martes, 29 de septiembre de 2015

La luna.





LA luna está -¡tan límpida y tan honda!-
en un cielo pasmoso.
Resplandece atenta a su misión y no parece
más que hermosura hermética y redonda.
Descuella en el azul, radiante y blonda.
Su alto pudor sin nubes se guarece
en la sonrisa a medio hacer que ofrece
su rictus agridulce de Gioconda.
¡Limpio recato en plenitud!
La fronda trepa a su castidad intacta,
crece, noche arriba, temiendo que se esconda
tras una nube…
Pero permanece a toda luz y desvelada, monda,
con la desnudez pura que merece.



Juan José Domenchina.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Luz de la noche.






Estoy pensando, es de noche,
en el día que hará allí
donde esta noche es de día.
En las sombrillas alegres,
abiertas todas las flores,
contra ese sol, que es la luna
tenue que me alumbra a mí.
Aunque todo está tan quieto,
tan en silencio en lo oscuro,
aquí alrededor, veo a las gentes veloces
-prisa, trajes claros, risa-
consumiendo sin parar,
a pleno goce, esa luz de ellos,
la que va a ser mía
en cuanto alguien diga allí
-ya es de noche-.
La noche donde yo estoy ahora,
donde tú estás junto a mí
tan dormida y tan sin sol
en esa noche y luna del dormir,
que pienso en el otro lado
de tu sueño, donde hay luz
que yo no veo.
Donde es de día y paseas
-te sonríes al dormir-
con esa sonrisa abierta,
tan alegre, tan de flores,
que la noche y yo sentimos
que no puede ser de aquí.



Pedro Salinas.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Razón de Lágrimas.






La noche por ser triste carece de fronteras.
Su sombra en rebelión como la espuma,
rompe los muros débiles
avergonzados de blancura;
noche que no puede ser otra cosa sino noche.

Acaso los amantes acuchillan estrellas,
acaso la aventura apague una tristeza.
Mas tú, noche, impulsada por deseos
hasta la palidez del agua,
aguardas siempre en pie quién sabe a cuáles ruiseñores.

Más allá se estremecen los abismos
poblados de serpientes entre pluma,
cabecera de enfermos
no mirando otra cosa que la noche
mientras cierran el aire entre los labios.

La noche, la noche deslumbrante,
que junto a las esquinas retuerce sus caderas,
aguardando, quién sabe,
como yo, como todos.



Luis Cernuda.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Verdores Innatos.






Amiga mía eres tierna hasta el delirio
aquí está la hierba que sube por tus piernas
qué llama ligera puesto que en cada oreja
una anémona la tierra jamás escucha
las palabras que uno quisiera
hagamos nacer mariposas suscitando inquietudes
suscitando caléndulas para huir a no importa dónde
no demasiado pero sin embargo
¿no es así?



Juan Larrea.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Superficie del cansancio.






El que un hombre esté triste como yo
no es razón para que me eches en cara
la forma de mi sombrero.
Te lo brindaría al sol, tendido, si te gustase.

Pero me gustan tus ojos,
me gustas tú y no es porque me engañes
sino porque la campiña ha perdido todos sus accesorios.

¡Esencial! Aquí en la capital es donde mejor se adivina.
Tú eres hermosa como la hoja de un almanaque.
Día a día lo vengo comprobando.
Y no esperes que yo te mienta,
porque me duele la caja del pecho de tanto almacenar ilusiones.

Toda mi sangre viene cantando la misma canción,
acompañada, reíos, reíos, de una pandereta.

Tan, tan. Tan, tan, tan, tan.

Las rodajas de lata os las serviría
yo a todos para que comulgaseis con mis sentimientos.
Pero vosotros tenéis el pelo rizado,
convulso, y parecéis eléctricos.

Me resultáis admirables. Inservibles.
Desmontados.
Sólo tú, la de siempre,
sacas la lengua porque has comprendido
que le va muy bien al crepúsculo.

Con la punta tocas la pura miel
que él te sirve y encuentras muy endebles
todas mis objeciones.

No, si no te discuto.
¿Pero no comprendes que empequeñeces la Naturaleza así,
con tu servilleta prendida?


Luego pretenderás degustar el café
y exigirás en él unos inéditos puntos luceros,
que no interrumpan su silencio.

¡Ah, qué doméstica!
No me mientas el común, el resobado,
el ya desleído aguardiente y agua.

¡Ah, qué harto estoy de amaneceres!
Cada hora un manjar, un espíritu.
¡Materialista!

Y todo porque te has comprado
un sombrero de paja, pamela italiana,
y has sentido crecer todos tus dedos
para prolongar la languidez de tus gestos.

El aire está poblado de cintas
que se enredan cada vez más
a cada ondeamiento de tus manos en desmayo.

¿A ver: no hay por ahí un jazz?
Por de pronto arráncate ese sombrero.

Pero tienes las caderas tan finas
que si te estrecho te daré dos vueltas con mi brazo.
Me desenredo de tu cintura rápidamente,
y qué bonito trompo luminoso, vertical, con música.

Te amo, perinola: canta.
Todo el paisaje, monocorde, lírico.
Tendida, abres los ojos y todos giramos a tu alrededor.



Vicente Aleixandre.

martes, 22 de septiembre de 2015

El corazón viene a encallarse en su forma habitual.






La transparencia viaja a lo largo de sus brazos
la transparencia prolonga una vida sin amargura
es en el lecho de su lago
un pedazo de ella misma de ella misma rodeada
centellear de las sombras alud inimitable
el ámbar desnudo de la vida ya no ofrece resistencia

-Una mirada nos separa
un día hermoso nos enluta
porque edificas tu casa
con todo lo que de mí mismo ignoro-

Juan Larrea.


lunes, 21 de septiembre de 2015

Los jardines.





Tiempo en profundidad: está en jardines.
Mira cómo se posa. Ya se ahonda.
Ya es tuyo su interior. ¡Qué transparencia
de muchas tardes, para siempre juntas!
Sí, tu niñez, ya fábula de fuentes.



Jorge Guillén.

  Noche inicial Cerrada. Campo desnudo.  Sola la noche inerme.  El viento insinúa latidos sordos contra sus lienzos. La sombra a plomo ciñe ...