miércoles, 7 de noviembre de 2018

La voz a ti debida. (Versos 285 a 309)


¿Por qué tienes nombre tú,
día, miércoles?
¿Por qué tienes nombre tú,
tiempo, otoño?
Alegría, pena, siempre
¿por qué tenéis nombre: amor?

Si tú no tuvieras nombre,
yo no sabría qué era
ni cómo, ni cuándo. Nada.

¿Sabe el mar cómo se llama,
que es el mar? ¿Saben los vientos
sus apellidos, del Sur y del Norte,
por encima del puro soplo que son?

Si tú no tuvieras nombre,
todo sería primero,
inicial, todo inventado por mí,
intacto hasta el beso mío.
Gozo, amor: delicia lenta de gozar,
de amar, sin nombre.

Nombre: ¡qué puñal clavado
en medio de un pecho cándido
que sería nuestro siempre
si no fuese por su nombre!

Pedro Salinas.

martes, 6 de noviembre de 2018

Elegía a Federico García Lorca.


Me olvido de vivir si te recuerdo,
me reconozco polvo de la tierra
y te incorporo a mí, como lo hace
la parte más cercana de tu tumba,
esa tierra insensible que suplanta
el amoroso afán de tus amigos.

Acabada tu vida, permanece
con su total contorno dibujado:
no hay puerta que te lleve a lo futuro.

El árbol de tu nombre ha florecido
en una incalculable primavera.

La muerte es perfección, acabamiento.
Sólo los muertos pueden ser nombrados.
Los que vivimos no tenemos nombre.

Los míticos honderos de la fama
tiran los cantos de tu nombre al mundo
y el lago de la vida abre sus ojos
con párpados de vidrio interminables:
No hay montaña, no hay cielo, no hay llanura,
que en círculos concéntricos no agrande
el eco de tu nombre esclarecido.

No es dolor fraternal, no es pena humana,
es parte, mi pesar, del sentimiento
que hace de las estrellas pensativas
flores sobre la noche que te cubre.

Te escribo estas palabras separado
del cotidiano sueño de mi vida,
desde un astro lejano en donde sufro
tu irreparable pérdida llorando.

Manuel Altolaguirre.

lunes, 5 de noviembre de 2018

No hay consejo posible.


Fuera lógico, amigo, que al final de la vida
pudiéramos legar una norma o un consejo,
práctico, de moral o de táctica alegre;
algo para vivir con dignidad y gusto.

Porque mi angustia es ver con entera evidencia
que la vida es más grande, más llena de posibles,
más honda, más extensa, más íntima y sensual
que la tocada en suerte a cada ser humano.

Pero, amigo, no hay lógica. La experiencia no sirve.
Cada momento es nuevo hasta el rato final.
Todo cambia al contacto de nuevas convergencias.

Por eso los abuelos decían -Ya veremos...
Ya veremos qué día se presenta mañana».
Y es que cada minuto viene en combinaciones.


José Moreno Villa.

viernes, 2 de noviembre de 2018

Pan.


En el pan de tanta miga
-apretadamente suave-
a más sol de julio sabe,
dorada quietud de espiga,
la corteza. Siga, siga
variando el atractivo
del festín. Está cautivo
mi gusto. Bien lo acompaña
-Esencia que fuese entraña-
el pan, el pan sustantivo.

Jorge Guillén.

miércoles, 31 de octubre de 2018

Rostro final.


La decadencia añade verdad, pero no halaga.
Ah, la vicisitud  no se cancelará,
pues todo es el tiempo.
Más sí su doloroso error, su poso triste.
Más bien su torva imagen.
su residuo imprimido: allí el horror sin máscara.
Pues no es el viejo la máscara sino otra desnudez impúdica;
más allá de la piel se está asomando, sin dignidad.
Desorden: no es un rostro el que vemos.
Por eso, cuando el viejo exhibe su hilarante visión
se ve entre rejas, degradado el recuerdo de algún vivir,
 y asoma la afilada nariz, comida o roída, el pelo quedo,
estopa, la gota turbia que hace el ojo,
y el hueco o sima donde estuvo la boca y falta.
Allí una herida seca aún se abre y remeda algún son: un fuelle triste.
Con garfios cogidos a los hierros, mascullándose
sonidos rotos por unos dientes grandes, amarillos,
que de otra especie son, si existen.
Ya no humanos.
Allí tras ese rostro un grito queda,
un alarido suspenso, la gesticulación sin tiempo...
Y allí entre hierros vemos la mentira final.
La ya no vida.

Vicente Aleixandre.

martes, 30 de octubre de 2018

Lo invisible. No me has querido.



No me has querido y huyes por tus años,
dejándome el recuerdo permanente
de una durable juventud perfecta.
Otros verán tu vida deshacerse.
Yo conservaré siempre en mi memoria
lo que mis ojos no tendrán en suerte.
Dejarás de ser tú aunque no mueras;
aunque no vivas te tendré en mi frente.
Siempre joven serás en mi recuerdo.
Esto gané, mi vida, con perderte.


Manuel Altolaguirre.

lunes, 29 de octubre de 2018

Orilla vespertina.


El mar en el sosiego de esta hora
De este retiro, casi una ensenada,
Se torna lago, lago de crepúsculo
Donde no insisten nunca los instantes
Del apenas azul
Ya gris,
Un gris rosado que se vuelve rosa
Con indicios de malva,
Malva sobre el sosiego
Lentamente más gris, menos azul
De esta orilla marina,
O fluvial, o lacustre.
Barcas, y solitarias,
Y pocas. No las mece el oleaje.
Con indolencia de final de día
Recogen la difusa
Ya paz,
Una paz de abandono
Sobre el gris de las aguas
Laxitud, que es ya tregua,
La dulce laxitud
Del día bien cumplido
Con sus rosas el mar
Aspira a perfección, espera el sueño.

Jorge Guillén.

  Noche inicial Cerrada. Campo desnudo.  Sola la noche inerme.  El viento insinúa latidos sordos contra sus lienzos. La sombra a plomo ciñe ...