XXVII ...Las horas que limando están los días.. que royendo están los años..
martes, 16 de abril de 2013
Otra casa aventada.
También aquí me han aventado la casa. ¿No me dejaréis una siquiera de aquellas pocas de mis nacimientos para que alguien pueda, al fin, vivirme, renacerme, después que yo me muera?
¿Cómo saber dónde se nace al amor, a la vida? Fiebre de incubación: por ella supe que estabas otra vez naciendo.
Pero no me obliguéis a señalar: aquí fue. Ya que no me dejáis portal y nido, respetad mi leyenda. Imprecisión, polémica os pido. Gerardo Diego.
lunes, 15 de abril de 2013
Diré cómo nacisteis, placeres prohibidos...
Diré cómo nacisteis, placeres prohibidos, como nace un deseo sobre torres de espanto, amenazadores barrotes, hiel descolorida, noche petrificada a fuerza de puños, ante todos, incluso el más rebelde, apto solamente en la vida sin muros.
Corazas infranqueables, lanzas o puñales, todo es bueno si deforma un cuerpo; tu deseo es beber esas hojas lascivas o dormir en ese agua acariciadora. No importa; Ya declaran tu espíritu impuro.
No importa la pureza, los dones que un destino levantó hacia las aves con manos imperecederas; no importa la juventud, sueño más que hombre, la sonrisa tan noble, playa de seda bajo la tempestad de un régimen caído.
Placeres prohibidos, planetas terrenales, miembros de mármol con sabor de estío, jugo de esponjas abandonadas por el mar, flores de hierro, resonantes como el pecho de un hombre.
Soledades altivas, coronas derribadas, libertades memorables, manto de juventudes; quien insulta esos frutos, tinieblas en la lengua, es vil como un rey, como sombra de rey arrastrándose a los pies de la tierra para conseguir un trozo de vida.
No sabía los límites impuestos, límites de metal o papel, ya que el azar le hizo abrir los ojos bajo una luz tan alta, adonde no llegan realidades vacías, leyes hediondas, códigos, ratas de paisajes derruidos.
Extender entonces la mano es hallar una montaña que prohíbe, un bosque impenetrable que niega, un mar que traga adolescentes rebeldes.
Pero si la ira, el ultraje, el oprobio y la muerte, ávidos dientes sin carne todavía, amenazan abriendo sus torrentes, de otro lado vosotros, placeres prohibidos, bronce de orgullo, blasfemia que nada precipita, tendéis en una mano el misterio. Sabor que ninguna amargura corrompe, cielos, cielos relampagueantes que aniquilan.
Abajo estatuas anónimas, sombras de sombras, miseria, preceptos de niebla; una chispa de aquellos placeres brilla en la hora vengativa. su fulgor puede destruir vuestro mundo.
Siempre miro hacia atrás. Me gusta observar de nuevo cada uno de mis pasos recreando el camino que es solo mío, de nadie más.
Volteo con temor, sabiendo, encontraré de nuevo piedra y huecos, muros y cimas por escalar.
Veredas que se inclinan hacia arriba y hacia abajo que permiten fortalecer mi caminar A lo lejos veo los puentes y las arenas del mar.
Las bellas montañas rodeándome sin cambiar que poco a poco aprendí a disfrutar.
Me deleito cuando pongo mi mirada
en el verde resplandor de la pradera con mil flores colorando el panorama que agasaja mis pupilas con su magia hechicera y sorprende mis sentidos como si fuera la vez primera.
Los vientos helados y lluvias torrenciales me enseñaron lo que es la adversidad.
Sentimientos y emociones, amores y desamores, palabras, acciones recuerdos, olvidos, presentes. Ahí están.
Siempre miro hacia atrás.
Ahí me topo con el aroma del cielo y los sonidos de los días sin final. Las canciones y los versos los poemas y los cuentos que resuenan como gritos que no deseo olvidar.
Errores que costaron lágrimas y esa tristeza que siempre tuvo un buen final. Sentimientos rebasados cual lecciones obligadas en el arte de aprender a AMAR.
Como un viento que me eleva Y la briza que me lleva hasta verte aparecer en mi soñar. Como el brillo de una estrella alumbrando mi ladera aflorando de mí ser, la felicidad.
Siempre miro hacia atrás Vuelvo a ver los rostros de quienes caminaron conmigo para bien o para mal. Y no olvido, nunca olvido olvidar, es no haber existido jamás.
El camino, tuyo y mío/ mío y tuyo de pronto se volvió unidad transformando una visión similar Contigo, con ellos, con sonrisas y con versos, con los sueños que se hicieron realidad. Y, aquí están ellas, nuestras estrellas iniciando su camino individual.
Y nosotros, aun que miramos hacia atrás, nunca dejamos de contemplar la ruta que algún día habrá de terminar.
Sabiendo, sin dudar que en cada momento juntos tocamos el firmamento sin dejar de asumir y disfrutar nuestra propia y ansiada individualidad.
Todas las rosas son la misma rosa, amor, la única rosa. y todo queda contenido en ella, breve imagen del mundo, ¡amor!, la única rosa.
Rosa, la rosa... Pero aquella rosa... La primavera vuelve con la rosa grana, rosa amarilla, blanca, grana; y todos se embriagan con la rosa, la rosa igual a la otra rosa. ¿Igual es una rosa que otra rosa? ¿Todas las rosas son la misma rosa? Sí. Pero aquella rosa...
La rosa que se aísla en una mano, que se huele hasta el fondo de ella y uno, la rosa para el seno del amor, para la boca del amor y el alma, ...Y para el alma era aquella rosa que se escondía, dulce entre las rosas, y que una tarde ya no se vio más. ¿De qué amarillo aquella fresca rosa?
Todo, de rosa en rosa, loco vive, la luz, el ala, el aire, la honda y la mujer, y el hombre, y la mujer y el hombre. La rosa pende, bella y delicada, para todos, su cuerpo sin penumbra y sin secreto, a un tiempo lleno y suave, íntimo y evidente, ardiente y dulce. Esta rosa, esa rosa, la otra rosa... Sí. Pero aquella rosa...
¿Por qué, decidme, hacia los altos llanos, huye mi corazón de esta ribera, y en tierra labradora y marinera suspiro por los yermos castellanos? Nadie elige su amor. Llevome un día mi destino a los grises calvijares donde ahuyenta al caer la nieve fría las sombras de los muertos encinares. De aquel trozo de España, alto y roquero, hoy traigo a ti, Guadalquivir florido, una mata del áspero romero. Mi corazón está donde ha nacido, no a la vida, al amor, cerca del duero... ¡El muro blanco y el ciprés erguido! Antonio Machado.