jueves, 7 de junio de 2018
El infierno.
No tengo más documentos de mí mismo
que este barro mal hecho y mal cocido
en el que nadie pondrá jamás su orgullo...
ni los hombres, ni Dios... ni yo tampoco.
No reniego.
Pero así, con esta estructura desconchada y torcida,
yo no acudo ni me presento ante la Luz.
Déjame volver a la pella, al torno, al punzón,
al horno otra vez, invisible Alfarero.
¿Para qué hablar como un fatal castigo
de las terribles llamas del infierno
si todo va a ocurrir como un deseo
heroico y profundo del soplo y de la forma
que no se han encontrado todavía...
y su amoroso lecho nupcial está en el fuego?
León Felipe.
miércoles, 6 de junio de 2018
Tarde.

Mejor que tú, pensamiento,
este olvido de enramada
donde todo vive en nada:
hoja al sol, pájaro al viento.
De azul de luz sin cimiento,
¡qué cúpula!
Maravilla de ingravidez amarilla.
Mejor, pensamiento, el río;
donde apenas moja el frío
de su límite la orilla.
Juan José Domenchina.
martes, 5 de junio de 2018
Pleno amor.

I
¿Amor envuelve en las formas
de un viento? Se transfigura
bajo un viento nuestro abrazo:
concentrándose está en lucha.
Triunfo habrá para los dos, gocémonos.
¡Oh, no hay burla contra la fe
ya animal de toda la criatura!
Desaparece la estancia.
Una luz de anhelo y súplica
crea un ámbito al amor
con muros de sombras juntas.
Infinita, sí, trascurre
la noche. Pero se ajusta
-con la precisión de un mundo
soñado por la absoluta
claridad- a este clarísimo
destino: nuestra ventura.
Y la ventura despacio
va confiándose -nunca
más estrellas en el cielo-
a una pesadumbre suya.
Mientras -la carne es también
alma, reina tu blancura-
un ritmo acoge y acrece
la obstinación -¡qué profunda
masa tanta noche en vela!-
de esta casi calentura,
de este buen ardor.
Palpitan, humildemente nocturnas,
las estrellas como si
regalasen una luna de paz.
Paz en la verdad.
II
En la verdad.
Y se anuncia lo más fabuloso.
¿Tumba para una resurrección,
para llegar a ser pluma
casi indistinta del aire,
aire sobre el mar, espuma
que fuese nube en un cielo
con voz de mar?
No hay más ruta
que este más allá mortal:
vértigo de una dulzura
que de más vida en más vida
se atropella, se derrumba,
-¡llega a tal embriaguez
el ser que desde su altura
conspira al derrumbamiento!-
y va a la noche desnuda
con un ansia de catástrofe,
o de postrer paz, en fuga
final ¿hacia qué reposos,
qué aplanamientos, qué anchuras?
¿O hacia la aniquilación desesperada?
Concluya, concluya tanta inminencia.
Todo se confía -nunca más estrellas en el cielo-
a su pesadumbre muda, fatal.
¡Sea!
Fatalmente puede más que yo la angustia
que me entrega a la catástrofe,
-todo conmigo sucumba-
que no será… que no es una catástrofe -
¡brusca perfección!- por más que abdique,
y se desplome y se hunda
-amor, amor realizado-
el alma en su carne: puras.
Jorge Guillén.
lunes, 4 de junio de 2018
Amor Noche.

El alma es igual que el aire,
con la luz: se hace invisible,
perdiendo su honda negrura.
Sólo en las profundas noches
son visibles alma y aire.
Sólo en las noches profundas.
Que se ennegrezca tu alma
pues quieren verla mis ojos.
Oscurece tu alma pura.
Déjame que sea tu noche,
que enturbie tu transparencia.
¡Déjame ver tu hermosura!
Manuel Altolaguirre.
viernes, 1 de junio de 2018
Ansiedad para el día.
Esta conciencia del aire extenso ocupa su sitio justo, su centímetro sobre mi pecho alerta. El campo está vencido y si canto no podré rematar mi canción que se mueve bajo el agua. Un pez dormido en el regazo no puede sonreír, por más que se deslía sobre su lengua fría la imagen ya perdida. Quién pudiera encontrar aquella dulce arena, aquella sola pepita de oro que me cayó de mi silencio una tarde de roca, cuando apoyaba mis codos sobre dos lienzos vacilantes que me ocultaban mi destino. Una bota perdida en el camino no reza en desvarío, no teme a la lluvia que anegue sus pesares. Y un hombre que persigue perderá siempre sus bastones,
su lento apoyo, enhebrado en la hermosura de su ceguera. Nada como acariciar una cuesta, una cuneta, una dificultad que no sea de carne, que no presienta la nube de metal, la que concentra la electricidad que nos falta. Por eso es bueno encontrar un navio. Para bogar, para perder la lista de las cosas, para que de pronto nos falte el dedo de una mano y no lo reconozcamos en el pico de una gaviota. Poderse repasar sin saludo. Poder decir no soy aunque me empeñe. Poder decir al timonel no hay prisa, ¿sabe usted?, porque la luz no desciende en forma de naipes y no tengo miedo de marrar mi triunfo. Puedo tener un lujo, el de la superficie, el de esta burbuja, el de aquella espina, parece mentira, que viene bogando, que no encuentra la carne que le está destinada. Estoy perdido en el océano.
Porque no me contemplo. Podéis enseñarme esa ola gigantesca hecha solo de puños de paraguas, esa ruidosa protesta sin resaca. No me asombro, conservo mi nivel sobre el agua, puedo todavía mojar mi lengua en el subcielo, en el azul extático. Pero si llegas tú, el monstruo sin oído que lleva en lugar de su palabra una tijera breve, la justa para cortar la explicación abierta, no me defiendo, me entrego a sus aletas poderosas. ¿Qué falsa alarma ha rizado las gargantas de las sirenas húmedas que yo solo presiento en forma de lijas traspasadas, dormidas sobre su silencio? Una orilla es mi mano. Otra mi pierna. Otra es esta canción silvestre que llevo en anillo dentro de mí, porque no quiero jaulas para los canarios, porque detesto el oro entre los dientes y las lágrimas que no sirven para abrir otras puertas. Porque voy a romper este cristal de mundo que nos crea; porque me lo está pidiendo ese bichito negro que os sale por la comisura de la boca. Porque estáis muertos e insepultos.
En lugar de lágrima lloro la cabeza entera. Me rueda por el pecho y río con las uñas, con los dos pies que me abanican, mientras una muchacha, una seca badana estremecida, quiere saber si aún queda la piel por los dos brazos.
Vicente Aleixandre.
jueves, 31 de mayo de 2018
Amor de muchos días.

Entre viandas, frutas, dulces, manteles, platos,
Entre el hervir y el congelarse, tú misma, tú,
Idéntica a tu forma feliz en los trabajos,
Sin contraste, continua, sobre el esfuerzo tú.
Jorge Guillén.
miércoles, 30 de mayo de 2018
Historias fuera de mí.
Cuando volví de acompañarte,
en el lugar de nuestro encuentro
me vi aislado, hecho luz.
Me tropezaban personas sin espíritu.
Los planos de mi esencia navegados
por la compacta multitud.
Me recogí a mí mismo
aprisionando con mi forma
lo derramado y olvidado,
antes de verte,
y me fui a casa
donde volví a probarme
el amplio traje de mi soledad.
Manuel Altolaguirre.
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