
1920
Las arañas
iban por los laureles.
La casualidad
se va tornando en nieve,
y los años dormidos
ya se atreven a clavar los telares del siempre.
La quietud hecha esfinge
se ríe de la Muerte que canta
melancólica en un grupo de lejanos cipreses.
La yedra de las gotas
tapiza las paredes
empapadas de arcaicos misereres.
¡Oh torre vieja!
Llora tus lágrimas mudéjares
sobre este grave patio
que no tiene fuente.
Las arañas
iban por los laureles.
Federico García Lorca.