jueves, 4 de julio de 2019

El retrasado.


De prisa, de prisa, de prisa
¡Paso!
A los pies el alma se lanza,
y el sol por el suelo se alisa.
¡Qué bello, por fin mi atropello!
El suelo a este paso se rinde más raso.
La vida es cruel y precisa
¡Cómo ahora se abraza a mi tardanza!
De prisa, de prisa, de prisa.

Jorge Guillén.

miércoles, 3 de julio de 2019

La nieve.



Lo blanco está sobre lo verde,
Y canta.
Nieve que es fina quiere
Ser alta.

Enero se alumbra con nieve, si verde,
Si blanca.
Que alumbre de día y de noche la nieve,
La nieve más clara.

¡Nieve ligera, copo blando,
Cuánto ardor en masa!
La nieve, la nieve en las manos
Y el alma.

Tan puro el ardor en lo blanco,
Tan puro, sin llama.
La nieve, la nieve hasta el canto
Se alza.

Enero se alumbra con nieve silvestre.
¡Cuánto ardor! Y canta.
La nieve hasta el canto -la nieve, la nieve-
En vuelo arrebata.

Jorge Guillén.

martes, 2 de julio de 2019

Idea.


A Fernando Villalón

Lejano amigo íntimo:
tan distante estás ya,
que tu reflejo en mí
no puede ser más hondo.

Tu recuerdo es profundo,
como grande es tu ausencia,
y tan largo el camino
que has andado en la muerte
como el que recorriste
traspasando mi alma
al subir a tu gloria.

Manuel Altolaguirre.

lunes, 1 de julio de 2019

Cuarto par. Óleo.


Quizá nunca fue niña: anciana,
vieja: vieja vida vivida, y aún en su ojo turbio y neto,
vividera. ¿Cuál fue el capricho de este pintor ilustre
que aquí la puso? No fue una bruja que descendida de una escoba, mira con sorna y punge
un gesto de contrición: se salva
—aunque tan solo sea por el color o el fino
pincel que una a una recobra esas verdades que hacen del cuerpo humano
la sola verdad neta ante estos ojos:
otros ojos humanos que salvan, pues responden.
Oh, no; el pintor le dijo: «Párate». Y ella pasaba,
no descendida de una escoba ilustre (ilustre pues que vuela),
sino apoyada solo en su palo, y va lenta.
Unos instantes mira. Seguro ahí preguntaba. Y aún si te fijas,
vieja, viejísima no cesa de preguntar: solo en ti fía.
Ella tenía un pelo gris, escaso el moño:
tirante malla de la sien, remata arriba, en punta, acaso una escobita,
un plumerillo, un signo irónico.
Sorbiendo todo hacia detrás, el resto: la cara, si eso es un rostro
y no un resumen triste.
Los ojos,inscritos en el puñado prieto de arruguillas,
guiñan como un candil; mas ¿qué los vela?
¿Humor? ¿Sazón? Hay dos cristales
y detrás ¿hay la burla? Son cristales
enmarcados por dos alambres pobres, tras los que ya no brilla
sino la ciencia de que ya no brillan: pero aún ríen.
Tras los turbios cristales chicos, que sujeta el alambre,
docta pupila tuércese como sabiendo, desde su nube próxima,
¡y tan lejos! ¿Lejos? Esas pupilas casi ciegas pican,
picotean, apuntan, tornan, tuércense y despuntan
en esta realidad. Y alguien lo supo.

Este pintor le dijo: «Párate». Inquiría
su barbilla, ¿Pues qué? Su olfato a tierra
iba, mitad por la largura de su nariz, mitad por su inclinado cuerpo
curioso cada vez más de tierra solo.
Y esta sombra apurada, todavía con su palo que rama fuera un día,
en olor y colores; con su palo bien hondo en tierra, apóyase
mano en mano, y en palo, y mira recto.
-Buenas tardes —le dijo el pintor—: ¿De regreso?-
¿El la veía volando? Irónico el pintor la puso en tierra.
Y el palo, solo, sin la escobilla o flor de la vejez o industria,
que es otra salvación de azufres, vívida.

El pico de la nariz, el otro pico inverso
de la barbilla, las gafas alambradas,
ia turbia pez de sus pupilas, de pronto pegajosas
a lo que miran, el cuello despojado,
el sorbo corporal, la pierna, el pie, o el garabato tuerto:
una interrogación en tierra. Y ved ahí al pintor que no se ve y saluda.
Saludos a esta madre. -Dígame, madre-... ¿acaso Celestina?
-Dígame, buena madre-... Grueso el pintor así le dijo riendo:
ahí se le escucha cuando la pintaba.

Vicente Aleixandre.

viernes, 28 de junio de 2019

La voz a ti debida. (Versos 2124 a 2149)


¡Si tú supieras que ese
gran sollozo que estrechas
en tus brazos, que esa
lágrima que tú secas
besándola, vienen de ti, son tú,
dolor de ti hecho lágrimas
mías, sollozos míos!

Entonces ya no preguntarías
al pasado, a los cielos,
a la frente, a las cartas,
qué tengo, por qué sufro.
Y toda silenciosa,
con ese gran silencio
de la luz y el saber,
me besarías más,
y desoladamente.

Con la desolación
del que no tiene al lado
otro ser, un dolor
ajeno; del que está
solo ya con su pena.
Queriendo consolar
en un otro quimérico
el gran dolor que es suyo.


Pedro Salinas.

jueves, 27 de junio de 2019

Pradera.

El pecho de mi caballo
ancho se agranda viniendo
solo y desnudo, trotando.
Un silencio transparente
cubre con su luz el llano.
Con larga cola ondulada
la grupa de mi caballo
se aleja sola y desnuda,
nube redonda trotando.

Manuel Altolaguirre.

miércoles, 26 de junio de 2019

Alba.


Los montes, limpios del azul dormido, amanecen.
El viento rayan, frescos,
con su cristal aguado y quedan altos,
su corte renovado, filo al cielo.

Livideces inquietas en el aire
se arredran de la luz.
Pierden su cuerpo en la huída.
Jirones naturales señas de fugas dan y desaliento.

Entra la luz a pausas.
Se dilata el cauce en ondas poderosas, tenso,
ancho, pleno, invasor.
Derrota diáfana de las sombras: tumulto equino ciego.

¡Qué llanuras!
Galopes de lo oscuro, desbridados.
Seguro paso lento, con mando, de la aurora, joven, terca,
pastora de la luz-pero sin cuerpo-.

¡Vellones primerizos! Blancos, rosas,
pastan las sombras frescas, y dan, bellos,
copia de bultos claros por las lomas.
Silencio es el cristal tranquilo, quieto.

Esquilas de la luz titilan límpidas,
iniciales, hiriendo el brillo terso.
Azules ecos dan las sumas breves, instantáneas.
Espejan los reflejos.

Los verdes de la tierra calma y planta
son a bullicios de los copos nuevos,
en tropel, baladores, por oriente,
lana de luz, vellòn de sol y cielo.

Aurora vigilante entre matices
sucesivos, no pierdes el secreto
orden que rige tu virtud creciente,
implacable y sutil guardián de céfiros.

Normas despliegas en el fausto trance
-¡cuidado!-y lo apacientas con perfecto
amor, si bella, si armoniosa, firme,
plantada sobre el haz, luciente el gesto.

Crepúsculos acaban.
Vive el día.
Los llanos cenizosos, dulces, tiernos
a blancos dientes luminosos tallos
ofrécenles, crujientes los destellos.

¡Consumidas las sombras!
Ya las luces reposan en lo sumo del otero.
El fresco corre contenidamente
y reflejos y azul buscan el sueño.

Vicente Aleixandre.

  Noche inicial Cerrada. Campo desnudo.  Sola la noche inerme.  El viento insinúa latidos sordos contra sus lienzos. La sombra a plomo ciñe ...