jueves, 24 de septiembre de 2015

Verdores Innatos.






Amiga mía eres tierna hasta el delirio
aquí está la hierba que sube por tus piernas
qué llama ligera puesto que en cada oreja
una anémona la tierra jamás escucha
las palabras que uno quisiera
hagamos nacer mariposas suscitando inquietudes
suscitando caléndulas para huir a no importa dónde
no demasiado pero sin embargo
¿no es así?



Juan Larrea.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Superficie del cansancio.






El que un hombre esté triste como yo
no es razón para que me eches en cara
la forma de mi sombrero.
Te lo brindaría al sol, tendido, si te gustase.

Pero me gustan tus ojos,
me gustas tú y no es porque me engañes
sino porque la campiña ha perdido todos sus accesorios.

¡Esencial! Aquí en la capital es donde mejor se adivina.
Tú eres hermosa como la hoja de un almanaque.
Día a día lo vengo comprobando.
Y no esperes que yo te mienta,
porque me duele la caja del pecho de tanto almacenar ilusiones.

Toda mi sangre viene cantando la misma canción,
acompañada, reíos, reíos, de una pandereta.

Tan, tan. Tan, tan, tan, tan.

Las rodajas de lata os las serviría
yo a todos para que comulgaseis con mis sentimientos.
Pero vosotros tenéis el pelo rizado,
convulso, y parecéis eléctricos.

Me resultáis admirables. Inservibles.
Desmontados.
Sólo tú, la de siempre,
sacas la lengua porque has comprendido
que le va muy bien al crepúsculo.

Con la punta tocas la pura miel
que él te sirve y encuentras muy endebles
todas mis objeciones.

No, si no te discuto.
¿Pero no comprendes que empequeñeces la Naturaleza así,
con tu servilleta prendida?


Luego pretenderás degustar el café
y exigirás en él unos inéditos puntos luceros,
que no interrumpan su silencio.

¡Ah, qué doméstica!
No me mientas el común, el resobado,
el ya desleído aguardiente y agua.

¡Ah, qué harto estoy de amaneceres!
Cada hora un manjar, un espíritu.
¡Materialista!

Y todo porque te has comprado
un sombrero de paja, pamela italiana,
y has sentido crecer todos tus dedos
para prolongar la languidez de tus gestos.

El aire está poblado de cintas
que se enredan cada vez más
a cada ondeamiento de tus manos en desmayo.

¿A ver: no hay por ahí un jazz?
Por de pronto arráncate ese sombrero.

Pero tienes las caderas tan finas
que si te estrecho te daré dos vueltas con mi brazo.
Me desenredo de tu cintura rápidamente,
y qué bonito trompo luminoso, vertical, con música.

Te amo, perinola: canta.
Todo el paisaje, monocorde, lírico.
Tendida, abres los ojos y todos giramos a tu alrededor.



Vicente Aleixandre.

martes, 22 de septiembre de 2015

El corazón viene a encallarse en su forma habitual.






La transparencia viaja a lo largo de sus brazos
la transparencia prolonga una vida sin amargura
es en el lecho de su lago
un pedazo de ella misma de ella misma rodeada
centellear de las sombras alud inimitable
el ámbar desnudo de la vida ya no ofrece resistencia

-Una mirada nos separa
un día hermoso nos enluta
porque edificas tu casa
con todo lo que de mí mismo ignoro-

Juan Larrea.


lunes, 21 de septiembre de 2015

Los jardines.





Tiempo en profundidad: está en jardines.
Mira cómo se posa. Ya se ahonda.
Ya es tuyo su interior. ¡Qué transparencia
de muchas tardes, para siempre juntas!
Sí, tu niñez, ya fábula de fuentes.



Jorge Guillén.

viernes, 18 de septiembre de 2015

La concha.





Tersa, pulida, rosada
¡cómo la acariciarían,
sí, mejilla de doncella!

Entreabierta, curva, cóncava,
su albergue, encaracolada,
mi mirada se hace dentro.
Azul, rosa, malva, verde,
tan sin luz, tan irisada,
tardes, cielos, nubes, soles,
crepúsculos me eterniza.

En el óvalo de esmalte
rectas sutiles, primores
de geometría en gracia,
la solución le dibujan, sin error,
a aquel problema propuesto
en lo más hondo del mar.

Pero su hermosura, inútil,
nunca servirá. La cogen,
la miran, la tiran ya.
Desnuda, sola, bellísima
la venera, eco de mito,
de carne virgen, de diosa,
su perfección sin amante
en la arena perpetúa.



Pedro Salinas.

jueves, 17 de septiembre de 2015

¿Mi amor?... ¿Recuerdas, dime.




¿Mi amor?... ¿Recuerdas, dime,
aquellos juncos tiernos,
lánguidos y amarillos
que hay en el cauce seco?...

¿Recuerdas la amapola
que calcinó el verano,
la amapola marchita,
negro crespón del campo? ...

¿Te acuerdas del sol yerto
y humilde, en la mañana,
que brilla y tiembla roto
sobre una fuerte helada? ...



Antonio Machado.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Mano en el agua.






                                                                A Eduardo Díez-Rábago.




Hierve el agua feliz de sal y roce,
al desflorarla en flecha la costura de la proa.
Por una y otra amura, senos se hunden,
abultan, piden goce, tacto viril,
castigo que destroce, solidez a que asirse, forma dura.
Y yo dejo colgar mi mano impura,
mi mano que el misterio desconoce.
Mano en el agua, palma muerta, estrella,
dedos que peinan lágrimas y risas,
líquidas chispas de la helada fragua,
mimos de madre y burlas de doncella.
Mano en el agua y sus delicias lisas,
siempre verde, inconsútil, virgen agua.






Gerardo Diego.

  Noche inicial Cerrada. Campo desnudo.  Sola la noche inerme.  El viento insinúa latidos sordos contra sus lienzos. La sombra a plomo ciñe ...