lunes, 8 de enero de 2018

Las sombras.



No se mudan de sombra los laureles.
Desnudos por el sol, dejan caídas
hasta el sueño sus túnicas delgadas
y sin sacar los pies de ese ropaje
a vestírselo vuelven noche a noche.
Sobre el brillante césped extendidas
esas islas de sombras sólo esperan,
para alzarse a cubrir troncos y ramas,
que el sol se oculte tras el horizonte
o que las nubes lleguen, levantando
el hábito invisible hasta las copas.


Manuel Altolaguirre.

  Noche inicial Cerrada. Campo desnudo.  Sola la noche inerme.  El viento insinúa latidos sordos contra sus lienzos. La sombra a plomo ciñe ...