
Arco de aire, tu voz quedó un momento,
en su ascensión de lo profundo,
sobre el riel imaginado,
como un tren largo, jadeante,
solicitando mi presencia.
Y yo en la balaustrada reclinado
te vi, pesada, hundida para siempre, sin comprender
-distante, más pequeña, codiciosa de mí-
que en esta altura
extensiones diviso penetrante.
Manuel Altolaguirre.