jueves, 25 de abril de 2019

Sed del alma.


No quiere que su alma
le siga creciendo.
Cerraba los ojos.
¡Que no pase el tiempo!
Imposible.
Escucha cómo el alma bebe
latido a latido
ese su alimento.

Manuel Altolaguirre.

miércoles, 24 de abril de 2019

Donde ni una gota de tristeza es pecado.

Allá en los montes otros,
cuerpo perdido, mares retirados;
allá en los montes otros,
donde ni una pena pequeña o engendrada
se lamenta como un hilo blanco,
como la brisa o barco derivando.

Allá por las serenas
luces de más allá, más todavía,
por donde los navios como rostros
dulcemente contraídos no llevan su pasaje,
pero resbalan mudos
hasta dar en lo opaco como lienzos.

Todos dormidos,
mares, túneles, vientres y cadenas,
todos respirando despacio
una tinta emitida por una boca triste,
todos echando luz o pena como lana,
todos aquí besando el cristal mágico.

Como leche extendida,
como zozobra que se aplaca,
como empañado espejo que no es ojo
porque como está gris el humo es suyo,
todos piedras redondas como cielo
descansan su destino tibiamente.

Adiós. Ruedan las dichas,
ruedan penas de hierba sosegada,
ese rumor blandura o esperanza,
crepitan ya los ayes amarillos
que bajo el pie son aguas como espejos.

Inauguran festejos las espinas
que en silencio desfilan sin herirse,
estallan los contactos al pasaje
bajo nubes rizadas como adioses.

Adiós.
Bajo las sombras,
por entre las ruinas y los pechos,
tropezando en esquinas o en latidos,
sombra, luna, pavor velando pasan,
mundo
            (adiós)
                            trasladado
                                                (amor)
                                                              remoto.


Vicente Aleixandre.

martes, 23 de abril de 2019

Castillo de Elsinor. Insomnio.



Yo no veía ningún alma en pena
Vagar ante los muros del castillo.
De pronto percibí desliz de brillo:
Rata alumbrada se asoció a mi escena.

La luna prefería cierta almena,
Y un rayo era ya el dedo en el anillo
Del amor tan audaz y tan sencillo
Que a un oro del futuro se encadena.

Sin historia la rata, primitiva,
Me condujo a un pasado con sus duendes,
Sus príncipes errantes sin consuelo.

Y la rata cruzó por luz de arriba,
De tragedia, de rey.
Tú si me entiendes, Luna.
Todo convive en mi desvelo.

Jorge Guillén.

lunes, 22 de abril de 2019

Luz y sombra.


El que espera y olvida
siempre goza la luz
porque el olvido es blanco
y se pierde en el mar
y la esperanza es blanca
y se pierde en el cielo.

El que recuerda y teme
siempre vive en la noche
porque el recuerdo es negro
y se clava en la tierra,
porque el temor es negro
y se pierde en el bosque.


Manuel Altolaguirre.

miércoles, 17 de abril de 2019

Rama de otoño.



                  Cruje Otoño.
Las laderas de sombra se derrumban en torno.

                  Árbol ágil.
Mundo terso, mente monda, guante en mano al aire.

                  ¡Cómo aguzan
su pormenor tranquilo las nuevas nervaduras!

                  Chimenea:
exáltame en resumen lejanías de sierras.

                  ... Sí, se enarca,
extremo estío, la orografía de la brasa.


Jorge Guillén.

martes, 16 de abril de 2019

La voz a ti debida (Versos 1471 a 1500).


¿Hablamos, desde cuándo?
¿Quién empezó? No sé.
Los días, mis preguntas;
oscuras, anchas,
vagas tus respuestas: las noches.
Juntándose una a otra
forman el mundo, el tiempo
para ti y para mí.
Mi preguntar hundiéndose
con la luz en la nada, callado,
para que tú respondas
con estrellas equívocas;
luego, reciennaciéndose
con el alba, asombroso
de novedad, de ansia
de preguntar lo mismo
que preguntaba ayer,
que respondió la noche
a medias, estrellada.
Los años y la vida,
¡qué diálogo angustiado!
Y sin embargo, por decir casi todo.
Y cuando nos separen
y ya no nos oigamos,
te diré todavía:
“¡Qué pronto!
¡Tanto que hablar, y tanto
que nos quedaba aún!”.

Pedro Salinas.

lunes, 15 de abril de 2019

Mi voz primera.


A Pablo Neruda

Entre alaridos se sostiene
su débil rama,
entre escombros de guerra,
viva en mi corazón endurecido,
como una flor sencilla
entre las piedras del pasado,
está mi voz primera,
la inocente palabra de mis versos,
esperando que se retiren los fantasmas,
se ordenen los quebrados edificios,
se cierren las trincheras.

Hoy la flor del almendro
conoce las abejas de la muerte,
el insecto que anida en los fusiles,
y el agua del remanso, que se daba
a la caricia de algún pie desnudo,
sufre durante todo el largo día
un desfile de botas militares.

No buscan los tesoros de las minas
los insistentes golpes de los picos,
ni los profundos cráteres, abiertos
por los disparos de la artillería,
son para repoblar de selva el monte.

Es la guerra, mi voz acostumbrada
a cantar el amor y el pensamiento,
llora esta vez el odio y la locura.
Fuera de sí mi voz llora el ardiente
delirio de un incendio apasionado,
llora su rojo fuego vengativo.

Manuel Altolaguirre.

  Noche inicial Cerrada. Campo desnudo.  Sola la noche inerme.  El viento insinúa latidos sordos contra sus lienzos. La sombra a plomo ciñe ...