
¿Fue como beso o llanto?
¿Nos hallamos con las manos,
buscándonos a tientas, con los gritos,
clamando, con las bocas
que el vacío besaban?
¿Fue un choque de materia y materia,
combate de pecho contra pecho,
que a fuerza de contactos
se convirtió en victoria
gozosa de los dos,
en prodigioso pacto de tu ser con mi ser enteros?
¿O tan sencillo fue,
tan sin esfuerzo,
como una luz
que se encuentra con otra luz,
y queda iluminado el mundo,
sin que nada se toque?
Ninguno lo sabemos.
Ni el dónde.
Aquí en las manos,
como las cicatrices,
allí, dentro del alma,
como un alma del alma,
pervive el prodigioso saber
que nos hallamos,
y que su dónde está
para siempre cerrado.
Ha sido tan hermoso
que no sufre memoria,
como sufren las fechas
los nombres o las líneas.
Nada en ese milagro
podría ser recuerdo:
porque el recuerdo
es la pena de sí mismo,
el dolor del tamaño del tiempo,
y todo fue eternidad: relámpago.
Si quieres recordarlo
no sirve el recordar.
Sólo vale vivir de cara
hacia ese dónde,
queriéndolo, buscándolo.
Pedro Salinas.