jueves, 4 de enero de 2018

Flor que vuelve.



Igual, la flor retorna
a limitarnos el instante azul,
a dar una hermandad gustosa a nuestro cuerpo,
a decirnos, oliendo inmensamente,
que lo breve nos basta.

Lo breve al sol de oro, al aire de oro,
a la tierra de oro, al áureo mar;
lo breve contra el cielo de los dioses,
lo breve enmedio del oscuro no,
lo breve en suficiente dinamismo,
conforme entre armonía y entre luz.

Y se mece la flor, con el olor
más rico de la carne,
olor que se entra por el ser y llega al fin
de su sinfín, y allí se pierde,
haciéndonos jardín.

La flor se mece viva fuera, dentro,
con peso exacto a su placer.
Y el pájaro la ama y la estasía,
y la ama, redonda, la mujer,
y la ama y la besa enmedio el hombre.

¡Florecer y vivir, instante
de central chispa detenida,
abierta en una forma tentadora;
instante sin pasado,
en que los cuatro puntos cardinales
son de igual atracción dulce y profunda:
instante del amor abierto como la flor!
Amor y flor en perfección de forma,
en mutuo sí frenético de olvido,
en compensación loca,
olor, sabor y olor,
color, olor y tacto, olor, amor, olor.

El viento rojo la convence
y se la lleva, rapto delicioso,
con un vivo caer que es un morir
de dulzor, de ternura, de frescor;
caer de flor en su total belleza,
volar, pasar, morir de flor y amor
en el día mayor de la hermosura,
sin dar pena en su irse ardiente al mundo,
ablandando la tierra sol y sombra,
perdiéndose en los ojos azules de la luz!


Juan Ramón Jiménez.

miércoles, 3 de enero de 2018

Epílogo. - Poemas para un cuerpo -.



Playa de la Roqueta:
Sobre la piedra, contra la nube,
Entre los aires estás, conmigo
Que invisible respiro amor en torno tuyo.
Mas no eres tú, sino tu imagen.

Tu imagen de hace años,
Hermosa como siempre, sobre el papel, hablándome,
Aunque tan lejos yo, de ti tan lejos hoy
En tiempo y en espacio.
Pero en olvido no, porque al mirarla,
Al contemplar tu imagen de aquel tiempo,
Dentro de mí la hallo y lo revivo.

Tu gracia y tu sonrisa,
Compañeras en días a la distancia, vuelven
Poderosas a mí, ahora que estoy,
Como otras tantas veces
Antes de conocerte, solo.

Un plazo fijo tuvo
Nuestro conocimiento y trato, como todo
En la vida, y un día, uno cualquiera,
Sin causa ni pretexto aparente,
Nos dejamos de ver. ¿Lo presentiste?
Yo sí, que siempre estuve presintiéndolo.

La tentación me ronda
De pensar, ¿para qué todo aquello:
El tormento de amar, antiguo como el mundo,
Que unos pocos instantes rescatar consiguen?
Trabajos del amor perdidos.

No. No reniegues de aquello,
Al amor no perjures.
Todo estuvo pagado, sí, todo bien pagado,
Pero valió la pena,
La pena del trabajo
De amor, que a pensar ibas hoy perdido.

En la hora de la muerte
-Si puede el hombre para ella
Hacer presagios, cálculos-,
Tu imagen a mi lado
Acaso me sonría como hoy me ha sonreído,
Iluminando este existir oscuro y apartado
Con el amor, única luz del mundo.

Luis Cernuda.

martes, 2 de enero de 2018

A Don Luis de Góngora.



¿Qué firme arquitectura se levanta
del paisaje, si urgente de belleza,
ordenada, y penetra en la certeza
del aire, sin furor y la suplanta?

Las líneas graves van. Mas de su planta
brota la curva, comba su justeza
en la cima, y respeta la corteza
intacta, cárcel para pompa tanta.

El alto cielo luces meditadas
reparte en ritmos de ponientes cultos,
que sumos logran su mandato recto.

Sus matices sin iris las moradas
del aire rinden al vibrar, ocultos,
y el acorde total clama perfecto.


Vicente Aleixandre.

viernes, 29 de diciembre de 2017

Pasando vientos y olas.



Toda la noche,
los pájaros han estado cantándome sus colores.

-No los colores
de sus alas matutinas con el fresco de los soles.

No los colores
de sus pechos vespertinos al rescoldo de los soles.

No los colores
de sus picos cotidianos, que se apagan por la noche,
como se corren
los colores conocidos de las hojas y las flores-.

Otros colores,
el paraíso primero que perdió del todo el hombre.

El paraíso
que las flores y los pájaros inmensamente conocen.

Flores y pájaros
que van y vienen oliendo, volando por todo el orbe.

Otros colores,
el paraíso sin cambio que el hombre en sueños recorre.

Toda la noche,
los pájaros han estado cantándome los colores.

Otros colores
que tienen en otro mundo y que sacan por la noche.

Unos colores
que yo he visto bien despierto y que están yo sé bien dónde.

Yo sé de dónde
los pájaros han venido a cantarme por la noche.

Yo sé de dónde,
pasando vientos y olas, a cantarme mis colores.



Juan Ramón Jiménez.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Variación VIII. Renacimiento de Venus.



Donde estuvo la nube ya no hay nube;
                    los ojos, que la piensan.

Absoluto celeste, azul unánime
                    sin ave, sin su anécdota.

Al célico sosiego otro marino
                    sosiego le contesta.

Las últimas congojas de la ola
                    playa se las consuela.

Tanto sollozo en leve espuma acaba,
                    y la espuma en la arena.

Le basta un color solo a tanto espacio,
                    sin vela que disienta,

El mar va por el mar buscando azules
                    y a un azul los eleva.

Está el día en el fiel. La Luz, la sombra
                    ni más ni menos pesan.

Dentro del hombre ni esperanza empuja
                    ni memoria sujeta.

El presente, que tanto se ha negado,
                    hoy, aquí, ya, se entrega.

¡Presente, sí, hay presente! Ojos absortos
                    felices le contemplan.

El tiempo abjura de su error, las horas,
                    y pasa sin saberlas.

Aves, ondinas, callan, y de voces
                    vacío el aire dejan.

La dilatada anchura del silencio
                    de silencio se llena.

Es el vivir tan tenue, que no ata;
                    la cautiva se suelta.

Por las campiñas, ya, del puro ser
                    viene, va, se recrea.

Está el mundo tan limpio, que es espejo:
                    la escapada lo estrena.

Radiante mediodía. En él, el alma
                    se reconoce: esencia.

Segunda, y la mejor, surge del mar
                    la Venus verdadera.


Pedro Salinas.

martes, 26 de diciembre de 2017

Columpio.





A caballo en el quicio del mundo
un soñador jugaba al sí y al no

Las lluvias de colores
emigraban al país de los amores


        Bandadas de flores

Flores de sí                    Flores de no


Cuchillos en el aire
        que le rasgan las carnes
         forman un puente

Sí                              No

                   Cabalgaba el soñador 
                       Pájaros arlequines

cantan el no


cantan el sí.




Gerardo Diego.

  Noche inicial Cerrada. Campo desnudo.  Sola la noche inerme.  El viento insinúa latidos sordos contra sus lienzos. La sombra a plomo ciñe ...