XXVII ...Las horas que limando están los días.. que royendo están los años..
lunes, 24 de junio de 2013
Como quien oye llover.
Como quien oye llover te pido que oigas mis versos: con atención tan profunda como se escucha el silencio. Como se escucha a los árboles cuando los menea el viento, Y caer, como hojas secas, las horas muertas del tiempo. Como el crepitar sonoro de las llamas en el fuego, y en los cielos el callado arder de los astros muertos. José Bergamín.
viernes, 21 de junio de 2013
Mientras haya.
Mientras haya
Alguna ventana abierta,
Ojos que vuelven del sueño,
Otra mañana que empieza.
Mar con olas trajineras
Mientras haya
Trajinantes de alegrías,
Llevándolas y trayéndolas.
Lino para la hilandera,
Árboles que se aventuren,
Mientras haya
Y viento para la vela.
Jazmín, clavel, azucena,
Donde están y donde no,
En los nombres que los mientan.
Mientras haya
Sombras que la sombra niegan,
Pruebas de luz, de que es luz
Todo el mundo, menos ellas.
Agua como se la quiera
Mientras haya;
Voluble por el arroyo,
Fidelísima en la alberca.
Tanta fronda en la sauceda,
Tanto pájaro en las ramas
Mientras haya;
Tanto canto en la oropéndola.
Un mediodía que acepta
Serenamente su sino
Que la tarde le revela.
Mientras haya
Quien entienda la hoja seca,
Falsa elegía, preludio
Distante a la primavera.
Colores que a sus ausencias
Mientras haya;
Siguiendo a la luz se marchan
Y siguiéndola regresan.
Diosas que pasan ligeras
Pero se dejan un alma
Mientras haya;
Señalada con sus huellas.
Memoria que le convenza
A esta tarde que se muere
De que nunca estará muerta.
Mientras haya
Trasluces en la tiniebla,
Claridades en secreto,
Noches que lo son apenas.
Susurros de estrella a estrella
Mientras haya;
Casiopea que pregunta
Y cisne que la contesta.
Tantas palabras que esperan,
Invenciones, clareando
Mientras haya;
Amanecer de poema.
Mientras haya
Lo que hubo ayer, lo que hay hoy,
Lo que venga.
Aquí, En esta orilla blanca Del lecho donde duermes, Estoy al borde mismo De tu sueño. Si diera Un paso más, caería En sus ondas, rompiéndolo Como un cristal. Me sube El calor de tu sueño Hasta el rostro. Tu hálito Te mide la andadura Del soñar: va despacio. Un soplo alterno, leve, Me entrega ese tesoro Exactamente: el ritmo De tu vivir soñando. Miro. Veo la estofa De que está hecho tu sueño. La tienes sobre el cuerpo Como coraza ingrávida. Te cerca de respeto. A tu virgen te vuelves Toda entera, desnuda, Cuando te vas al sueño. En la orilla se paran Las ansias y los besos: Esperan, ya sin prisa, A que abriendo los ojos Renuncies a tu ser Invulnerable. Busco Tu sueño. Con mi alma Doblada sobre ti Las miradas recorren, Traslúcida, tu carne Y apartan dulcemente Las señas corporales Por ver si hallan detrás Las formas de tu sueño. No lo encuentran. Y entonces Pienso en tu sueño. Quiero Descifrarlo. Las cifras No sirven, no es secreto. Es sueño y no misterio. Y de pronto, en el alto Silencio de la noche, Un soñar mío empieza Al borde de tu cuerpo; En él el tuyo siento. Tú dormida, yo en vela, Hacíamos lo mismo. No había qué buscar: Tu sueño era mi sueño.
Soy yo quien anda esta noche por mi cuarto, o el mendigo que rondaba mi jardín al caer la tarde...? Miro en torno y hallo que todo es lo mismo y no es lo mismo... la ventana estaba abierta? yo no me había dormido?
El jardín no estaba blanco de luna...? El cielo era limpio y azul... Y hay nubes y viento y el jardín está sombrío...
Creo que mi barba era negra... yo estaba vestido de gris... y mi barba es blanca y estoy enlutado... ¿Es mío este andar? tiene esta voz que ahora suena en mí, los ritmos de la voz que yo tenía? Soy yo...? O soy el mendigo que rondaba mi jardín al caer la tarde...? Miro en torno... Hay nubes y viento... El jardín está sombrío...
... Y voy y vengo... Es que yo no me había ya dormido? Mi barba está blanca... Y todo es lo mismo y no es lo mismo..
Sucede que me canso de ser hombre. Sucede que entro en las sastrerías y en los cines marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro navegando en un agua de origen y ceniza.
El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos. Sólo quiero un descanso de piedras o de lana, sólo quiero no ver establecimientos ni jardines, ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.
Sucede que me canso de mis pies y mis uñas y mi pelo y mi sombra. Sucede que me canso de ser hombre.
Sin embargo sería delicioso asustar a un notario con un lirio cortado o dar muerte a una monja con un golpe de oreja. Sería bello ir por las calles con un cuchillo verde y dando gritos hasta morir de frío.
No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas, vacilante, extendido, tiritando de sueño, hacia abajo, en las tripas mojadas de la tierra, absorbiendo y pensando, comiendo cada día.
No quiero para mí tantas desgracias. No quiero continuar de raíz y de tumba, de subterráneo solo, de bodega con muertos, aterido, muriéndome de pena.
Por eso el día lunes arde como el petróleo cuando me ve llegar con mi cara de cárcel, y aúlla en su transcurso como una rueda herida, y da pasos de sangre caliente hacia la noche.
Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas, a hospitales donde los huesos salen por la ventana, a ciertas zapaterías con olor a vinagre, a calles espantosas como grietas.
Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos colgando de las puertas de las casas que odio, hay dentaduras olvidadas en una cafetera, hay espejos que debieran haber llorado de vergüenza y espanto, hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.
Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos, con furia, con olvido, paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia, y patios donde hay ropas colgadas de un alambre: calzoncillos, toallas y camisas que lloran lentas lágrimas sucias.
Naranjo en maceta, ¡qué triste es tu suerte! Medrosas tiritan tus hojas menguadas. Naranjo en la corte, ¡qué pena da verte con tus naranjitas secas y arrugadas!.
Pobre limonero de fruto amarillo cual pomo pulido de pálida cera, ¡qué pena mirarte, mísero arbolillo criado en mezquino tonel de madera!
De los claros bosques de la Andalucía, ¿quién os trajo a esta castellana tierra que barren los vientos de la adusta sierra, hijos de los campos de la tierra mía?
¡Gloria de los huertos, árbol limonero, que enciendes los frutos de pálido oro, y alumbras del negro cipresal austero las quietas plegarias erguidas en coro;
y fresco naranjo del patio querido, del campo risueño y el huerto soñado, siempre en mi recuerdo maduro o florido de frondas y aromas y frutos cargado!