miércoles, 23 de mayo de 2018

El cielo que es azul Ardor.


Ardor. Cornetines suenan
tercos, y en las sombras chispas
estallan. Huele a un metal
envolvente. Moles. Vibran
extramuros despoblados
en torno a casas henchidas
de reclusión y de siesta.
En sí la luz se encarniza.

¿Para quién el sol? Se juntan
los sueños de las avispas.
¿Quedará el ardor a solas
con la tarde? Paz vacía:
cielo abandonado al cielo,
sin un testigo, sin línea.
Pero sobre un redondel
cae de repente y se fija,
redonda, compacta, muda,
la expectación. Ni respira.
¡Qué despejado lo azul,
qué gravitación tranquila!

Y en el silencio se cierne
la unanimidad del día,
que ante el toro estupefacto
se reconcentra amarilla.

¡Ardor: reconcentración
de espíritus en sus dichas!
Bajo Agosto van los seres
profundizándose en minas.

¡Calientes minas del ser,
calientes de ser! Se ahíncan,
se obstinan profundamente
masas en bloques. ¡Canícula
de bloques iluminados,
plenarios, para más vida!
Todo en el ardor va a ser,
¡amor!, lo que más sería.

¡Ser más, ser lo más y ahora
alzarme a la maravilla
tan mía, que está aquí ya,
que me rige! La luz guía.


Jorge Guillén.

martes, 22 de mayo de 2018

Álamos con río.




(Antonio Machado)

Frente al blanco gris del cerro,
Al par del río la ruta
Divisa con ansiedad
Álamos : perfil de lluvia.

Mansamente el río traza
Su recreo curva a curva
Mientras en leve temblor
Los álamos se dibujan,

Y tan verdes como el río
Follaje a follaje arrullan
Al dichoso de escuchar
Álamos de casi música.

Dichoso por la ribera
Quien sigue al río que aguza
La compañía en el agua,
En los álamos la fuga.

Junto a las trémulas hojas
Alguien , solitario nunca,
Habla a solas con el río.
¡Álamos de brisa y musa!


Jorge Guillén.

lunes, 21 de mayo de 2018

Anillo II.



Aunque el deseo precipita un culto
Que es un tropel absorto, da un rodeo
y en reverencia cambia su tumulto,
Sin cesar renaciente del deseo...

Sobre su cima la hermosura espera,
Y entregándose toda se recata
Lejos -¿cómo ideal y verdadera?-
Tan improbable aún y ya inmediata.

¡Es tan central así, tan absoluta
La Tierra bien sumida en universo,
Sin cesar tan creado! ¡Cuánta fruta
De una sazón en su contorno terso!

El amor está ahí, fiel Infinito
-No es posible el final- sobre el minuto
Lanzando de una vez, aerolito
Súbito, la agresión de lo absoluto.

¡Oh súbita dulzura! No hay sorpresa,
Tan soñado responde el gran contento.
Y por la carne acude el alma y cesa
La soledad del mundo en su lamento.


Jorge Guillén.

viernes, 18 de mayo de 2018

Sueño común.



Aunque enormes las casas, de más bulto
Son los sueños a coro en esta hora
De tanta paz que a coro se demora
Sobre la sien del niño y del adulto.

No hay cólera que sienta ya el insulto
Justificado frente a quien implora
Con semblante de paz serenadora
-El dormido no es vil- nocturno indulto.

Este sueño comun de muchos seres
-Humanos, vegetales, animales-
Crea, por fin, la paz tan deseada.

Cuerpo tendido: todo en paz te mueres
Negando con tu noche tantos males,
Rumbo provisional hacia la nada.


Jorge Guillén.

jueves, 17 de mayo de 2018

Insomnio.



¿Quien persigue en mi cuerpo como a golpes de azada
esta sien imprecisa que va acabando el mundo?
¿Que deserción la enciende, sin luz, sobre la angustia,
ánima de la fiebre que en su vena atirante?

Me duele el pensamiento, desnudo y agitado
dándome gota a gota por la noche, inconsciente.
Gota a gota, su herida va fluyendo constante,
sobre un papel de arena, carne de inútil tierra.

¿Que pecado la muerte hunde en la piel del día?...
¿Que pesada cadena le rueda entre la sombra?...
No sé dónde mi sueño quema su nueva raza;
dónde derrama el pueblo, sin razón, de sus limites.

Se me quedó en el borde del descanso
como junto a un abismo, los cabellos colgantes,
frente a frente a la nada perezosa del tiempo.

No sé donde la luna medrosa se levanta;
no sé qué nueva imagen me alumbra en su desierto;
qué pecado persigue mis ojos sin herencia,
que desierto infecunda la razón de mi sangre...

Perdido estoy en cuévano infinito,
sin tacto y sin espera que mi dolor razone.
No sé - ¿lo dije?- el sueño, no es tierra de mi raza.
No sé dónde el olvido devana el nacimiento
futuro de mi vida...

(La noche, en su pantano,
sordamente se aprieta por buscar mi cintura...
Lentamente, la estrella va negando su carne
y, lento, el Universo deja paso a la Nada...)

Ante la horrible, inmensa negación del futuro,
más angustiosamente se incendia mi deseo.
Mi amor se descompone y pregunta al vacío:
-¿Para quién esta imagen que hoy mi sangre se finge?

(Huye mi nacimiento...
¿Muere conmigo el mundo?...)

La ausente compañía me pulsa entre la horas.


Emilio Prados.

miércoles, 16 de mayo de 2018

Herido en el bosque.



Te pregunté por mí, parado río,
agua muerta, dormida;
te pregunté por mí, cuando cansado
me liberté del bosque en tus orillas,
yo que sobre tus aguas, tantas veces,
alegre juventud multiplicaba.

¿Has podido olvidarte de aquel tiempo
para pintarme así bajo otras nubes?
Mi nueva edad y el cielo gris me dicen
que olvida el agua tanto como el hombre.
Aunque temo que no, que ya no olvides
esta mi nueva forma ensangrentada.



Manuel Altolaguirre.

lunes, 14 de mayo de 2018

La voz cruel.


A Octavio Paz

Alzan la voz cruel
quienes no vieron el paisaje,
los que empujaron por el declive pedregoso
la carne ajena,
quienes debieron ser almas de todos
y se arrancaban de ellos mismos
cuerpos parásitos
para despeñarlos.

Mil muertos de sus vidas brotaban,
mil muertos solitarios
que miraban desde el suelo,
durante el último viaje,
la colosal estatua a la injusticia.

No eran muertos,
eran oprimidos,
seres aplastados,
ramas cortadas de un amante o de un padre,
seres conducidos por un deseo imposible,
topos de vicio
que no hallarán la luz
por sus turbias y blandas galerías.

Alzan la voz cruel
quienes no vieron el paisaje,
los que triunfaron
por la paz interior de sus mentiras.

¡Oh mundo desigual!
Mis ojos lloren
el dolor, la maldad:
la verdad humana.

Manuel Altolaguirre.

  Noche inicial Cerrada. Campo desnudo.  Sola la noche inerme.  El viento insinúa latidos sordos contra sus lienzos. La sombra a plomo ciñe ...