jueves, 21 de enero de 2016
Lenta humedad.
Sombra feliz del cabello
que se arrastra cuando el sol va a ponerse,
como juncos abiertos- es ya tarde;
fría humedad lasciva, casi polvo-.
Una ceniza delicada,
la secreta entraña del junco,
esa delicada sierpe sin veneno
cuya mirada verde no lastima.
Adiós.
El sol ondea sus casi rojos,
sus casi verdes rayos.
Su tristeza como frente nimbada, hunde.
Frío, humedad; tierra a los labios.
Vicente Aleixandre.
miércoles, 20 de enero de 2016
La injusticia.

¿De qué sima te yergues, sombra negra?
¿Qué buscas?
Los oteros,
como lagartos verdes, se asoman a los valles
que se hunden entre nieblas en la infancia del mundo.
Y sestean, abiertos, los rebaños,
mientras la luz palpita, siempre recién creada,
mientras se comba el tiempo, rubio mastín que duerme
/a las puertas de Dios.
Pero tú vienes, mancha lóbrega,
reina de las cavernas, galopante en el cierzo, tras tus corvas
/pupilas, proyectadas
como dos meteoros crecientes de lo oscuro,
cabalgando en las rojas melenas del ocaso,
flagelando las cumbres
con cabellos de sierpes, látigos de granizo.
Llegas,
oquedad devorante de siglos y de mundos,
como una inmensa tumba,
empujada por furias que ahíncan sus testuces,
duros chivos erectos, sin oídos, sin ojos,
que la terneza ignoran.
Sí, del abismo llegas,
hosco sol de negruras, llegas siempre,
onda turbia, sin fin, sin fin manante,
contraria del amor, cuando él nacida
en el día primero.
Tú empañas con tu mano
de húmeda noche los cristales tibios
donde al azul se asoma la niñez transparente, cuando
/apenas
era tierna la dicha, se estrenaba la luz,
y pones en la nítida mirada
la primer llama verde
de los turbios pantanos.
Tú amontonas el odio en la charca inverniza
del corazón del vejo,
y azuzas el espanto
de su triste jauría abandonada
que ladra furibunda en el hondón del bosque.
Y van los hombres, desgajados pinos,
del oquedal en llamas, por la barranca abajo,
rebotando en las quiebras,
como teas de sombra, ya lívidas, ya ocres,
como blasfemias que al infierno caen.
... Hoy llegas hasta mí.
He sentido la espina de tus podridos cardos,
el vaho de ponzoña de tu lengua
y el girón de tus alas que arremolina el aire.
El alma era un aullido
y mi carne mortal se helaba hasta los tuétanos.
Hiere, hiere, sembradora del odio:
no ha de saltar el odio, como llama de azufre,
/de mi herida.
Heme aquí:
soy hombre, como un dios,
soy hombre, dulce niebla, centro cálido,
pasajero bullir de un metal misterioso que irradia
/la ternura.
Podrás herir la carne
y aun retorcer el alma como un lienzo:
no apagarás la brasa del gran amor que fulge
dentro del corazón, bestia maldita.
Podrás herir la carne.
No morderás mi corazón,
madre del odio.
Nunca en mi corazón,
reina del mundo.
Dámaso Alonso.
martes, 19 de enero de 2016
Bajo tu sombra.

A la sombra de tu vida
quiero detener mi tiempo,
que tu profundo horizonte
me haga perderme en su seno;
que tu silencio recubra,
con arboleda de sueños,
este corazón que guarda
tantas soledades dentro.
Manuel Altolaguirre.
lunes, 18 de enero de 2016
Romero sólo.

Ser en la vida romero,
romero sólo que cruza siempre por caminos nuevos.
Ser en la vida romero, sin más oficio,
sin otro nombre y sin pueblo.
Ser en la vida romero, romero..., sólo romero.
Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo,
pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero,
ligero, siempre ligero.
Que no se acostumbre el pie a pisar el mismo suelo,
ni el tablado de la farsa, ni la losa de los templos
para que nunca recemos como el sacristán los rezos,
ni como el cómico viejo digamos los versos.
La mano ociosa es quien tiene más fino el tacto en los dedos,
decía el príncipe Hamlet, viendo cómo cavaba una fosa
y cantaba al mismo tiempo un sepulturero.
No sabiendo los oficios los haremos con respeto.
Para enterrar a los muertos como debemos
cualquiera sirve, cualquiera... menos un sepulturero.
Un día todos sabemos hacer justicia.
Tan bien como el rey hebreo
la hizo Sancho el escudero
y el villano Pedro Crespo.
Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo.
Pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero,
ligero, siempre ligero.
Sensibles a todo viento
y bajo todos los cielos,
poetas, nunca cantemos
la vida de un mismo pueblo
ni la flor de un solo huerto.
Que sean todos los pueblos
y todos los huertos nuestros.
León Felipe.
viernes, 15 de enero de 2016
Campo Avizor.

A José María Hinojosa
Rústicos verdes humildes,
por menudos pies pisados,
ven redondas telas claras,
mas no la cintura angosta
ni el estrecho cuello,
sí los cabellos, que el aire
peina, de la campesina.
¿Por dónde sola? Presente
entre los distantes árboles,
cerca del correr del río,
bajo los azules planos
que ven su cabeza negra
centrada en el claro círculo
de la falda, no sabiendo
de sus pies ni de sus manos,
si de sus hombros maduros
y de su pecho ceñido;
frente al monte que contempla
su serrano perfil fresco,
entre los distantes árboles,
presente y sola, camina.
Manuel Altolaguirre.
jueves, 14 de enero de 2016
Corriente oculta.

Agua desnuda la lluvia,
qué libremente se esconde
hasta verse presa en tallos
cielo arriba, hasta las flores.
Amar es hundirse, huir,
perderse en oscura noche,
ser corriente oculta,
ser agua enterrada que corre,
sales robando a la tierra,
agua ciega que no opone
su limpio cristal al cielo.
¡Cómo se mueve en las hojas
el agua diciendo adioses
a las fugitivas nubes
que van por el horizonte!
¡Qué nuevo encuentro si en ellas
delicadamente pone astros breves el rocío,
estrellas en verde noche!
Amar es hundirse, huir,
perderse en profunda noche.
Manuel Altolaguirre.
miércoles, 13 de enero de 2016
Fin de un amor.

No sé si es que cumplió ya su destino,
si alcanzó perfección o si acabado
este amor a su límite ha llegado
sin dar un paso más en su camino.
Aún le miro subir, de donde vino,
a la alta cumbre donde ha terminado
su penosa ascensión.
Tal ha quedado estático un amor tan peregrino.
No me resigno a dar la despedida
a tan altivo y firme sentimiento
que tanto impulso y luz diera a mi vida.
No es culminación lo que lamento.
Su culminar no causa la partida,
la causará, tal vez, su acabamiento.
Manuel Altolaguirre.
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