martes, 9 de febrero de 2016

Las águilas.



El mundo encierra la verdad de la vida,
aunque la sangre mienta melancólicamente
cuando como mar sereno en la tarde
siente arriba el batir de las águilas libres.

Las plumas de metal,
las garras poderosas,
ese afán del amor o la muerte,
ese deseo de beber en los ojos con un pico de hierro,
de poder al fin besar lo exterior de la tierra,
vuela como el deseo,
como las nubes que a nada se oponen,
como el azul radiante, corazón ya de afuera
en que la libertad se ha abierto para el mundo.

Las águilas serenas
no serán nunca esquifes,
no serán sueño o pájaro,
no serán caja donde olvidar lo triste,
donde tener guardado esmeraldas u ópalos.

El sol que cuaja en las pupilas,
que a las pupilas mira libremente,
es ave inmarcesible, vencedor de los pechos
donde hundir su furor contra un cuerpo amarrado.

Las violentas alas
que azotan rostros como eclipses,
que parten venas de zafiro muerto,
que seccionan la sangre coagulada,
rompen el viento en mil pedazos,
mármol o espacio impenetrable
donde una mano muerta detenida
es el claror que en la noche fulgura.

Águilas como abismos,
como montes altísimos,
derriban majestades, troncos polvorientos,
esa verde hiedra que en los muslos
finge la lengua vegetal casi viva.

Se aproxima el momento en que la dicha consista
en desvestir de piel a los cuerpos humanos,
en que el celeste ojo victorioso
vea sólo a la tierra como sangre que gira.

Águilas de metal sonorísimo,
arpas furiosas con su voz casi humana,
cantan la ira de amar los corazones,
amarlos con las garras estrujando su muerte.


Vicente Aleixandre.

lunes, 8 de febrero de 2016

Sin voz desnuda.



Sin armas. Ni las dulces
sonrisas, ni las llamas
rápidas de la ira.
Sin armas. Ni las dulces
sonrisas, ni las llamas
rápidas de la ira.
Sin armas. Ni las aguas
de la bondad sin fondo,
ni la perfidia, corvo pico.
Nada. Sin armas. Sola.
Ceñida en tu silencio.
-Sí- y -no-, -mañana- y -cuando-
quiebran agudas puntas
de inútiles saetas
en tu silencio liso
sin derrota ni gloria.
¡Cuidado! que te mata
- fría, invencible, eterna-
eso, lo que te guarda,
eso, lo que te salva,
el filo del silencio que tú aguzas.


Pedro Salinas.

viernes, 5 de febrero de 2016

Retornos de una sombra maldita.






¿Será difícil, madre, volver a ti?
Feroces somos tus hijos.
Sabes que no te merecemos quizás, que hoy una sombra
maldita nos desune, nos separa
de tu agobiado corazón, cayendo
atroz, dura, mortal, sobre sus telas,
como un oscuro hachazo.
No, no tenemos manos, ¿verdad?, no las tenemos,
que no lo son, ay, ay, porque son garras,
zarpas siempre dispuestas
a romper esas fuentes que coagulan
para ti sola en llanto.
No son dientes tampoco, que son puntas,
fieras crestas limadas incapaces
de comprender tus labios y mejillas.
Han pasado desgracias,
han sucedido, madre, verdaderas
noches sin ojos, albas que no abrían
sino para cerrarse en ciega muerte.
Cosas que no acontecen,
que alguien pensó más lejos,
más allá de las lívidas fronteras del espanto,
madre, han acontecido.
Y todavía por si acaso hubieras,
por si tal vez hubieras soñado en un momento
que en el olvido puede calmar el mar sus olas,
un incesante acoso
un ceñido rodeo
te aprietan hasta hacerte
subir vertida y sin final en sangre.
Júntanos, madre.
Acerca esa preciosa rama tuya,
tan escondida, que anhelamos asir,
estrechar todos, encendiéndonos en ella
como un único fruto de sabor dulce, igual.
Que en ese día, desnudos de esa amarga corteza, liberados
de ese hueso de hiel que nos consume,
alegres, rebosemos
tu ya tranquilo corazón sin sombra.



Rafael Alberti.

jueves, 4 de febrero de 2016

Retrato epigramático.



Fernando Villalón,
almanaque de sol.
Piedra picada
y halo de sombrero.

Si yo fuera cubista
sin dejar de ser Goya, qué retrato.
Y rebosando del chaleco,
reloj de oro y de oro el corazón.

Por la calle Lira
allá va con su médium
Fernando el cristianísimo,
ángel rebelde del espiritismo.


Gerardo Diego.

miércoles, 3 de febrero de 2016

El centinela.




Al pie de su propia sombra
lo mataron.
Al pie de su corazón.


Al caer se cerró el ángulo
de su esperanza en la tierra...
La muerte acabó su espacio.


Al pie de su corazón,
al pie mismo lo mataron:
vértice de su dolor.


¿Cayó su cuerpo en la sombra?
¿La sombra al cuerpo subió?...


Cerrado está el abanico
que su ausencia nos dejó.
Cerrado de un golpe seco:
vértice de su dolor.


Al pie de su propia sombra
lo mataron:
al pie de su corazón.


La muerte acabó su espacio:
ángulo de tierra y sol.


Emilio Prados.

martes, 2 de febrero de 2016

Madrigal.





Se riza en tus cabellos la mañana
alegre de mar y sol.

Y en tus ojos la brisa
juega con tus sonrisas.

Bajo de tu sombrilla,
iluminan la sombra tus palabras
y mis versos te besan las mejillas.

Sobre tu falda,
vas deshojando con las manos
tus canciones.

Juan Chabás Martí.

lunes, 1 de febrero de 2016

locura de la danza.






Su olor se alía a la obediencia de mi memoria
si en el mundo existen hojas ella no tiene la culpa
En los muros de alas sus olvidos
vienen a ser muebles de época su voz agrupa
en la sombra las ráfagas de ojos negros

Sus manos de habitación que comunica con el establo
respiran el orden que reina en el corazón de los rompientes de luz
sus ojos se agrietan en la superficie de un agua de mesa
sobre la mesa una flor sostiene su presencia de espíritu

Ella come las víctimas de un durmiente solitario
Al andar desprende una estatua a cada paso

Pero cuando su piel no es más que una nueva forma de obediencia
la pelusa que mi alma despide hacia su ombligo
sale en tribus de nieve o de huesos sacudidos por la danza
sale de los pequeños túneles de mis piernas visibles


Juan Larrea.

  Noche inicial Cerrada. Campo desnudo.  Sola la noche inerme.  El viento insinúa latidos sordos contra sus lienzos. La sombra a plomo ciñe ...