lunes, 28 de abril de 2014

Quiero dormir el sueño de las manzanas.




Quiero dormir el sueño de las manzanas
Alejarme del tumulto de los cementerios.
Quiero dormir el sueño de aquel niño
Que quería cortarse el corazón en alta mar.

No quiero que me repitan que los muertos no pierden la sangre;
Que la boca podrida sigue pidiendo agua.
No quiero enterarme de los martirios que da la hierba,
Ni de la luna con boca de serpiente
Que trabaja antes del amanecer.
Quiero dormir un rato,
Un rato, un minuto, un siglo;
Pero que todos sepan que no he muerto;
Que haya un establo de oro en mis labios;
Que soy un pequeño amigo del viento oeste;
Que soy la sombra inmensa de mis lágrimas.

Cúbreme por la aurora con un velo,
Porque me arrojará puñados de hormigas,
Y moja con agua dura mis zapatos
Para que resbale la pinza de su alacrán.

Porque quiero dormir el sueño de las manzanas
Para aprender un llanto que me limpie de tierra;
Porque quiero vivir con aquel niño oscuro
Que quería cortarse el corazón en alta mar.



Federico García Lorca.

viernes, 25 de abril de 2014

Unos Caballos.




Pelados, tristemente naturales,
en inmovilidad de largas crines desgarbadas, 
sumisos a confines abalanzados por los herbazales,
unos caballos hay. 
No dan señales de asombro,
pero van creciendo afines a la hierba.
Ni bridas ni trajines.
Se atienen a su paz: son vegetales.
Tanta acción de un destino acaba en alma.
Velan soñando sombras las pupilas, y asisten, 
contribuyen a la calma de los cielos
- si a todo ser cercanos, al cuadrúpedo ocultos -
las tranquilas orejas.
Ahí están: ya sobrehumanos.



Jorge Guillén.

miércoles, 23 de abril de 2014

Los Caminos de La Tarde.




Los caminos de la tarde
se hacen uno, con la noche.
Por él he de ir a ti.
amor que tanto te escondes.

Por él he de ir a ti,
como la luz de los montes,
como la brisa del mar,
como el olor de las flores.





Juan Ramón Jiménez.

martes, 22 de abril de 2014

Mariposa de la sierra.





A Juan Ramón Jiménez, por su libro Platero y yo.



¿No eres tú, mariposa,
el alma de estas sierras solitarias,
de sus barrancos hondos,
y de sus cumbres agrias?
Para que tú nacieras,
con su varita mágica
a las tormentas de la piedra, un día,
mandó callar un hada,
y encadenó los montes
para que tú volaras.
Anaranjada y negra,
morenita y dorada,
mariposa montés, sobre el romero
plegadas las alillas o, voltarias,
jugando con el sol, o sobre un rayo
de sol crucificadas.
¡Mariposa montés y campesina,
mariposa serrana,
nadie ha pintado tu color; tú vives
tu color y tus alas
en el aire, en el sol, sobre el romero,
tan libre, tan salada!...
Que Juan Ramón Jiménez
pulse por ti su lira franciscana.





miércoles, 16 de abril de 2014

Branquias quisiera tener...




Branquias quisiera tener
porque me quiero casar.
Mi novia vive en el mar
y nunca la puedo ver.

Madruguera, plantadora,
allá en los valles salinos.
¡Novia mía, labradora
de los huertos submarinos!

¡Yo nunca te podré ver
jardinera en tus jardines
albos del amanecer!




Rafael Alberti.

martes, 15 de abril de 2014

Versos 388 a 424 (La voz a ti debida)





Yo no necesito tiempo 
para saber cómo eres: 
conocerse es el relámpago. 
¿Quién te va a ti a conocer 
en lo que callas, o en esas 
palabras con que lo callas? 
El que te busque en la vida 
que estás viviendo, no sabe 
mas que alusiones de ti, 
pretextos donde te escondes. 
Ir siguiéndote hacia atrás 
en lo que tú has hecho, antes, 
sumar acción con sonrisa, 
años con nombres, será 
ir perdiéndote. Yo no. 
Te conocí en la tormenta. 
Te conocí, repentina, 
en ese desgarramiento 
brutal de tiniebla y luz, 
donde se revela el fondo 
que escapa al día y la noche. 
Te vi, me has visto, y ahora, 
desnuda ya del equívoco, 
de la historia, del pasado, 
tú, amazona en la centella, 
palpitante de recién 
llegada sin esperarte, 
eres tan antigua mía, 
te conozco tan de tiempo, 
que en tu amor cierro los ojos, 
y camino sin errar, 
a ciegas, sin pedir nada 
a esa luz lenta y segura 
con que se conocen letras 
y formas y se echan cuentas 
y se cree que se ve 
quién eres tú, mi invisible.



Pedro Salinas.

lunes, 14 de abril de 2014

El Tren.





Yo, para todo viaje 
 - siempre sobre la madera 
de mi vagón de tercera -, 
voy ligero de equipaje. 
Si es de noche, porque no 
acostumbro a dormir yo, 
y de día, por mirar 
los arbolitos pasar, 
yo nunca duermo en el tren, 
y, sin embargo, voy bien. 
¡Este placer de alejarse! 
Londres, Madrid, Ponferrada, 
tan lindos... para marcharse. 
Lo molesto es la llegada. 
Luego, el tren, al caminar, 
siempre nos hace soñar; 
y casi, casi olvidamos 
el jamelgo que montamos. 
¡Oh, el pollino 
que sabe bien el camino! 
¿Dónde estamos? 
¿Dónde todos nos bajamos? 
¡Frente a mí va una monjita 
tan bonita! 
Tiene esa expresión serena 
que a la pena 
da una esperanza infinita. 
Y yo pienso: Tú eres buena; 
porque diste tus amores 
a Jesús; porque no quieres 
ser madre de pecadores. 
Mas tú eres 
maternal, 
bendita entre las mujeres, 
madrecita virginal. 
Algo en tu rostro es divino 
bajo tus cofias de lino. 
Tus mejillas 
- esas rosas amarillas -
fueron rosadas, y, luego, 
ardió en tus entrañas fuego; 
y hoy, esposa de la Cruz, 
ya eres luz, y sólo luz... 
¡Todas las mujeres bellas 
fueran, como tú, doncellas 
en un convento a encerrarse!... 
¡Y la niña que yo quiero, 
ay, preferirá casarse 
con un mocito barbero! 
El tren camina y camina, 
y la máquina resuella, 
y tose con tos ferina. 
¡Vamos en una centella!





  Noche inicial Cerrada. Campo desnudo.  Sola la noche inerme.  El viento insinúa latidos sordos contra sus lienzos. La sombra a plomo ciñe ...