enrojecido por la tormenta
que los besos no aplacan, ni la dulce memoria?
Beso tu bulto, pétrea rosa sin sangre.
Tu pecho silencioso donde resbala el agua.
Tu rostro donde nunca brilla la luz azul,
aquella senda pura de las blandas miradas.
Beso tus manos que no vuelan a labios.
Beso su gotear de un cielo entristecido.
Pero quizá no beso sino mis puras lágrimas.

Esta piedra que estrecho como se estrecha un ave,
ave inmensa de pluma donde en terrar un rostro,
no es un ave, es la roca, es la dura montaña,
cuerpo humano sin vida a quien pido la muerte.

Vicente Aleixandre.

miércoles, 8 de enero de 2020

Duermes.

Duermes.
Mi mano toca sueño.
Duermes.
Gozo de tu inocencia confiada,
de tu implícita forma en esa noche
que hace tan suya con amor la mano.

Te siento dormir sin verte,
serenísima, sagrada,
nunca imagen de la muerte,
y oponiéndote a la nada
triunfar como piedra inerte.

La delicada masa de tu sueño
se espesa junto a mí, sin paz nocturna,
que así convive con la invulnerable,
cuyo retorno al despertar es siempre
la súbita inmersión en nuestra dicha.

Sumido en un calor de dos, el sueño
relaja su clausura, casi abierta
dulcemente hacia el día aún isleño.
Calor, amor.
La historia tras la puerta.

Jorge Guillén.

  Noche inicial Cerrada. Campo desnudo.  Sola la noche inerme.  El viento insinúa latidos sordos contra sus lienzos. La sombra a plomo ciñe ...