jueves, 12 de diciembre de 2019

Estas son mis llaves.



He venido a sembrar mis huesos otra vez
y a abrir las acequias de mis venas.
Estas son mis llaves:
sacad el trigo por la puerta.
El hombre está aquí para cumplir una sentencia,
no para imponerla.
Que suba al ara como la paloma y el cordero.
Y que hable el juez desde su cruz,
no desde su silla.

Levantad el patíbulo.
pero con cada criminal, que muera un justo,
Haced del patíbulo un altar y decid:
Señor, te damos nuestra sangre:
La de la oveja negra
y la de la oveja blanca...
la de los gangsters
y la de los cristos.
Toda la sangre es roja...
y humus para la tierra agonizante.
Con Cristo, pero en los Olivos y en la cruz:
con la fiebre y la hiel,
con la sed y la esponja,
con la sombra y el llanto,
en la humedad cerrada de la angustia,
en el reino de la semilla y de la noche,
esperando... esperando a que broten de nuevo
la espiga
la aurora
y la conciencia.

León Felipe.

jueves, 5 de diciembre de 2019

Cuba dentro de un piano.


Cuando mi madre llevaba un sorbete de fresa
por sombrero y el humo de los barcos
aun era humo de habanero.
Mulata vuelta bajera.
Cádiz se adormecía entre fandangos y habaneras
y un lorito al piano quería hacer de tenor.
Dime dónde está la flor
que el hombre tanto venera.
Mi tío Antonio volvía con su aire de insurrecto.
La Cabaña y el Príncipe
sonaban por los patios del Puerto.
(Ya no brilla la Perla azul del mar de las Antillas.
Ya se apagó, se nos ha muerto).
Me encontré con la bella Trinidad.
Cuba se había perdido y ahora era verdad.
Era verdad, no era mentira.
Un cañonero huido llegó cantándolo en guajiras.
La Habana ya se perdió.
Tuvo la culpa el dinero...
Calló, cayó el cañonero.
Pero después, pero ¡ah! después...
fue cuando al SÍ lo hicieron YES.

Rafael Alberti.

martes, 3 de diciembre de 2019

Dos caminantes - Amparo y Gabriel Celaya.-



El quieto allá, entre máquinas.
Y ella pasaba justa, con su cuerpo preciso,
en calle clara.
Día a día la luz, al fondo el monte verde,
y mar, mar o su son;
suprema limpidez, la espuma al lejos.
Si luz y sombra se confunden, únicas,
en la penumbra enamorada, y brillan,
su resplandor se vierte y, más, se rinde, ondea
cuando sobre las piedras vivas queda a solas.
Pero aquí luz y sombra una tarde de abril bóveda dulce hicieron,
no helor, mas halo o nimbo.
Como el sol cuando cae y las cosas brillar se ven:
la luz emana de ellas.
Así él pasó y ella quedó, o fue a la inversa, y, juntos,
como el sol en la luz, sus sombras fueron.

Poco a poco la vida, como una mano les extrajo y puso
donde hubieran de estar, y allí se miran.
A veces un error es vida en tera;
a veces una luz u olvido pasa
y restablece el ser, que nace y aún pregunta.

La misma voz responde, y es otra; o es otra boca
que con un beso acalla, y le habla el mundo.

Vivir es hacer más, como entender mirar
y ver. Las máquinas prosiguen,
p,ero su son cambió. Su aceite es cálido
como el sudor humano, y su correa quema
cual la piel de la mano que ahora tócala.

Al fondo Urgull o Ulía, montes que se harían seno
para nutrir al hombre que en las nieblas jadea.
La cuidad toda late como un cuerpo cansado.
Junto al humo y las fábricas tendido, y cae la noche.

Ella fresca como la flor, lozana al despertar,
y no al día: al vivir.
El, sentido, vivido, pero naciendo acaso,
más reciente a la vida: el hombre nuevo llora,
exige como el niño. Son azules sus ojos.

La verdad en las manos como una luz es ella
quien la ofrece, y él bébela.
Beberla es conocerla, conocerse.
Y él brilla, desde dentro. Y se callan.

La ciudad queda lejos. Lejos el mar.
Hay mares diferentes, abajo, y un camino de abrojos.
De la mano caminan por la llanura sorda bajo un sol calcinado.
Suben sierras, horadan cañadizos, vadean
arroyos, ríos calientes, llanto y sombra en los bordes.
Al fin juntos hoy llegan: de repente la mar,
los mares, los no-límites. Multitud: en ti súmense.

Vicente Aleixandre.

jueves, 28 de noviembre de 2019

Castillo de Elsinor - Inomnio -.


Yo no veía ningún alma en pena
Vagar ante los muros del castillo.
De pronto percibí desliz de brillo:
Rata alumbrada se asoció a mi escena.

La luna prefería cierta almena,
Y un rayo era ya el dedo en el anillo
Del amor tan audaz y tan sencillo
Que a un oro del futuro se encadena.

Sin historia la rata, primitiva,
Me condujo a un pasado con sus duendes,
Sus príncipes errantes sin consuelo.

Y la rata cruzó por luz de arriba,
De tragedia, de rey.
Tú si me entiendes, Luna.
Todo convive en mi desvelo.

Jorge Guillén.

miércoles, 27 de noviembre de 2019

La roca.



Tanto mundo que he visto, todo el cielo,
ahora cuando estoy solo no me basta
para mi vida ni para mi sueño.

Y sin embargo, cuando estoy contigo,
a flor de esa imprecisa superficie
que es el tiempo pasado sin gozarte,
un anhelo cortándome las alas
reduce los lejanos horizontes
a un pequeño cristal, pronto a perderse,
como la sal, en el profundo olvido.

Junto a ti, frente al mar, nada recuerdo
y dan la luz y el aire molde cóncavo
a mi presente, a la inmutable
y firme roca de amor.
Que nadie nunca diga:
-Ayer la vi- o -la veré mañana-.

Manuel Altolaguirre.

lunes, 25 de noviembre de 2019

Primera navidad.


(A. G. 1959)

Dice nerviosa, la niña:
-¡Santa Claus! No habrá venido-.
Expectantes, vamos todos
A descubrir el prodigio,
Y ante ella, que nos precede,
Surge el Árbol, encendido,
Con sus tesoros. ¡Son muchos!
Y la niña queda en vilo,
Gravemente inmóvil bajo
La amenaza de un peligro.
Es imposible afrontar
Sin terror el Paraíso.

Jorge Guillén.

  Noche inicial Cerrada. Campo desnudo.  Sola la noche inerme.  El viento insinúa latidos sordos contra sus lienzos. La sombra a plomo ciñe ...