viernes, 4 de julio de 2014

Segadores.




1


Alto es el trigal;
dorada la espiga
cerca de la mar.


Alta es la montaña.
Cerca de las nieves
más abajo es el trigo,
la espiga más verde.


Floreciendo está
arriba y abajo
la carne del pan.


¡Pronto, pronto, segador:
levántate y siega,
que más lucen los trigos
sobre las eras!


2


Ya se acerca el sol.
La espiga madura
se inclina a su ardor.


¡Corten las cuchillas
sus dorados tallos


antes que las aguas
descubran sus granos!


¡Ya viene el sudor!
¡Ya brilla en la frente
del buen labrador!


¡Pronto, pronto, segador,
levántate y siega,
que más lucen los trigos
sobre las eras!


3


¡Que las segadoras
corten más deprisa
el trigo en su aurora!


¡Ya anuncian las parvas
la buena cosecha!
El trigo en montones
cantan por las eras.


Pronto, a recogerlo,
que el campo es peligroso
para el trigo seco.


¡Pronto, pronto segador,
levántate y siega


más lucirán los trigos
sobre las eras!


4


Cante el labrador.
Cante al mediodía
cuando quema el sol.


Cante a la alborada
el trigo en rocío.
Cante a media noche
el trigal dormido.


Cante el labrador
y encienda el trabajo
la flor del sudor.


¡Pronto, pronto segador,
levántate y siega
que más lucen los trigos
sobre las eras!


5


Entre las alambradas
florece el trigo.
-Preso el trigo está:
¿quién lo salvará?




-Como un mar, madre,
como el mar se mece
entre las alambradas
que mal lo prenden.


-Quién sembró la tierra
lejos de ella está.
-¡Corran las espigas
por irlo a buscar!


-Ay, madre, las espigas
¡cómo me duelen!
que entre espinas y llantos
sus granos crecen.


-Quién sembró la tierra
lejos de mi cuerpo-
-Ay, madre, entre alambradas
los trigos presos.


-Quién sembró mi cuerpo
lejos y en la guerra.
¡Cómo cerdean los trigos
sobre las eras!


-Madura el trigo solo,
yo abandonada.
(Sobre el trigo y mi cuerpo
las nubes altas).
Entre las alambradas
florece el trigo.
-Preso el trigo está:
¿quién lo salvará?


-A segar voy, madre,
las azucenas.
A segar las espigas
de mi tristeza.


-A segar voy, madre,
la blanca espiga.
(Lo que el amante siempre
coge la niña.)


-A la guerra se marchan
mis pensamientos,
pero quedan mis brazos
junto a mi pecho.


-Madre, mis azucenas
tengo cuajadas.
(Lo que el amante deja
la niña halla.)


-A segar voy, amante,
lo que tú siembras.
(Sobre los montes altos
el cañón suena.)
Entre las alambradas
florece el trigo...
Preso el trigo está:
¿quién lo salvará?


Emilio Prados.

jueves, 3 de julio de 2014

La voz a ti debida, versos 2047-88




A ti solo se llega por ti. 
Te espero.
Yo sí que sé dónde estoy,
mi ciudad, la calle, el nombre
por el que todos me llaman. 
Pero no sé donde estuve contigo.
Allí me llevaste tú. 
¿Cómo iba a aprender el camino
si yo no miraba a nada
más que a ti,
si el camino era tu andar y el final
fue cuando tú te paraste?
¿Qué más podía haber ya
que tú ofrecida, mirándome?
Pero ahora, 
¡qué desterrado, qué ausente
es estar donde uno está!
Espero, pasan los trenes, 
los azares, las miradas.
Me llevarían adonde
nunca he estado.
 Pero yo no quiero los cielos nuevos.
Yo quiero estar donde estuve.
Contigo, volver. 
¡Qué novedad tan inmensa
eso, volver otra vez,
repetir lo nunca igual
de aquel asombro infinito!
Y mientras no vengas tú
yo me quedaré en la orilla
de los vuelos, de los sueños,
de las estelas, inmóvil.
Porque sé que adonde estuve
ni alas, ni ruedas, ni velas lleva.
Todas van extraviadas.
Porque sé que adonde estuve sólo 
se va contigo,
por ti. 

Pedro Salinas.

miércoles, 2 de julio de 2014

Aquel sosiego.



¡Aquel sosiego! ¡
Todo sin premura
y libre en sus quietudes del cuidado
y del afán; el cuerpo bien hallado
y el alma, ya radiante de ventura,

suspensa en sí y meciéndose en la altura
de un momento de gloria bien logrado!
Así viví ese instante, ya pasado,
que me prendió en la luz de su hermosura.

¡Aquel sosiego!
Un punto que fulgura en mi existir 
brumoso y abrumado.

Lo demás es delirio, calentura,
dolor, fatiga, amor, horror, forzado
contender, y este huelgo, sin holgura,
con que respiro el aire que he aspirado.



Juan José Domenchina.

martes, 1 de julio de 2014

Junto al arroyo




Amanecer.
Caudal del sueño,
lluvia del estío:
¿adónde va
la nube en que has nacido?

Eco del bosque,
corazón del viento:
¿dónde a voz
que te dejó en el cielo?

Rumor el agua
entre los tallos débiles:
¿adónde va
el frescor de tu corriente?

Cuerpo fugaz del hombre,
esbelto junco:
¿dónde olvidó tu sombra
su desnudo?

Belleza, soledad.
contemplación callada:
¿dónde el aroma fiel
de tu palabra?...

- La voz de Dios
resuena contra el tiempo...-
¿Dónde, el amor,
oculta su misterio?

Emilio Prados.

lunes, 30 de junio de 2014

Aquí estamos.




Nada está sujeto a los ojos para siempre
Nada tiene lazos de leyenda a través del murmullo
Sólo tu sombra da el destino y despierta la caverna
Tu lumbre que suspira a modo de subir
Entregándose entera en su esperanza
Como chispa confiada y como signo de su hondura

Volvamos al principio sin conclusión alguna
En virginal salida de la piel vidente
Sin suceso del día ni del año sino largo memorial
De la raíz a la más alta punta
Con los dedos crecidos por el viento
Y el terror de los anuncios obscuros regalados
Humildemente regalados como semillas a la madre
Así el barco buscado por sus aguas
Ha de reconocer los fluidos de su acento
Y será reconocido por las puertas hermanas

La idea es nacimiento y sepulcro de grandes alas
Es vuelo general es huñida de células y huesos
En árbol repentino sin recuerdo aparente
Es un río asomado a su balcón
En el ir y venir de rincones incógnitos
Entre cabezas y corazones asustados por su modo de ser
Infinito alarido por el tiempo enseñado
Con tanta muerte adentro que es cúspide de vida
Interminable océano sacrificado a la noche
Y noche sacrificada al sol que no la espera.



Vicente Huidobro.

viernes, 27 de junio de 2014

Al color.




Al color, a ti, sonoro, puro, quieto, blando, 
incalculable al mar de la paleta, 
por quien la neta luz, la sombra neta 
en su trasmutación pasan soñando. 


A ti, por quien la vida combinando 
color y color busca ser concreta; 
metamorfosis de la forma, meta 
del paisaje tranquilo o caminando. 


A ti, armónica lengua, cielo abierto, 
descompasado dios, orden, concierto, 
raudo relieve, lisa investidura. 


Los posibles en ti nunca se acaban. 
Las materias sin términos te alaban. 
A ti, gloria y pasión de la Pintura.



Rafael Alberti.

jueves, 26 de junio de 2014

Se levantan los muertos.




Acusación


Se levantan lo muertos; respetad a la sombra.
Si la Muerte se erige como fiel del combate,
que los paños solemnes del silencio lo cubran,
que suspendan las armas su voz en la tormenta.


Se levantan los muertos; respetad su pisada.
Los árboles sujetan al otoño en sus hojas;
las ciudades ocultan su dolor y ruinas;
se detienen las bestias al borde de sus pulsos.


Los muertos se levantan.


Escuchad a la Muerte, que es su voz la que rige;
su voz severa y dulce sobre el mundo se para.
Escuchad a la Muerte y a su pesado llanto.
Mirad la Tierra; gime la sangre de sus ríos.


Aun si vuestra mirada desconoce la vida;
si la nube no ocurre, ni el cielo en vuestras horas;
si en vuestra piel el barro aun no presiente el bosque,
ni el desierto os inflama desolado en sus tumbas:


Escuchad a la Muerte.


Temed su voz, potencia de acusaciones últimas;
su voz largo sudario de humedad y desprecio:
como el alto bramido de un viento amenazante
avanza hacia vosotros sobre vuestras trincheras.


No ocultad vuestros ojos, que ya ni el sueño habita.
Si aun la conciencia brilla la luz que no depone,
vuestras armas tendidas se doblarán, inútiles:
la verdad no es despojo que se olvide la Muerte.


Avanzan nuestros muertos.


Sus altísimas sombras forman ya multitudes;
como una muda selva de sombra y de gemido
lentos van, como el peso de las piedras que rinden
donde aún viven los cuerpos su abandono en la lluvia.


Inútil barricadas si la voluntad silba,
que una razón potente de entre el escombro emerge;
no hay sitio que se rinda si la Muerte ilumina,
coronando con héroes la acusación que cerca.


Temed a nuestro avance.


La multitud se aprieta detrás de la figura
que de frente hacia el Tiempo nuestro buque sustenta.
La multitud se agrupa; aún le cuelgan astillas
entre el pesado lodo del silencio en que hundieron.


Van junto a los mastines sin dueño de la guerra,
con los tristes harapos de los niños profundos,
los que al combate entraron desnudos todo el pecho,
y ahora los cruza el aire como a viejos castillos.


Aguardad nuestra entrada.


Quedaréis en la historia, por su papel tendidos,
como el labio infecundo de vuestra herida abierta;
no habrá alucinaciones que vuestra fiebre ilustren;
llegaréis a la nada sin voz por vuestro ejemplo.


Las fechas se presienten como inclina la fruta
la rama que halló el viento en flor bajo su carne.
Mirad; ya nuestra Muerte tan sólo tiene un ala:
una sola bandera dirige su cortejo.


Se levantan los muertos.
Detrás la vida sigue.
¡Preparad la batalla!


Madrid, diciembre de 1936.



Emilio Prados.

  Noche inicial Cerrada. Campo desnudo.  Sola la noche inerme.  El viento insinúa latidos sordos contra sus lienzos. La sombra a plomo ciñe ...