jueves, 21 de febrero de 2019

La que le habla a él.


¡Cállate, por Dios, que tú
no vas a saber decírmelo!
¡Deja que abran todos mis
sueños y todos mis lirios!

Mi corazón oye bien
la letra de tu cariño...
El agua lo va temblando
entre las flores del río;

lo va soñando la niebla,
lo están cantando los pinos
-y la luna rosa- y el
corazón de tu molino...

¡No apagues, por Dios, la llama
que arde dentro de mí mismo!
¡Cállate, por Dios, que tú
no vas a saber decírmelo!

Juan Ramón Jiménez.

miércoles, 20 de febrero de 2019

Presencia del campo.


Como una rueda visible
del cielo, la luna roja
va acarreando la noche
sobre la campiña sola.

-Aquí y allá, en las colinas,
los perros, ya entre las sombras,
se vuelven, un punto, y ladran
a su enorme luz redonda-.

Lo que trae el carro es sueño
de no sé qué mano pródiga,
de cuyo dueño, tan sólo
se ven estrellas remotas.

Juan Ramón Jiménez.

martes, 19 de febrero de 2019

Sin ella.


Mi soledad ausente.
¡Qué soledad sin soledad!
Sentirme solo al lado
de tanta compañía,
solo, sin soledad.

Encontrarme perdido,
sin solución, disuelto
en una muchedumbre.

¡Qué ruinas polvorientas
la compañía de todos!

¡Qué edificio sereno,
concentrado, profundo,
mi soledad ausente!

Manuel Altolaguirre.

lunes, 18 de febrero de 2019

Silenciosamente.


La tarde se contempla desde el monte
Fijada con aplomo en el silencio.
Silencio tan continuo da al espacio
Tersura de materia, calma limpia,
Profundidad de cauce donde fluye,
Visible río largo, la corriente
Del tiempo, de mi tiempo, de esta vida
Perdida y no perdida que me aclara
Su ingenuidad de tránsito brevísimo.
Viajes, conversaciones, escrituras
Van convergiendo hacia su seco término,
Y el presente sutil y tan precario
Palpita sin cesar entre amenazas
Mayores cada vez, que así me empujan
Al todavía oscuro desenlace:
Habrá de ser hostil... A nuestro campo
De la tarde ensombrece propia nube,
Y se nos trasparenta ya un vacío,
El último vacío en el silencio
Claro, muy claro y simple donde corre,
Se pierde, se nos pierde a nuestra vista
-Aunque se salve y dure esta amplitud
A través del silencio poseído
Por alguien- nuestro curso condenado.

Jorge Guillén.

viernes, 15 de febrero de 2019

Llanto errante.


Dormido sentí mi llanto
separarse de mi cuerpo,
subir hasta tu sonrisa,
alejarse por el sueño.

Un llanto errante, sin ojos,
para el dolor, mientras duermo.
Y tu sonrisa, su nube,
blanca, perdida, en el cielo.


Manuel Altolaguirre.

jueves, 14 de febrero de 2019

La última muerte.



La última muerte de esta guerra
se desprendió de su ruina.
Un huracán. Quedó la tierra adolescente,
matutina.

El virginal renacimiento
iluminó al superviviente.
Enmudecido quedó el viento
ante la vida diferente.

Sobre el luciente acantilado
contemplando la lejanía,
devuelta a su primer estado
bajo la hermosa luz del día,

con inocencia y con olvido,
con esperanza y con anhelo,
a ningún yugo sometido,
nadador libre para el vuelo,

está el hijo de la victoria,
nacido de un alba sangrienta,
desnudo, cubierto de gloria
al amainarse la tormenta.

Se retiran los horizontes
y se dilatan las alturas,
como suspiros son los montes
sobre la paz de las llanuras.

El llanto antiguo por la guerra
sobre la flor se hace rocío.
La noche está bajo la tierra:
es un sepulcro negro y frío.

Como cortinas funerales
que pendieran de los confines,
colgando están los vendavales
sus caudalosas, negras crines.

Sobre el abismo de la muerte
están los cielos de la vida.
Un hombre nuevo, sano y fuerte,
junto a las águilas anida.


Manuel Altolaguirre.

miércoles, 13 de febrero de 2019

Para verte tu alma.


Te deshojé, como una rosa,
para verte tu alma,
y no la vi.
            Mas todo en torno
-horizontes de tierras y de mares-
todo, hasta el infinito,
se colmó de una esencia
inmensa y viva.

  Noche inicial Cerrada. Campo desnudo.  Sola la noche inerme.  El viento insinúa latidos sordos contra sus lienzos. La sombra a plomo ciñe ...