miércoles, 14 de febrero de 2018

Olvido.


Ahora la luz no existe
ni vemos ya la rosa,
ni el niño, el hombre, el árbol,
ni la nube, ni el sol.
Dios mío, estoy en tu Voz sin espacio ni tiempo,
entre otras voces tuyas creadoras.

¡Qué amor aquí, Dios mío!
¡Que posesión eterna de todo Tú!
Ahora me burlo de mi cuerpo,
de mi sensible cuerpo que cogía
líneas, perfumes, roces y sonidos,
queriendo despertarme
cuando yo desvelado vislumbraba,
más allá de la forma,
tu reinado.


Manuel Altolaguirre.

martes, 13 de febrero de 2018

No me conformo.



No me conformo, no: me desespero
como si fuera un huracán de lava
en el presidio de una almendra esclava
o en el penal colgante de un jilguero.

Besarte fue besar un avispero
que me clama al tormento y me desclava
y cava un hoyo fúnebre y lo cava
dentro del corazón donde me muero.

No me conformo, no: ya es tanto y tanto
idolatrar la imagen de tu beso
y perseguir el curso de tu aroma.

Un enterrado vivo por el llanto,
una revolución dentro de un hueso,
un rayo soy sujeto a una redoma.


Miguel Hernández.

lunes, 12 de febrero de 2018

En medio de la plaza y sobre tosca piedra.



En medio de la plaza y sobre tosca piedra,
el agua brota y brota. En el cercano huerto
eleva, tras el muro ceñido por la hiedra,
alto ciprés la mancha de su ramaje yerto.

 La tarde está cayendo frente a los caserones
de la ancha plaza, en sueños. Relucen las vidrieras
con ecos mortecinos de sol. En los balcones
hay formas que parecen confusas calaveras.

 La calma es infinita en la desierta plaza,
donde pasea el alma su traza de alma en pena.
El agua brota y brota en la marmórea taza.
En todo el aire en sombra no más que el agua suena.


Antonio Machado.

viernes, 9 de febrero de 2018

Durango.



Las palabras quisieran expresar los guerreros,
Bellos guerreros impasibles,
Con el mañana gris abrazado, como un amante,
Sin dejarles partir hacia las olas.

Por la ventana abierta
Muestra el destino su silencio;
Sólo nubes con nubes, siempre nubes

Más allá de otras nubes semejantes,
Sin palabras, sin voces,
Sin decir, sin saber;
Últimas soledades que no aguardan mañana.

Durango está vacío
Al pie de tanto miedo infranqueable;
Llora consigo a solas la juventud sangrienta
De los guerreros bellos como luz, como espuma.

Por sorpresa los muros
Alguna mano dejan revolando a veces;
Sus dedos entreabiertos
Dicen adiós a nadie,
Saben algo quizá ignorado en Durango.

En Durango postrado,
Con hambre, miedo, frío,
Pues sus bellos guerreros sólo dieron,
Raza estéril en flor, tristeza, lágrimas.


Luis Cernuda.

miércoles, 7 de febrero de 2018

Historias. Tarde.



El horizonte tiene insectos y fragatas;
su piel de pez de río, con sus cinco colores,
empalizada pone al mar Mediterráneo,
que, espumas renovando, con sus encajes
borra las pisadas gemelas que dejas en la playa.
Algas del viento son las cañas litorales,
cuyo sonido se une al de las caracolas.
Como habichuela abierta; mostrando su semilla,
la jábega te enseña sus fuertes remadores.
Si tus trenzas crecieran, rubias y horizontales,
qué buen faro serías sobre el peñón del Cuervo,
cuando, enlutado el mundo por la muerte del día,
el capitán del barco una luz necesite.

Acariciando arenas con tus pies
y tu sombra, esperas al marino que,
en bandeja con remos, el mar ha de ofrecerte,
sin saber que tu amante vive ya en otro mundo,
gozando la luz verde del fondo de los mares.


Manuel Altolaguirre.

martes, 6 de febrero de 2018

Ida de otoño.



Por un camino de oro van los mirlos...

¿Adónde?

Por un camino de oro van las rosas...

¿Adónde?

Por un camino de oro voy...

                                                      ¿Adónde, otoño?

¿Adónde, pájaros y flores?


Juan Ramón Jiménez.

lunes, 5 de febrero de 2018

Grumete.



¡No pruebes tú los licores!
¡Tú no bebas!

¡Marineros, bebedores,
los de las obras del puerto,
que él no beba!

¡Qué él no beba, pescadores!

¡Siempre sus ojos despiertos,
siempre sus labios abiertos
a la mar, no a los licores!

¡Que él no beba!


Rafael Alberti.

  Noche inicial Cerrada. Campo desnudo.  Sola la noche inerme.  El viento insinúa latidos sordos contra sus lienzos. La sombra a plomo ciñe ...