
Y era el demonio de mi sueño,
el ángel más hermoso.
brillaban como aceros los ojos victoriosos,
y las sangrientas llamas
de su antorcha alumbraron
la honda cripta del alma.
¿Vendrás conmigo?
No, jamás; las tumbas
y los muertos me espantan.
Pero la férrea mano
mi diestra atenazaba.
vendrás conmigo...
y avancé en mi sueño,
cegado por la roja luminaria.
y en la cripta sentí sonar cadenas,
y rebullir de fieras enjauladas.
Antonio Machado.