
Ese mar, amarillo, ácido,
en donde un solo barco de bambú ofrece,
al coro de las islas invitadas
mercancías y en donde son bordados,
no con vida, peces y nadadores,
vio aquel día al sol astado con doce rayos gruesos,
prohibiendo enérgico a las aves
sus torpes vuelos femeninos.
Manuel Altolaguirre.