miércoles, 12 de noviembre de 2014

Un papel desvelado en su blancura.






Un papel desvelado en su blancura. 
La hoja blanca de un álamo intachable. 
El revés de un jazmín insobornable. 
Una azucena virgen de escritura. 

El albo viso de una córnea pura. 
La piel del agua impúber e impecable. 
El dorso de una estrella invulnerable 
Sobre lo opuesto a una paloma oscura. 

Lo blanco a lo más blanco desafía. 
Se asesinan de cal los carmesíes 
Y el pelo rubio de la luz es cano. 

Nada se atreve a desdecir el día. 
Mas todo se me mancha de alhelíes 
Por la movida nieve de una mano.



Rafael Alberti.

martes, 11 de noviembre de 2014

Bajo lluvia de fuego.




Jamás cesó ni ha de cesar la lluvia
que es fuego material para martirio
del alma y de la carne rediviva.
Los pies del condenado nunca cesan
de avanzar por su circulo arenoso
con movimiento que ha de ser eterno,
eterno en sucesiones temporales
de persistencia siempre tan monótona
como si fuese un tedio aún terrestre.
Los condenados, mientras, descomponen
su eternidad en ademanes, gritos.
Tal pormenor alivia el inflexible
retorno: seca noria que no mueve
ya nada, nada, nada, nada, nada.
¿Lograrán conocerse aquellos hombres,
diferenciarse con fisonomías?
¿Sabrán que aquel antiguo, tan ilustre, es Brunetto Latini?
Cae la lluvia, quema, se queman cuerpos y memorias,
que resisten, persisten.

Un reciente fogueado
-reciente en aquel tiempo
sin fechas, sin mudanzas, sin historia-
trae su novedad al territorio
del ardor. Le pregunta el compañero
que con él va avanzando. 
Sin pararse responde, se descarga. 
-Me es difícil hablar así. 
Me figuré en la Tierra que la vida 
era sólo mero objeto de mi desdén, 
muy superior al mundo.
Yo me creía preferible a todo,
a todos, menos... 
Tú ya me comprendes.
Somos iguales en instinto y gusto
los acampados, ay, sobre esta arena.
¿Dónde están Coridón, Alexis, tantos
perfiles juveniles de hermosura?
Pequé. Pecamos. Yo no me arrepiento.
(Y la lluvia arreciaba, sofocaba,
y dolían quemándose los brazos,
el rostro. Continuó.) Tal vez ahora
principio a ver con claridad mis límites,
y no de mi conducta, placentera,
sí de mis opiniones, falsas.

-¿Falsas?
(El otro interrumpió, casi irritado.)
-¿Qué supimos nosotros de la vida,
de su impulso esencial, de su profunda
fluencia ? Ignoramos el gran acto
creador, que a sí mismo se trasciende.
Nada supimos de la criatura:
como la realidad más invasora
se impone a los viriles más viriles.
Creímos que esos vínculos de sangre
no eran sino ridículas y débiles
flaquezas de burgués. También el toro,
no has olvidado su esplendor, se afirma:
móvil paterno. -¿Todos (dijo el otro)
habíamos de ser fecundos? Para
ciertos hombres es senda inconcebible.
-No entendimos el río bajo el sol,
y quedamos al margen, en la sombra
más exquisita, como estetas -dicen-
adictos a la imagen más que al bulto
real, por eso descalificado.
-¿Fuiste sin duda artista?

-Melancólico,
perdido en los paseos laterales
de mi jardín, y siempre disconforme
con orgullo que ahora se revela,
a esta distancia, vano. Siempre somos,
y con todo candor, adolescentes,
Onán multiplicado por Narciso.
!Si se pudiese ahondar esa tercera
dimensión del espejo: yo más yo!
El otro, juvenil, es uno mismo.
-¿Y te quejas? -De nada me arrepiento.
El placer y el dolor nos conducían
a la muerte. 
-Nos deleitó ese curso de efusiones : una cruel delicia
con alusión a sangre derramada.
-San Sebastián, el bello adolescente
bajo flechas. -Por eso (dijo el otro)
se goza aquí también entre las llamas.
Los compañeros sufren: espectáculo
para auditorio cómplice en tortura.
-No miro a los demás. Es una pena
que no concluye nunca. No la entiendo.
-Ni tú ni nadie. 
Nuestra eternidad de aflicción es congoja de la mente,
ay, quizá la mayor sobre esta arena.

Y callaron los dos. Los condenados
seguían presurosos y sin fines
bajo flechas : las flechas de una lluvia
que jamás cesaría. ¿Fuego absurdo?
Iban los pecadores avanzando
con desesperación ante el enigma.
-¿Y para qué, para qué, para qué?



Jorge Guillén.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Ante las torres de Compostela.






También la piedra, si hay estrellas, vuela. 
Sobre la noche biselada y fría 
creced, mellizos lirios de osadía; 
creced, pujad, torres de Compostela.

Campo de estrellas vuestra frente anhela, 
silenciosas maestras de porfía. 
En mi pecho - ay, amor - mi fantasía 
torres más altas labra. El alma vela.

Y ella - tú - aquí, conmigo, aunque no alcanzas 
con tus dedos mis torres de esperanzas 
como yo estas de piedra con los míos,

contempla entre mis torres las estrellas, 
no estas de otoño, bórralas; aquellas 
de nuestro agosto ardiendo en sueños fríos.



Gerardo Diego.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Eternidad.






Eternidad, belleza sola,
¡si yo pudiese, en tu corazón único, 
cantarte igual que tú me cantas en el mío 
las tardes claras de alegría en paz!

¡Si en tus éstasis últimos, 
tú me sintieras dentro 
embriagándote toda, 
como me embriagas todo tú!

¡Si yo fuese, inefable, 
como tú en mi instantánea primavera, 
olor, frescura, música, revuelo 
en la infinita primavera pura 
de tu interior totalidad sin fin!



Juan Ramón Jiménez.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Oh tú mi amor.




Oh tú, mi amor, la de subidos senos
en punta de rubíes levantados,
los más firmes, pulidos, deseados,
llenos de luz y de penumbras llenos.

Hermosos, dulces, mágicos, serenos
o en la batalla erguidos, agitados,
o ya en juegos de puro amor besados,
gráciles corzas de dormir morenos.

Oh tú, mi amor, el esmerado estilo
de tu gran hermosura que en sigilo
casi muriendo alabo a toda hora.

Oh tú, mi amor, yo canto la armonía
de tus perfectos senos la alegría
al ver que se me abren cada aurora.



Rafael Alberti.

martes, 4 de noviembre de 2014

No busques, no.






Yo te he querido como nunca.
Eras azul como noche que acaba,
eras la impenetrable caparazón del galápago
que se oculta bajo la roca de la amorosa llegada de la luz.

Eras la sombra torpe
que cuaja entre los dedos 
cuando en tierra dormimos solitarios.

De nada serviría besar tu oscura encrucijada 
de sangre alterna,
donde de pronto el pulso navegaba
y de pronto faltaba como un mar que desprecia a la arena.

La sequedad viviente de unos ojos marchitos,
de los que yo veía a través de las lágrimas,
era una caricia para herir las pupilas,
sin que siquiera el párpado se cerrase en defensa.

Cuán amorosa forma
la del suelo las noches del verano
cuando echado en la tierra se acaricia este mundo que rueda,
la sequedad obscura,
la sordera profunda,
la cerrazón a todo,
que transcurre como lo más ajeno a un sollozo.

Tú, pobre hombre que duermes
sin notar esa luna trunca
que gemebunda apenas si te roza;
tú, que viajas postrero
con la corteza seca que rueda entre tus brazos,
no beses el silencio sin falla 
por donde nunca a la sangre se espía,
por donde será inútil la busca del calor
que por los labios se bebe
y hace fulgir el cuerpo como con una luz azul si la noche es de plomo.

No, no busques esa gota pequeñita,
ese mundo reducido o sangre mínima,
esa lágrima que ha latido
y en la que apoyar la mejilla descansa.



Vicente Aleixandre.

lunes, 3 de noviembre de 2014

¿Qué cantan los poetas andaluces de ahora?.






¿Qué cantan los poetas andaluces de ahora? 
¿Qué miran los poetas andaluces de ahora? 
¿Qué sienten los poetas andaluces de ahora? 

Cantan con voz de hombre.. 
¿pero dónde los hombres? 

..con ojos de hombre miran, 
¿pero dónde los hombres? 

..con pecho de hombre sienten, 
¿pero dónde los hombres? 

Cantan, y cuando cantan 
parece que están sólos... 

Miran, y cuando miran 
parece que están sólos... 

Sienten,
..y cuando sienten 
¡parecen que están solos!.. 

¿Es que ya Andalucía 
..se ha quedado sin nadie? 

¿Es que acaso en los montes andaluces 
..no hay nadie? 

¿Es que en los mares y campos andaluces.. 
no hay nadie? 

¿No habrá ya quien responda a la voz del poeta? 
¿Quien mire al corazón sin muros del poeta? 

¡Tantas cosas han muerto.. 
que no hay más que el poeta! 

¡Cantad alto! 
..Oiréis que oyen otros oidos. 

¡Mirad alto! 
Veréis que miran otros ojos... 

¡Latid alto! 
..Sabréis que palpita otra sangre... 

No es más hondo el poeta.. 
en su oscuro subsuelo, encerrado... 
Su canto asciende a más profundo 
cuando , abierto en el aire.., 
ya es de todos los hombres...



Rafael Alberti.

  Noche inicial Cerrada. Campo desnudo.  Sola la noche inerme.  El viento insinúa latidos sordos contra sus lienzos. La sombra a plomo ciñe ...